- Categoría: Holguín
- Escrito por Liudmila Peña Herrera
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La ortografía de un campeón
El camagüeyano Miguel Antonio García Medina, natural del municipio de Florida y estudiante del IPU República Bolivariana de Venezuela, se coronó campeón del Concurso Nacional de Ortografía, que durante tres días tuvo por sede al IPVCE José Martí, de Holguín.
La presea plateada fue a manos de la santiaguera y el metal bronceado quedó en casa, gracias al desempeño de la holguinera Melisa María Fat Tamayo, del IPVCE José Martí.
Aunque la calidad de los 13 competidores de casi todo el país –faltaron Mayabeque, Artemisa y Villa Clara– no dejaba margen a demasiadas predicciones, no pocos entrenadores de otras provincias señalaban como favorito a Miguel Antonio, por la rapidez con que reaccionaba a los dictados durante los entrenamientos y los aciertos ante palabras tan inusuales en el habla cotidiana como visillo, favela, yacaré, dehesa, azuzar, moho, bagaje…
El estudiante de 12mo. grado confesó a sus colegas que pretende estudiar Medicina, y aseguró que no hay secretos detrás de una victoria limpia de errores como esta. La clave está en «buscar fuentes alternativas», declaró.
«Desde 10mo. grado he estado estudiando los diccionarios generales, los de sinónimos y antónimos, el Grijalbo… porque se trata de conocer la mayor cantidad de palabras del idioma, para poder hablarlo bien y hacer un uso correcto de este. Además, me gusta mucho leer cualquier tipo de género de literario. Eso es esencial».
Aunque puede parecer que a un fanático del idioma como él son pocos los términos que pueden sorprenderlo, Miguel Antonio reveló que la primera vez que escuchó la palabra pábulo, quedó confundido, pero hoy puede explicar hasta su significado: «se refiere a un alimento necesario para vivir».
El evento, de carácter anual, donde participan solamente estudiantes de 12mo. grado –desde el nivel municipal hasta el nacional– persigue incentivar la buena ortografía, a través del dictado de palabras y oraciones, según explicó Yaumara García Rafael, metodóloga nacional (en funciones) de Español Literatura.
A través de un software informático conocido como «El Preparador», los estudiantes ejercitan sus conocimientos y habilidades con relación a la ortografía, pues cuenta con más de cuatro mil palabras de diferentes niveles de complejidad. Luego, durante la competencia, en varias rondas eliminatorias se realizan dictados de palabras y sus significados.
Los metodólogos y entrenadores de las provincias participantes coincidieron en que, además de incentivar el conocimiento de la lengua materna y los hábitos de lectura, la competencia deviene excelente forma de preparación para los exámenes de ingreso a la educación superior, por constituir la ortografía uno de los requisitos de evaluación en todas las asignaturas.
Así lo advirtió María Elena Limonta, metodóloga de Español Literatura, de Guantánamo: «El estudiante crece en su campo lingüístico, dentro del contexto en que se encuentra, porque conoce palabras que no son usuales».
Estas razones justifican entonces los cuestionamientos de los docentes sobre las dificultades que enfrentaron este año los participantes para asistir al evento, pues no hubo disponibilidad de un transporte colectivo que facilitara su traslado hacia esta provincia.
Por otro lado, profesores como la holguinera Lucy Maldonado defienden el criterio de que el ganador podría ser premiado con la carrera de su preferencia, siempre que no lleve requisitos adicionales (pruebas de aptitud), sobre todo teniendo en cuenta que, a diferencia de años atrás, Cuba no participa hoy en la Olimpiada Internacional de Ortografía, posibilidad que ofrecía mayores incentivos para los educandos de esta enseñanza.
Aun cuando concursantes y profesores calificaron el certamen de exitoso, sobre todo porque la incorporación de los institutos preuniversitarios urbanos (IPU) demostró las potencialidades que existen más allá de los IPVCE, valdría la pena valorar cómo podría enriquecerse un encuentro cuyo saldo mayor radica en la profundización del conocimiento de la lengua materna, un factor que es directamente proporcional a la defensa de la cultura nacional.
