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Historia

  • Escrito por Roberto Ortiz del Toro
  • Categoría: Historia
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Capablanca, el gran campeón

Este 19 de noviembre, coincidiendo con el Día del Deporte, la Cultura Física y la Recreación,  se cumplen 130 años del nacimiento en La Habana de José Raúl Capablanca y Graupera, el genial ajedrecista cubano que fuera campeón mundial del juego ciencia 1921 a 1927.

Muchas son las anécdotas conocidas y numerosos  los elogios que sobre su persona vertieron en vida o después de su muerte otros famosos ajedrecistas. Unas y otros han contribuido a elevar a la cima del ajedrez  mundial la figura inmortal de quien fuera alma y vida del juego ciencia hasta su deceso, ocurrido en Nueva York el ocho de marzo de 1942.

Corría el año 1911 y se organizaba el célebre torneo de San Sebastián, cita a la que acudiría una nómina compuesta por jugadores de reconocido renombre. Ossip  Bernstein, uno de  los invitados, se oponía a que participara Capablanca, quien no era todavía un jugador de relieve universal.

Allí Capablanca demostró su valía y no sólo se agenció un resonante éxito al ganar el evento, sino que su partida contra Bernstein recibió el premio de belleza, a la vez que le proporcionó  la satisfacción de vencer a quien lo consideraba sin suficiente clase para competir en ese torneo.

Famoso es el match que Capablanca ganó en l909 a Frank J. Marshall, por muchos años campeón de los Estados Unidos de Norteamérica. En ese encuentro disputado en La Habana   el cubano triunfó en ocho  partidas, perdió una y entabló 14.

Desde entonces  Marshall trabajó incansablemente en una línea de la apertura Ruy López, que se conoce como el ataque Marshall,  que nunca puso en práctica, pues era un arma especialmente preparada para enfrentar a Capablanca.

La ocasión se presentó  en la partida Capablanca-Marshall, de un torneo internacional disputado en Nueva York en 1918. Lanzó Marshall su ataque, fruto de muchos años de meditación y ante el tablero, en cuestión  de minutos, Capablanca lo refutó magistralmente y se anotó una brillante victoria.

De su genio ajedrecístico diría Lasker, el gran campeón que cedió el trono ante el cubano en 1921 en La Habana: “no se puede atemorizar a Capablanca con sacrificios sospechosos o poco sanos. Si tiene suficiente tiempo para reflexionar, sopesa exacta y rigurosamente la combinación y pone en evidencia sus debilidades”.

Alexander Alekhine, quien le arrebató  el título de campeón mundial a Capablanca en Buenos Aires en 1927 y a partir de entonces rehusó concederle la revancha, al enterarse de su muerte expresó : “nunca antes hubo ni volverá a existir un genio igual”.

Hay una frase suya que define su grandeza moral  y arraigado patriotismo. Cuentan que en pleno apogeo de su carrera ajedrecística, alguien le propuso la ciudadanía estadounidense, a lo que Capablanca ripostó : “ nunca dejaré de ser cubano”.

Así era José Raúl Capablanca y Graupera, a quien recordamos en el aniversario 130  de su natalicio, como el gran campeón que puso en lo más alto del firmamento ajedrecístico el nombre de Cuba.