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  • Categoría: Educación
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Gladis, una maestra calixteña honrada por ser martiana

Gladis González Utria es una de esas mujeres que podría decirse nació para ser maestra. No es solo maestra para enseñar a leer, escribir o calcular, sino también para forjar a hombres y mujeres de bien.

En la actualidad, ya jubilada, no se separa de su escuela, como llama al centro Luis Saíz Montes de Oca, enclavado en el barrio rural Las Calabazas, en el municipio de Calixto García. Por eso cuando se supo que se le entregaría la distinción Honrar Honra, de la Sociedad Cultural José Martí, se hubo duda en que no habría otro escenario mejor que esta modesta escuela de campo a la que le ha dedicado buena parte de su vida.

Al interrogar a Xiomara Garzón, vicepresidenta de la Junta directiva de la Sociedad Cultural José Martí en la provincia, sobre requerimientos tenidos en cuenta para la entrega de esta distinción apuntó: “este reconocimiento nacional se le entrega a instituciones y personalidades que han tenido una vida de consagración a su trabajo y a la promoción del pensamiento martiano. Nosotros consideramos que es muy merecido porque es una persona que se consagró con amor al magisterio.

Además es seguidora de sus antecesores pues su bisabuelo Pablo García, quien se alzó el 24 de febrero de 1895 aquí en Mala Noche, integró el regimiento Martí y precisamente en el diario de Campaña de Martí lo menciona el día 9 de junio. Ella ha sido portadora de ese legado y lo ha transmitido a los jóvenes”.   

Precisamente porque supo transmitir todos esos valores a diversas generaciones de moradores de esta comunidad durante más de cuarenta años fue que sus alumnos a lo largo del tiempo no quisieron quedarse fuera de este reconocimiento. Por eso la maestra Liset Ochoa, ex alumna de Gladis, leyó las sentidas palabras de agradecimiento de Kenia Quevedo, otra de sus alumnas, en nombre de sus cientos de educando.

Gladis, por su parte, llegó temprano, acompañada por su esposo, como se le suele ver en los últimos tiempos. Para ella la distinción representa “un compromiso extraordinario para seguir divulgando la obra de nuestro Apóstol. Me he sentido muy emocionada, pues es el resultado de muchos años de trabajo, no solo mío, sino de todo un colectivo pedagógico, pioneril, de padres maravillosos que a lo largo de toda mi vida para que la Luis Saíz estuviera en un lugar cimero. He visto el resultado de mi trabajo”.

Sobre las emociones que afloraron en el momento de la entrega y los recuerdos agolpados confiesa que tuvo que controlarse para no llorar al ver que “el delegado de nuestro barrio fue mi alumno, también Liset, la mayoría de los maestros del claustro de la escuela. Me emociona ver que la escuela continúa el trabajo. Son muchas vivencias. Mi amor por esta escuela no hay palabra para expresarlo y todos esos sentimientos se agolparon hoy en mí”.

Emocionada, conmovida, no deja de dejarles un mensaje a las jóvenes generaciones de educadores: “el maestro debe estar muy bien preparado y vincular a Martí en cada actividad que realice para que los niños aprendan de Martí y se hagan martianos. Si somos martianos somos buenos patriotas, pero también buenos hijos, buenos padres, buenos seres humanos”.

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