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Por mi isla bella
La tierra donde nací es un bálsamo diseñado para curar y embellecer el alma, describí hace unos años a mi país en un poblado de la costa atlántica, justo por donde el más universal de los cubanos, José Martí, decidió entrar a la tierra del ketzal acompañado de su esposa. Era el año 2006 y Guatemala se nos presentaba como la eterna primavera , de grandes contrastes y volcanes por doquier.
Con encomiendas como corresponsal de la Televisión Cubana y caprichosamente empeñada en desentrañar los misterios mayas, al recorrer todos los departamentos de la centroamericana nación y entrevistar a los galenos cubanos de inmediato avisté la realidad de esos hombres y mujeres de diversidad étnica y de pensamiento distante al modernismo.
Crueldades múltiples, indígenas con atuendos disímiles, una capital que respira apariencia y enfoques de tertulias paralizados por los extremos, esos que a los cubanos asustan cuando a la distancia mi Isla bella es de nuevo referente de comparaciones y hechos extraordinarios.
Cada tema transcurre en su verdadera dimensión porque el destino trajo la letra y lo que soy, lo que fui y seré es para entonarlo con deseo, me comentaron unos holguineros, tal vez más cantores que esta periodista.
Por eso ahora cuando un equivocado o equivocada esgrime un criterio en Facebook recuerdo a Guatemala en su interior, en su desigualdad, en el rostro de los niños que acaricié, en el hombre que murió en plena calle en medio de un charco de sangre y ni un alma se atrevía siquiera a mirarle.
Nada es parecido a Cuba porque Cuba es de amor, de agradecimiento, de sueños, de rostros ganados con el sudor de muchos y nadie puede cuestionarle su don de isla atrevida y fiel, de isla de resistencia y coraje.
Ni los que se fueron en 1959 ni los a que después siguieron tras las mejoras económicas le oigo quejidos, no tienen el derecho a cuestionar el hacer intenso de la Isla en los siglos XX y XXI.
Muchos indignos , otros olvidadizos y resentidos no perdonaron a la Patria, no se por qué, esos no disfrutaron del bálsamos que cura y embellece el alma como muchos de mi generación.
De las elecciones, de Raúl si condecora a sus compañeros de siempre, de tanto y tanto blasfemar que detrás en manto deshonesto cubre las frases incoloras de los malos cubanos.
Y no me ciego y analizo y descubro algún lunar , pero ninguno convierte mis días en una pesadilla. Al contrario, me siento cada vez más cubana y agradecida.
Por mi isla bella continuo aquí. Por mi isla bella disfruto la tierra donde nací como lo mejor que me pudo pasar.
