- Categoría: Cultura
- Escrito por Rolando Pérez Betancourt, Granma.cu
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Premios Oscar 2019
Concebido comercialmente para que no deje de hablarse de él durante un año y más, el Oscar de 2019 pasa a la etapa en que espectadores y críticos toman la palabra para aplaudir, o hacer leña, el dictamen de la Academia.
Lo primero que no debiera perderse de vista es que esa Academia nació y se desarrolló con unas reglas que, si bien se han ido transformando a tono con los tiempos, guarda en caja fuerte su premisa más apreciada: sobre todos los méritos, prevalecerá el espectáculo capaz de complacer a una amplia audiencia.
Lo cual no quiere decir que la «modernizada» institución le vire la espalda a un filme como Roma, de Alfonso Cuarón, reconocido mundialmente.
Premiar al mexicano como «mejor dirección» prestigia artísticamente al Oscar, otorgarle el lauro de «mejor película», sin embargo, pudiera traer un mensaje raro relacionado con el buen arte desplazando a «lo que más gusta» y vende. Una brecha por donde se cuela El libro verde (ya comentado en estas páginas).
El Oscar a la mejor película otorgado al filme de Peter Farrelly reafirma el gusto de la Academia por las composiciones clásicas matizadas por el sentimentalismo y el humor. Tiene el mérito –eso sí– de referirse con gracia a una etapa de la sociedad norteamericana en que el racismo estaba a la orden del día y el viaje de un negro, por el sur, podía convertirse en un sendero de ultrajes y peligros.
La película ganó el principal premio de la Academia, pero la familia de Don Shirley ha protestado porque considera que se manipula la historia verídica para hacer que un blanco racista, y de pocas luces, sobresalga por encima del virtuoso de las teclas.
Otros reparos saltan a partir de la fórmula de dos personalidades contrastantes que terminan por comprenderse. Buenos momentos, pero también situaciones previsibles –como previsible resulta de punta a cabo el filme– salpicado de trabajadas emociones y con un final navideño que recuerda lo mejorcito lacrimoso de los viejos tiempos.
Una cinta que debió obtener el Oscar principal es La favorita, de Yorgos Lanthimos, hoy por hoy entre lo más imaginativo y prometedor del cine internacional. Aun conteniéndose en su conocido estilo entre lo real y lo fantástico, el griego filma una historia de época totalmente diferente y con tres actuaciones femeninas que se recordarán por largo rato: la de Olivia Colman –finalmente ganadora, sin discusión, del Oscar a la mejor actuación–, Emma Stone y Rachel Weisz.
El Oscar de actuación masculina para Rami Malek como el Freddie Mercury de Bohemian Rhapsody es discutible, principalmente si se tiene en cuenta que el actor, a ratos, pasa de la excelencia a la pura imitación. Una película emotiva, pero calificada por algunos –sin que falten razones– de telefilme. E igualmente si se le compara con el excelente trabajo del inglés Christian Bale como el vicepresidente Dick Cheney en Vice (el precio del poder), de Adam McKay, película ninguneada en el Oscar.
Ya se sabe que el espectáculo de la entrega de premios es señalado, sin remedio, de largo y aburrido. Ahora no fue diferente y entre los que siguieron la ceremonia por televisión estuvo el presidente Trump, quien, al igual que en otros años, se sintió aludido por las palabras de uno de los premiados, en esta ocasión de Spike Lee al recoger el Oscar al mejor guion adaptado por Infiltrados en el kkk.
Trump recriminó por Twitter al director negro luego de que este (sin nombrar al presidente) llamara al país a votar en las elecciones de 2020 haciendo una elección moral «entre el odio contra el amor».
Con su característico estilo, Trump le dijo al cineasta que estaba haciendo un ataque racista «contra su presidente» y aseguró haber hecho más que ningún otro mandatario en favor de los afroamericanos.
Aseveración que hoy motiva risitas en las redes sociales, principalmente cuando se recuerda que Spike Lee, hacia los finales del filme ahora premiado, traslada los hechos históricos hacia el presente para hacer alusión a la matanza racista de Charlottesville, un hecho que Trump se negó a condenar, como tampoco ha condenado al Ku Klux Klan, que ha hecho de él un héroe.
