A+ A A-

  • Categoría: Historia
  • Visto: 673

Panchito Gómez Toro, 20 años de lealtad

El  11 de marzo de 1876 nació el cuarto de hijo del Generalísimo Máximo Gómez en la extensa sabana de La Reforma, actual provincia espirituana, donde su inseparable compañera, Bernarda Toro, se refugiaba de la persecución que las tropas españolas mantenían contra los campamentos, hospitales  o prefecturas de los cubanos en armas.

Esa fue una de las pocas alegrías del gran dominicano en esos meses, cuando a pesar de los combates victoriosos contra los españoles comenzaban a perfilarse en las filas mambisas las divisiones internas y el caudillismo que dos años después conllevarían a la Paz del Zanjón, en la que los cubanos dejaron caer la espada, aunque el enemigo no se la pudo arrebatar al decir de José Martí.

Recoge la historia que a los pocos días de nacido Francisco Gómez Toro, apodado cariñosamente Panchito, llegó al campamento Antonio Maceo y al conocer el sexo del nuevo descendiente de Máximo Gómez y Bernarda Toro, se mostró muy regocijado y cuando la madre le dijo que presentaba una pequeña imperfección en el pie derecho, el bravo mambí exclamó que  no importaba, porque el pie que necesitaba el guerrero para montar era  el izquierdo.

De esa forma, alistó desde la propia cuna en las históricas fuerzas insurrectas al pequeño descendiente del Generalísimo. Tal parece que desde entonces, los destinos de ambos quedarían enlazados para siempre.

Pasaron los años, y en una ocasión, cuando el campamento donde estaba Bernarda Toro fue atacado por las huestes españolas, Panchito –aún niño -, fue tomado en brazos por la morena Sixta, quien lo protegió y alimentó durante tres días con huevos crudos, encontrados ocasionalmente en la manigua.

Después del Pacto del Zanjón, Máximo Gómez y su familia viajaron a Kingston, Jamaica, donde Panchito aprendió el inglés en el colegio Mister Lorenz, como parte de su formación educacional.

Luego pasaron a Santo Domingo y Gómez, recordando el campamento La Reforma, de Sancti Spíritus, donde nació su cuarto hijo, nombró a  la finca donde vivían de esa forma.

El joven y su hermano Máximo recibieron en Montecristi lecciones de renombrados educadores, como Enrique Loynaz del Castillo, luchador independentista cubano.

La influencia que ejercían los ideales de su familia fue creando la personalidad de Panchito con tanta devoción que su padre le reconocía
por su seriedad, juicio y el cariño que profesaba y recibía de los suyos.

No fumaba, ni era aficionado al baile, aunque su atractiva figura y su caballerosidad le ganaban las simpatías femeninas. Llegó a ser un buen nadador y diestro jinete. Tenía a su vez,  gran dominio de la contabilidad y manejaba con facilidad los asuntos comerciales de la firma donde trabajaba.

A Panchito le gustaba mucho la lectura y prefería los temas filosóficos, lo que demuestra su profundidad de análisis.

Un hecho importante en su vida fue conocer el 11 de abril de 1892 a José Martí, en la finca La Reforma, en Santo Domingo. Las simpatías que surgieron entre el Héroe Nacional cubano y el hijo del Generalísimo se afianzarían durante el tiempo que, posteriormente, estuvieron juntos, trabajando a favor de la Guerra Necesaria.

Con 18 años de edad, Panchito viajó a Nueva York junto a su padre y se quedó en esa ciudad para servirle de ayuda y compañía al Maestro, en un peregrinar por las ciudades norteñas, transmitiendo la necesidad de organizar la lucha.   Martí reconoció los méritos del bisoño luchador y le expresó a Gómez en una carta que era como si le hubiera devuelto al hijo que había perdido.

Cuando el Generalísimo y el Apóstol se embarcaron para Cuba en 1895, Panchito quería acompañarlos, pero lo disuadieron de aquella idea. Pasado un tiempo, cuando ya Martí había caído en Dos Ríos, el joven llegó a tierras pinareñas en el barco Tres Amigos, y el Lugarteniente General Antonio Maceo se asombró de que el niño que conoció en el campamento La Reforma, acabado de nacer, ya fuera un hombre de esa talla.

Alistado en las tropas del Titán de Bronce, Panchito participó en los combates de Ceja del Negro, Manaja, Tumbas de Estorino,  Loma China, El Rubí y Bejerano, donde fue herido en un brazo.  Sumaba ya 14 acciones combativas, cuando ocurrieron los hechos de San Pedro el siete de diciembre de 1896.

El  Capitán Panchito Gómez Toro, con solo 20 años de edad, tuvo su momento cúspide de gloria cuando prefirió morir que faltar a su fidelidad a Maceo aquel fatídico día.

Allí ofreció la mayor prueba de estoicismo y valentía, al morir cuando trataba de rescatar el cadáver del Lugarteniente General, con quien pasó a la historia para siempre. (Por Jorge Wejebe Cobo, ACN)

Escribir un comentario