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Tradiciones

  • Escrito por Yanelis Martínez González
  • Categoría: Tradiciones
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Mujeres que dialogan con el tiempo

En Cuba hablar de meteorología hace que de inmediato se piense en el Dr. José Rubiera, por su talento y las tantas horas de desvelo cuando se aproxima un huracán. Sin embargo, muchos son los hombres y mujeres que de forma casi anónima guardan la retaguardia tras computadoras e instrumentos de medición de las variables meteorológicas.

La Jíquima, en el más occidental de los municipios holguineros, Calixto García, es un poblado ubicado a unos diez kilómetros de la carretera central. Allí un pequeño inmueble recibe al visitante desde un jardín arreglado con sumo cuidado y en el que las rosas decoran el paisaje. Solo la presencia de determinados “aparatos” y equipos ponen al visitante sobre aviso de que no se trata de una morada común y corriente.

En la Estación Meteorológica de La Jíquima laboran solo siete personas, de ellas seis mujeres. El único hombre es el jefe, quien se hace acompañar de cuatro observadoras meteorológicas, la observadora revisora, y la especialista en agrometeorología. De ahí al ambiente familiar, casi doméstico que se respira pero que al mismo tiempo representa un reto y un sacrificio diario.

Cuando llegué las ondas de Radio Reloj invadían las cercanías, mientras una mujer algo distante se ocupaba de una serie de instrumentos entre los que pude reconocer una veleta y un pluviómetro. Al advertir mi presencia salió a mi encuentro transportando en una mano un cubo y en la otra el jarro.

Era Mirna Paneque, una de las observadoras de la estación desde hace trece años y que realizaba las últimas acciones de su guardia de 24 horas. Desde el día anterior a las nueve de la mañana se encontraba en la estación. Tras saludarme sigue su recorrido hacia la oficina. Se vuelve risueña y dice como para evitar la pregunta: “yo cuento mucho con el apoyo de mi familia, de mi esposo, de mi mamá, que me ayudan, porque tengo que permanecer aquí, no puedo ir a mi casa hasta el otro día. Tengo que dejarlo todo y gracias a ese apoyo que ellos me brindan es que puedo cumplir con mi horario laboral”.  

Me invita a sentarme y me dice que sus compañeras deben estar al llegar, que siempre llegan sobre las 8:30 a.m., aclaración que yo no entendí muy bien pues mi reloj apuntaba ya casi las nueve.

Decidí aprovechar la espera para conocer mejor ese mundo. Al interrogarla sobre su quehacer me dijo que ellas registran el comportamiento de las variables meteorológicas: humedad relativa, velocidad y dirección de los vientos, precipitaciones, dirección de las nubes, etc., etc.
Al querer saber sobre la repercusión en el plano personal me contó que “es muy gratificante, nos obliga a aprender constantemente y a ampliar nuestros conocimientos. Cuando hay algún evento le damos seguimientos y esas variables que nosotros informamos al centro meteorológico, tanto provincial como nacional, le sirven para hacer un mejor pronóstico.

“Sé que por medio de mi trabajo y mis conocimiento puedo aclarar dudas a las personas sobre las cosas que nos preguntan y eso te llena de regocijo pues te sientes una persona útil ante la comunidad”.

Como el tiempo pasaba y sus compañeras no llegaban decidí apreciar sus rosas. Entonces Mirna se me acerca y me dice que Odalys, la que atiende la parte de agrometeorología debe estar al llegar porque acaba de entrar a una plantación de plátano a la que ella le brinda asesoría. Y efectivamente, en unos minutos una mujer trigueña llega. La persigo pensando que es Odalys, pero se trata de una tocaya mía, quien además se desempeña como observadora supervisora y aprovechándome de eso por ahí mismo comencé el diálogo.

Así supe que lo que para mí era un disloque total en materia horaria se debe a que los equipos con los que se realizan las mediciones están calibrados en el horario normal, mientras para nosotros en estos momentos estamos en horario de verano. O sea, sus vidas, su cotidianidad se encuentra una hora adelantada con respecto a sus instrumentos, sin que esto quiera decir que estos están defectuosos o en mal estado.

Desde la óptica aportada por la experiencia de más de dos décadas de trabajo Yanelis Gómez, esta mujer observadora revisora, asegura que “es un trabajo muy difícil por el nivel de seguimiento frecuente que exigen las variables meteorológicas, a lo que se suma el hecho de ser mujeres casadas y con hijos. Además, en temporada ciclónica, cuando existe amenaza de algún huracán, debemos abandonar nuestros hogares, nuestras familias, para venir hasta aquí a cumplir con nuestra responsabilidad”.

Y Mirna vuelve a decir que ya Odalys debe estar al llegar, le cuenta a Yanelis lo que hace un rato me dijo a mí y esta agrega “a lo mejor fue a ver también el tomate que está por la presa y la vega de tabaco de la cooperativa, como ella trabaja con productores, empresas, cooperativas y el lunes va para Las Tunas por el proyecto”.

Mi tocaya, como para entretenerme y que no sienta el paso del tiempo o de los tiempos, de un lugar donde se vive con dualidad horaria me ofrece un tour por la estación y me enseña los instrumentos de medición, más allá de la veleta que nos enseñaron en la escuela y que tienen nombres difíciles de recordar.

Se acaba el recorrido y vuelvo al patio. Después de unos minutos veo venir una mujer con paso suave, me pregunto si será ella. La veo dirigirse hacia la puerta y le pregunto:

-¿Usted es Odalys?

-Sí-me contesta.

-La estaba esperando, le digo

-Déjeme lavarme las manos y enseguida la atiendo

Ni corta ni perezosa me permite que saque mi grabadora y la asalté a preguntas. Es una mujer sencilla pero muy conversadora, como me habían advertido sus compañeras. Entonces aprovecho para conocer sobre el trabajo de Odalys Rodríguez, la observadora agrometeorológica y su vínculo con los campesinos, en un territorio eminentemente agrícola.

“Debo recopilar todos los cultivos aledaños a la estación y crear el plan de observaciones. Actualmente son 15 productores insertados en la red de estaciones y esperamos que se incorporen otros. Nosotros los asesoramos con observaciones fenológicas de los cultivos, los daños que presentan por causa de plagas, enfermedades, eventos meteorológicos, asesoría técnica en cuanto a las aplicaciones que se le debe hacer, estrategias para enfrentar la sequía y cómo utilizar racionalmente el agua, no solo para no dañar la siembra, sino también para aprovecharla. También le ofrecemos información sobre las precipitaciones, el comportamiento de las campañas de frío o primavera, en dependencia, así como las épocas más recomendables para la siembra. Además es una retroalimentación constante pues es mucha la experiencia de los campesinos en tantos años de trabajo”.

Y como desde hace rato lo habían mencionado no puedo evitar inquirir en el proyecto que la hace trasladarse a Las Tunas. “Es un proyecto extendido que busca el estudio del comportamiento de la sequía. Inicialmente se centra en cuatro cultivos de aquí: tomate, pepino, col y frijol. Se desarrolla por etapas y en cada una se desarrollan una serie de acciones. Al final de la campaña se comunica al productor el comportamiento del cultivo. Se han presentado trabajos de fórum y nuestra estación ha salido como el primer lugar a nivel nacional”.

Entonces me dice que todos esos datos se llevan en la Vitrina del tiempo y como la referencia más cercana es la de mi abuela, Odalys me muestra un mural enorme con muchos datos y variables. Me señala el comportamiento fenológico de los cultivos, “para conocimiento de la población y estudiantes, pues tenemos convenio con el Centro Politécnico René Oreste Reyné”.

Sobre una mesa hay un aparato enorme, lo miro curiosa y ella agrega “es para realizar muestreos del suelo, para conocer el nivel de humedad, lo que ayuda a tener una idea de la sequía”.

Podría seguir horas conversando con estas mujeres pero ya me hacen señas de que debo regresar. Pese a todos los sacrificios de estas féminas aseguran que aman el trabajo que realizan, pues “es algo maravilloso”. Y debe ser así pues si bien ellas no pueden detener el tiempo y a mí se me ha ido volando, de alguna forma, casi mágica, logran seducirlo.

  • Escrito por Bernardo Cabrera
  • Categoría: Tradiciones
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Por qué tienen nombre los ciclones

Con el inicio de la temporada ciclónica el primero de junio en el océano Atlántico, el mar Caribe y el golfo de México, se alistan todos los sistemas en Cuba, en función de salvaguardar las vidas humanas y preservar los bienes materiales de la población y los organismos del Estado.

Nombres como Flora, Ike, Sandy, Irma o Matthew están grabados en el recuerdo de los pobladores de la Mayor de las Antillas por las afectaciones que ocasionaron. Pero, ¿por qué tienen nombre los ciclones y de dónde provienen estos?
El meteorólogo holguinero Alejandro Rodríguez Góngora afirma que “con anterioridad a 1950 los ciclones tropicales se titulaban con el nombre del santoral católico del día del año en que afectaban un lugar”.

A partir de 1950 y hasta 1952 la Aviación Civil norteamericana les aplica los nombres de su alfabeto fonético y desde la temporada de 1953 el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos crea un listado para las tormentas o ciclones tropicales, con el fin de identificar cada sistema en el orden en que surgían y evitar confusiones históricas.

En esa época se emplearon apelativos femeninos para denominar a los fenómenos meteorológicos, pero esto generó múltiples protestas por parte de las organizaciones feministas y en 1979 se decide intercalar nombres de mujeres y hombres para evitar el desequilibro de género.

Desde entonces se establecen listas en orden alfabético alternando nombres de ambos géneros en bloques que se reciclan cada seis años. En esta distribución se excluyen las letras Q, U, X, Y y Z, pues son pocos los nombres que comienzan con ellas.

El listado para la siguiente temporada se prepara con un año de antelación, usando nombres en inglés, español y francés y es actualizado por la Organización Meteorológica Mundial, adscrita a la Organización de las Naciones Unidas.

Los nombres de los huracanes que hayan causado mucho daño se retiran del listado, como es el caso de Katrina, George o Sandy, que en esta temporada es sustituido por Sara debido a los destrozos que dejó a su paso en el año 2012.

Un estudio realizado por la Universidad estadounidense de Illinois en 2014 reflejó como dato curioso que ocurre una mayor cantidad de muertes durante el paso de huracanes con nombres femeninos que masculinos.

La investigación analizó las cifras de víctimas causadas por huracanes en Estados Unidos durante los últimos años y demostró que había fallecido el doble de personas en los huracanes con nombres de mujer, debido a que la ciudadanía lo tomaba menos en serio.

Para el 2018 los nombres de huracanes según su orden en el Atlántico comienzan con Alberto, que afectó a la región central y occidental de nuestro país hace unos días, y le siguen Beryl, Chris, Debby, Ernesto, Florence, Gordon, Helene, Isaac, Joyce, Kirt, Leslie, Michael, Nadine, Oscar, Patty, Rafael, Sara, Tony, Valerie y William.

  • Escrito por Eva María Torres
  • Categoría: Tradiciones
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El arte de tejer

La historia del tejido de punto es muy difícil de reconstruir en la medida en que las muestras de tejido, rara vez han podido resistir el paso del tiempo.

Es así, como se le reconocen al tejido a dos agujas, orígenes tan antiguos como imprecisos.

Es por ello que hay muy pocas muestras primitivas, por lo que no sabemos a ciencia cierta dónde comienza este gran arte.

Se encontraron mocasines hechos con punto dos agujas en las tumbas de romanos hacia entre el 900 a.C. y 600 a.C. y de las pocas piezas encontradas en esa época su elaboración es muy complicada con insuperable habilidad y perfección.

Aunque después estas prendas fueron observadas con detenimiento y vieron que están hechas con hebras entretejidas entre sí y cosidas con aguja de coser.

En el famoso Retablo de Bexterhude en el Kunsthalle de Hamburgo, el Maestro Bertram muestra a la Virgen Calcetando, con cinco agujas, un jersey para el niño Jesús quien está leyendo o estudiando a su lado derecho.

En la "Odisea de Homero" cuenta la historia que Penélope tejía de día y destejía por la noche una mortaja para su suegro, otros dicen que era un vestido de novia, mientras esperaba a Ulises. Entendemos que sería de punto porque si hubiera sido en telar no lo podía haber destejido con tanta facilidad.


  • Escrito por Aileen Infante Vigil
  • Categoría: Tradiciones
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Colores de cabello junto a cortes de ayer y hoy

Fue en una revista extranjera donde el hermano de Yosbel Hernández del Barrio, de 19 años, vio el corte de cabello que ambos lucen desde hace ya varias semanas. Quería «estar a la moda» y «cambiar su look».

Solicitaron entonces una tonsura que dejara bien corto el cabello por los lados de la cabeza y más largo en el centro, para poder peinarlo hacia arriba y adentro. Esto, unido al color amarillo que les aplicaron para resaltarlo, les permitió, como ellos deseaban, actualizar su aspecto.

Camila Rodríguez López, estudiante de preuniversitario, de 16 años, hizo una búsqueda en la red de redes antes de decidirse a modificar su imagen. Siempre le gustó experimentar siguiendo las tendencias en materia de peinado. Por eso, durante su última visita a la peluquería solicitó que le hicieran un corte recto por encima de los hombros, onda bob (con las puntas hacia adentro) y un tratamiento para alisarlo. Estos muchachos comentan a JR que han abrazado tendencias de la moda que por estos días se mueven entre los jóvenes.

 Muy poco sabe Miguel González González de estos temas, pero no le gusta «quedarse atrás». Cuando en diciembre pasado visitó a su estilista le pidió que «actualizara su imagen» y lo dejó hacer. El resultado es un llamativo peinado elevado arriba, rebajado en los costados y con una marcada raya que delimita ambas áreas. Además, el especialista le agregó a la parte más alta un tono azul que le ha servido al joven de 31 años para sobresalir entre los promotores de restaurantes del callejón del Chorro, en la capitalina Plaza de la Catedral.

 Sin importar el lugar de origen, que los especialistas ubican en Europa, la modernidad retoma estilos y peinados muy similares a piezas clásicas de la barbería, explicó Aleida Benítez Fuentes, peluquera en el salón Reflejos, de la habanera barriada del Vedado, quien refirió además, que existen otros tantos estilos de cortes de cabello mundialmente famosos que los cubanos han adaptado a su gusto, posibilidades, características físicas y climáticas.

Entre los mencionados por la también profesora de Barbería de estilo y Peluquería destacan: el sicópata (completamente rapado a ambos lados, con el pelo más largo, peinado hacia arriba y en ascenso de atrás hacia adelante), la mofeta (peinado hacia un lado con el cabello del centro más ondulado) y el copete (bien corto a ambos lados, más largo en el centro y peinado hacia arriba y adentro).

Diana Mascarell Marcos, de 28 años, una de las estudiantes de peluquería en la escuela de barbería, peluquería y cantina del proyecto comunitario Arte Corte, del capitalino barrio del Santo Ángel, en La Habana Vieja, agregó que en el caso de las mujeres sobresalen los cortes rectos, tanto en cabellos largos como medianos, aunque también se aprecia un retorno a los cortes más bajos y con flequillo, que mucho ayudan a sobrellevar el calor del trópico. E incluso, dice, la combinación de varios tipos de cortes, como los rasurados solo a un costado o en una pequeña sección de la cabeza combinados con otros cortes.

En torno a la tipología más demandada, sobre todo por la juventud, su compañera Nayli Guilarte García, de 18 años, apuntó que la tendencia en nuestro país es a llevar el cabello muy lacio o muy rizado, tanto en hombres como en mujeres, aun cuando algunas revistas internacionales siguen destacando algunas tipologías de ondas, principalmente las más grandes que dan un estilo más natural.

«Si bien las modas varían de acuerdo con la región, el país, la edad y hasta la genética, existe una tendencia a la búsqueda de lo natural, tanto en el corte, en el peinado, como en los productos que se utilizan para alcanzar determinados efectos, y en la colorimetría», apuntó Benítez Fuentes.

De ahí la necesidad de velar por la composición química de todos los productos que utilicemos, como el caso de la tan popular queratina, erróneamente utilizada para alisar el cabello cuando en realidad es un reconstituyente capilar. Yadira Méndez Montoya, de 35 años, y técnico medio en Química Industrial, subrayó la necesidad de que las personas concienticen la importancia de utilizar marcas libres de formaldehídos, los que en altas dosis y frecuencias de uso pueden ocasionar, incluso, envenenamiento por vía sanguínea.

«Existen otros productos que ya se comercializan en el país que no contienen este ingrediente, demuestran resultados similares y no son dañinos para la salud del cliente ni del especialista que los aplica», agregó.

Sobre cómo los llamados colores fantasía también se han apropiado de nuestras calles sin distinción de edad ni sexo —aunque la mayoría de los entrevistados advierten una tendencia cada vez más creciente entre el sexo masculino—, conversamos con Gilberto Valladares Reina, «Papito», director del Proyecto comunitario Arte Corte.

Según explicó, estos tonos tienen su origen en la región europea, y actualmente se comercializan tanto en formato de tintes como en espray, con la diferencia de que el primero tiene una permanencia de aproximadamente un mes y el segundo se cae apenas nos lavamos el cabello. Además, hay que tener muy presente que muchos de ellos están enfocados en clientes de un clima y una composición genética muy diferente a la nuestra, lo que puede atentar contra la permanencia y calidad del producto a la hora de utilizarlo en Cuba.

Entre los colores que con más frecuencia le piden al joven Rigoberto Lamyser Ferrera, en su Barbería Rigo, en La Habana Vieja, resaltan el amarillo, el azul y el rosado, aunque por la calle abundan tonalidades de violeta, naranja y verde fosforescente o neón. Igualmente, Rigoberto señala que cada vez son más los hombres que solicitan este tipo de trabajos de color para matizar, incluso, barbas, cejas y bigotes, con lo que se deben extremar las medidas de seguridad porque no es lo mismo aplicar este tipo de sustancias en el cuero cabelludo que en la piel de la cara.

En todos los casos, este joven de apenas 28 años les explica a sus clientes la composición del producto y las maneras más adecuadas de proteger el cabello tras la aplicación de estos colores que en su mayoría requieren una decoloración previa. «Es bueno estar a la moda, pero más importante aún es velar por nuestra salud y la de nuestros clientes».

  • Escrito por Beatríz Galbán Álvarez
  • Categoría: Tradiciones
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De orilla a orilla en cayuca por el Sagua

En el periodismo la vida es de tanta riqueza espiritual que cuando miramos hacia los años de profesión dejados atrás sabemos de la dulzura de un oficio ganado como el más puro y definitivo amor.

Así lo he pensado muchas veces en estos 30 años de ajetreo en la televisora a la que llegué con 22 años en la década de los 80.

En la tarde del lunes 17 de julio otra vez hilvané ideas de porqué caminábamos por la ribera del río Sagua, en el municipio holguinero que da nombre al cauce temido por sus crecidas.

Mayelín, instructora de arte, nos acompañó en su travesía durante casi una hora para de repente encontrarnos ante Héctor Miguel, Céspedes por más señas, un joven  decidido desde hace cinco años a trasladar personas a bordo de su cayuca por  diferentes puntos de la geografía sagüera en el corazón de las montañas del Plan Turquino holguinero, en el oriente de la isla de Cuba.

Héctor es un guajiro determinado a remar hasta el cansancio, presto a cruzar una y otra vez el río Sagua para en la noche contar a los suyos las historias del día.

La cayuca es un bote gastado por el tiempo, premiado como él dice por la sabiduría de la abuela la que siempre vaticinó sería un chofer, pero, mire periodista nunca dijo qué tipo de transporte me tocaría conducir.

Ahora Héctor Miguel recuerda a la abuela. Una voz pausada escuchamos. Los ojos se humedecen y sus palabras quedan en medio de cada remada y por la entrevista que le arrebátamos.

Claro que detrás de la cayuca partimos, sin miramientos, sin temor a un percance. Y ese es el periodismo. Nada nos detuvo.

Sentir las emociones junto a Héctor Miguel y los cientos de sagüeros que viajan a bordo de su bote todos los días nos devuelve mejores seres humanos, determinados a protagonizar una nueva historia en la vida y ni el Sol, ni los kilómetros recorridos para encontrar La Margarita, el lugar del abordaje, impidió que escribiéramos y realizáramos el reportaje y lo compartiéramos con televidentes e internautas.

Cuando la lluvia cae por la zona de Guantánamo, las aguas del Sagua son turbias y Héctor se debe a mayor cautela porque el río es peligroso, nadie lo duda y él ha servido hasta de psicólogos cuando traslada a pasajeros nerviosos o aquejados de alguna dolencia.

El entorno armoniza para bien de todo el equipo. El sonido de las aves, una rana a lo lejos, el río majestuoso y sereno es pintura de la realidad y la naturaleza y el hombre como protagonistas.

Alguien solicita del otro lado del río la cayuca y Héctor nos deja para que sigamos tras nuevas historias y el desanda el cauce animado por los vaticinios de  la abuela que desde algún sitio le alienta y lo observa en su embarcación por el  río Sagua.