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- Escrito por Lianet Reyes Góngora
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Extremar medidas una y otra vez
Creo que “llueve sobre mojado” en el tema de extremar las medidas que protegen contra la Covid 19. Y digo “llueve sobre mojado” porque tanto desde los medios de comunicación, como desde varios organismos, por ejemplo, Salud Pública, se le ha prestado bastante interés a informar a la población las vías más efectivas para prevenir esta terrible enfermedad.
Sin embargo, es necesario seguir haciéndolo. Seguir “gastándonos” en relación con este importante tema que hoy, más que nunca se hace vital. Pero, ¿por qué? ¿Por qué seguir “lloviendo sobre mojado”, si está claro que, a la gran mayoría, parece no importarle? ¿La prueba? Mire no más la curva de contagios, que no estuviese tan elevada de no ser porque alguien dejó de hacer lo que le correspondía. Pero nos importa, y ahí está la razón de este comentario.
Hoy, nos parece idílico lograr aquellas cifras que en su momento fueron alarmantes, durante el primer brote de la enfermedad en nuestro país. ¿Cuántos no recuerdan aquellos tiempos que parecen tan lejanos, cuando caíamos en pánico si el Doctor Durán informaba más de 50, 60 o 70 casos? Y ¡cómo anhelamos hoy que sean esos números y no los que realmente se dan a conocer!
Pero ¿qué ha pasado? ¿Por qué llegamos a este punto? En primer lugar, la confianza depositada en la población en lo relacionado con el aislamiento domiciliario para los contactos de casos positivos sacó a la luz que no todos somos dignos de esa confianza. Y cuando todo parecía ir “viento en popa, y a toda vela”, las indisciplinas sociales mellaron esa confianza. De sobras son sabidos los ejemplos, que ya en varias ocasiones hemos dado a conocer por esta vía y me parece, no es necesario sacar nuevamente a la luz.
En segundo lugar, las aglomeraciones en colas, medios de transporte y el incumplimiento de todas las medidas de protección anti Covid, que muchísima gente ha violado en más de una ocasión.
Debo aclararle que, por ejemplo, en las colas, el problema no radica en la existencia de esta. Pueden estar, perfectamente, 200 personas a la espera de entrar a algún establecimiento, que mientras se guarde la distancia establecida, se use correctamente el nasobuco y la desinfección de las manos, todo está bien.
Pero el problema radica en que nos hemos dejado llevar por la ansiedad en muchas ocasiones y esta, ha vencido el instinto de supervivencia que debió seguir siendo número uno en nuestra lista de prioridades, pues de nada sirve tener un paquete de pollo en casa sin la salud necesaria para disfrutarlo.
Pero, ¿qué hacer? Quizás debiéramos “poner alarmas” en nuestros teléfonos (teniendo en cuenta que le damos especial atención a los mismos), para ver si de esta forma no se nos olvida cambiarnos el nasobuco cada cierto tiempo, desinfectar nuestras manos y las superficies de uso común, o evitar las aglomeraciones y guardar el distanciamiento físico.
En este sentido, a lo mejor debiéramos hablar con nuestros especialistas en programación informática y crear una aplicación que detecte cuando estamos usando el nasobuco de forma incorrecta, no nos desinfectamos las manos al llegar a casa, o nos acercamos a menos de metro y medio a otras personas en la calle.
Pero, fuera de la ironía, realmente, se ha perdido en gran medida la percepción de riego. El temor a este virus ha pasado a segundos, terceros e incluso últimos planos en nuestras vidas cotidianas. Y eso, es en extremo preocupante.
Porque no estamos hablando del catarro común. La patología a la que nos enfrentamos es en extremo contagiosa y le cuesta la vida hoy a miles de personas en todo el mundo, y por supuesto, también en nuestro país, tristemente, están sucumbiendo personas por esta enfermedad. Pero lo positivo es que, si cumplimos con las medidas de bioseguridad, podremos evitar el contagio.
Por eso, creo, que ha llegado la hora de ponernos en pie de lucha, y desde todos los ámbitos de la sociedad velar por el estricto cumplimiento de los protocolos sanitarios, sin dejar la confianza puesta totalmente en la conciencia de la población. Pero, como prioridad número uno ha de primar el deseo de cada cual de cuidar de su salud y la de quienes le rodean.
