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Cultura

  • Escrito por María Esther Pupo Hechavarría
  • Categoría: Cultura
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Nicolás Guillén en lo más genuino de la cultura cubana

Julio es el tiempo que marcó en la historia la fructífera vida del Poeta Nacional de Cuba, Nicolás Guillén Batista. Vino al mundo su décimo día, en 1902, en Camagüey, y dijo adiós a la existencia física el 16  de ese mes de 1989, en La Habana.

Su poesía es considerada como plena expresión de las más legítimas y revolucionarias aspiraciones populares en su período histórico. Introdujo el tema del negro en la lírica de la lengua española. Distinguida por su excelencia formal, sumó su obra a las clásicas del siglo XX, abordando diversas temáticas trabajadas sobre personajes, paisajes y acontecimientos de la historia nacional cubana.

Desde 1923 el joven comenzó a publicarlas en la revista Lis que funda, y entra en el periódico El Camagüeyano del cual llegó a ser su director. Tres años más tarde integró en La Habana el Grupo Minorista formado por jóvenes intelectuales de izquierda que, teniendo en cuenta los problemas sociales de Cuba y América, se pronunciaron contra los falsos valores imperantes y por una renovación radical, formal e ideológica en las letras y las artes.

En abril de 1930 publica en el suplemento Ideales de una raza de El Diario de la Marina, los ocho poemas que conforman su primer libro, Motivos de son, que, le confieren una especie de celebridad polémica, de amplia resonancia popular; los versos, enmarcados en el ritmo del son, inician una nueva etapa de la poesía cubana, con caracteres autóctonos y rasgos nacionales. Por primera vez, el pueblo negro, discriminado y aislado por la burguesía, aparecía retratado con sus costumbres y vocabulario peculiar, como protagonista de nuestra cultura.

En 1931 continúa la búsqueda sus raíces africanas al publicar el libro de poemas Sóngoro cosongo. Sin embargo, una denuncia más radical a la explotación sufrida por el archipiélago cubano a manos del imperialismo estadounidense, hace en 1934 cuando publica West Indies Ltd, libro que, desde su irónico título evoca a las compañías trasnacionales americanas en su proyecto de explotación continental.

Los sones de la charanga de Juan el Barbero,  invitan a la lucha definitiva que acabe con la injusticia y trace un futuro mejor para Cuba:
«Las cañas —largas— tiemblan / de miedo ante la mocha. / Quema el sol y el aire pesa. / Gritos de mayorales / restallan secos y duros como foetes. / De entre la oscura / masa de pordioseros que trabajan, / surge una voz que canta, / brota una voz que canta, / sale una voz llena de rabia, / se alza una voz antigua y de hoy, / moderna y bárbara: / —cortar cabezas como cañas, / ¡chas, chas, chas! / Arder las cañas y cabezas, / subir el humo hasta las nubes, / ¡cuando será, cuando será!».

En el año 1935 Guillén se vincula al izquierdismo cubano al formar parte del equipo de redacción de su revista Resumen, órgano de prensa del Partido Comunista.  Luego publica en México su libro Cantos para soldados y sones para turistas, donde, con lenguaje poético, aviva la conciencia de los trabajadores convertidos en soldados que defienden intereses ajenos para que miren hacia su origen proletario y se solidaricen con los intereses de su pueblo y clase.

La Guerra Civil española estallada en 1936 le impactó muy hondo, de ahí que se editara en Valencia su libro España en cuatro angustias y una esperanza, expresando la solidaridad del pueblo mulato de Cuba con la República amenazada:  «Yo, / hijo de América, / hijo de ti y de África, / esclavo ayer de mayorales blancos dueños de látigos coléricos; / hoy esclavo de rojos yanquis azucareros y voraces; / yo chapoteando en la oscura sangre en que se mojan mis Antillas; / ahogado en el humo agriverde de los cañaverales; / sepultado en el fango de todas las cárceles; / cercado día y noche por insaciables bayonetas; perdido en las florestas ululantes de las islas crucificadas del Trópico; / yo hijo de América, / corro hacia ti, muero por ti».

Durante la década de 1940 desarrolla una intensa actividad política y cultural: fue redactor del diario Hoy,  miembro del comité nacional del Partido y del Frente Nacional Antifascista, de ayuda y solidaridad con los combatientes de la URSS durante la Segunda Guerra Mundial.

Luego, realizó una gira latinoamericana que inició por Venezuela, ofreciendo conferencias, en la que recorrió el continente, pasando por Colombia, Perú, Chile, y Uruguay, Argentina –donde publica El Son entero-, y Brasil.

Participó en eventos internacionales por la Paz Mundial en Nueva York, París, y Praga, a donde fue invitado para asistir al IX Congreso del Partido Comunista. Escribe. Visita varios países como la URSS, China. A su regreso a la Isla recibe numerosos homenajes, pero sobreviene el golpe militar de Fulgencio Batista que anula las libertades ciudadanas e instaura una sangrienta dictadura. El poeta es detenido en dos ocasiones, pero puesto nuevamente en libertad.

En 1953 viaja como delegado de Cuba a Santiago de Chile para participar en el Congreso Continental de la Cultura. Luego viaja a París. Durante su estancia allí, ocurre el Asalto al Cuartel Moncada, y a Nicolás se le niega la entrada al país al ser acusado de comunista.

Tras su exilio comienza una larga peregrinación por París,  Italia -donde ofrece distintos recitales y conferencias-,  México, y Centroamérica. Viaja a Estocolmo para participar en el Congreso de la Paz (1954). Sigue a Varsovia y luego a Moscú, donde recibe el Premio Internacional Lenin de la Paz.

La caída del dictador Batista y la llegada al poder del Ejército Rebelde es recibida con gran agrado por el poeta, quien, con el fin de conmemorar el momento histórico, publica en el semanario Propósitos el soneto Che Guevara, dedicado al revolucionario argentino que se erigía como héroe romántico de Latinoamérica.

Regresa a su tierra amada tras casi seis años de exilio y ofrece recitales de poesías para el Ejército Rebelde y otros muchos a lo largo y ancho del país. Con sus derechos ciudadanos y convertido en un símbolo popular, el poeta reanuda sus colaboraciones en periódicos y revistas nacionales e internacionales, y emprende, nuevamente, su vida itinerante pero como principal representante de la cultura cubana.

En el año 1962 comenzó su consagración a la naciente Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), siendo su primer presidente. Siguió alternando sus funciones de dirigente intelectual con su pasión por la escritura. En 1964 publica su libro Tengo reflejando su apoyo a la naciente Revolución Cubana y su alegría por las transformaciones que mejorarían el país:
«Tengo, vamos a ver, / tengo el gusto de andar por mi país, / dueño de cuanto hay en él, / mirando bien de cerca lo que antes / no tuve ni podía tener. / Zafra puedo decir, / monte puedo decir, / ciudad puedo decir, / ejército decir, / ya míos para siempre y tuyos, nuestros, / y un ancho resplandor / de rayo, estrella, flor».
Y al ser asesinado en Bolivia, en 1967, el Comandante Ernesto Che Guevara, escribe el poema Che Comandante:  «No porque hayas caído / tu luz es menos alta. / Un caballo de fuego / sostiene tu escultura guerrillera / entre el viento y las nubes de la Sierra».

Nicolás Guillén integró el Comité Central del Partido Comunista de Cuba en su Primer Congreso en 1975, donde en representación de los intelectuales habló de su respaldo a la Revolución. También -a partir de 1976- fue diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular. 

En 1981, el Consejo de Estado de la República de Cuba le otorgó la Orden José Martí, máxima distinción que otorga el gobierno cubano a personalidades por sus contribuciones. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura 1983 por sus obras, traducidas a muchos idiomas y dignas de elogios y estudios de destacadas figuras de las letras.