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  • Categoría: Historia
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En busca de un tesoro, casi en el patio de la casa

Hace cerca de doscientos años, Cuba era un puerto seguro para corsarios y piratas. Gibara era, en este sentido, uno de los lugares más pintorescos de esta isla que oculta tantos encantos. Quizás sea esa tradición de sus pobladores de contar leyendas lo que más envuelve a quien visita esta tierra.

Cuentan sus pobladores que por esta época, desembarcó en la Bahía de Gibara el pirata inglés Flores Hernández para huir de sus escarnios, explorar nuevas tierras y contrabandear sal, esclavos y oro. Así como otros muchos, sintió la curiosidad de sondear sus terrenos.

Haciendo uso de sus “facultades piratescas”, Flores Hernández fue a parar a las Lomas de Cupeycillo. Atravesó el camino de los esclavos (antigua carretera de Gibara) y llegó al fin a la Sierra de las Anduriñas, para intentar descubrir los baúles repletos de monedas de oro que guardaran los soldados españoles en una cueva por miedo a los mambises.

No fue mayor la decepción de Flores Hernández al descubrir que todo era una farsa que su sorpresa al encontrar un sistema cavernario tan bien establecido. Sacando provecho de lo ya perdido, ató un cable desde el comienzo de la cueva y descendió, cual buen escalador, cincuenta metros de profundidad para enterrar sabe Dios cuántos secretos, por los que nunca volvió.

Desde entonces, muchos han sido quienes han perseguido sus huellas pero nada han encontrado. Solo subyacen ahí, cual princesa dormida que poco cambia, las hermosas cuevas de Gibara, con sus encantos y leyendas.


Las cuevas en el patio de Gibara

Las Lomas de Cupeycillo no son el único escenario de Gibara en el cual se pueden encontrar cavernas. A decir de sus pobladores, “los gibareños tienen las cuevas en el patio de su casa”. Dato que corrobora Alexis Silva García, Presidente del Grupo de Exploraciones Científicas de Gibara de la Sociedad Espeleológica de Cuba, quien afirma que aproximadamente el 65% del territorio de este municipio holguinero es predominantemente calizo, lo cual sugiere un alto desarrollo cavernario.
Hasta el momento, las cifras exactas de las cuevas existentes son desconocidas, porque hay varios grupos que las han explorado. Por tal motivo, sería inexacto citar un número, no obstante Alexis Silva señala que existe un aproximado de más de 300 cuevas, mientras que José Corella Varona miembro ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba y uno de los fundadores de la Espeleología en Gibara plantea que son más de 500.

Infografía de las cuevas y la espeleología

Detrás del mito y en busca del verdadero tesoro

“La paga de los españoles es real, yo la he buscado durante varios años.” Así se refirió un gibareño a la leyenda con que inició este reportaje, al intentar indagar sobre el estado actual de las cuevas de Las Anduriñas”. Como él, encontramos varias personas que al preguntárseles por las cuevas, solían recordar más bien los mitos que giran alrededor de ellas.

No obstante, espeleólogos de Gibara ya se han adentrado en ellas y no han descubierto nada más allá de su interés científico. A pesar de eso siempre existen criterios, como los que encontramos al preguntar a un lugareño acerca de las cuevas y afirmó:

“Esa parte de las Anduriñas es como un lugar maldito. A mediados de diciembre una luz del tamaño de una palangana que sale del hoyo de la Anduriña 4, casi sin explorar, entra a la cueva, desciende a la finca de los Papucho, donde todos han muerto trágicamente y sigue de largo hasta los altos, donde rompe en la Cueva del Grito y sale al actual campamento Montañez, a 110 metros de altura y vuelve entonces a meterse al hoyo de los esclavos.”

Al igual que esta, muchas son las historias que oralmente se divulgan por los gibareños. El grito que se escucha por las noches en una de ellas, el espíritu del esclavo que murió de viruela que se aparece a los visitantes, el señor rico que se pegó un tiro después de acabar con su fortuna, son algunas de las más conocidas.
No es difícil, por su historia cargada de piratas, dominio español, ataques navales y personajes famosos que en Gibara se difundan leyendas y mitos que, como el de las cuevas de Las Anduriñas, impulsen a diferentes individuos a penetrar en las cuevas en busca de tesoros de antaño, de los cuales muy poco se sabe y es casi improbable su existencia.

“Eso nos ha hecho mucho daño, porque, por ejemplo, esas cuevas de Las Anduriñas las han desfondado buscando tesoros y ahí no hay ningún tesoro, los verdaderos tesoros de las cavernas son las formaciones, los animales que guarda, todo lo demás es cuento.” Así se refiere Corella al fenómeno anteriormente citado.

La adrenalina en las cuevas

En Gibara existe un fuerte movimiento de Escalada en roca que inició con en abril de 1998.Samuel Almaguer, iniciador de este movimiento en Gibara y quien fuera miembro del Grupo Montañez, uno de los más sobresalientes en Gibara por sus aportes a la Espeleología, testimonia:
“Nosotros éramos todos espeleólogos pero nos encantaba el espeleoalpinismo y aunque no teníamos el equipamiento como tal, nos amarrábamos cuerdas y escalábamos mientras otro compañero nos ayudaba pero eso es criminal porque nos quedábamos enganchados, luego comenzamos a desarmar equipos de paracaidismo y después creamos unos croll de pecho hechos de tapas de las ollas de presión, inspirados en un mecanismo francés. Tuvimos varios accidentes, pero gracias a Dios nunca pasó nada grave.”

Aunque la escalada es un deporte que se practica en Cuba de manera aficionada, existen varias provincias que comienzan a tener un movimiento fuerte en este sentido. En Holguín se practica fundamentalmente gracias a donaciones que llegan desde el extranjero.

El Director del Grupo de Exploraciones Científicas de Gibara rememora que fue gracias a un grupo de alemanes, con los cuales compartieron durante dos semanas, visitando lugares de interés para este deporte, como los ya citados Cerros de las Anduriñas en las Lomas de Cupeycillo que utilizaron por primera vez cuerdas dinámicas y equipos netamente de escalada.

En la actualidad la mayoría de los escaladores holguineros y gibareños participan en eventos del grupo Roca Sólida, promovido por miembros de la Iglesia Metodista. Más allá de la religión, este es un espacio que encuentran los escaladores para adquirir más conocimientos y equipamiento del deporte al interactuar con escaladores a lo largo y ancho de toda la geografía nacional.

Samuel apunta al respecto: “Todos los que pertenecemos a Roca Sólida no somos cristianos, aunque respetamos sus creencias pero juntos compartimos el deporte y en la escalada no hay diferencias. Gracias a eso hemos logrado realizar ya cuatro eventos nacionales en Pinar del Río, Matanzas y aquí en Gibara, donde hemos hecho dos, uno de ellos en la Silla de Gibara.”

Pasión por las cuevas

La espeleología es una ciencia atractiva y en Gibara es inherente a la propia idiosincrasia del gibareño. Quienes conviven tanto tiempo cerca de cavernas, su atracción como deporte y los mitos y leyendas que las rodean tienen que aventurarse al menos a conocerlas.

Aun así, llegar a tener tantos logros en esta área ha sido también un camino de momentos difíciles por el elevado costo del equipamiento requerido para dicha actividad. De esta manera, los espeleólogos gibareños han inventado un sinnúmero de artículos necesarios para realizar su trabajo.

José Corella de su primera experiencia de buceo en Tanque Azul, demuestran el ímpetu de estos hombres hacia la espeleología:

“Nosotros bucemos Tanque azul por vez primera con un equipo ABM1 de la II Guerra Mundial, pero eso no es todo, nos metimos en el agua con una linterna normal de dos pilas cubierta por un preservativo para que no le entrara agua. Por supuesto que la presión rompió el preservativo y nos quedamos a oscuras porque perdimos la linterna.”

En la actualidad tanto Corella como Juan Guarch, coinciden en que gracias a los donativos de colegas de otros países, el Grupo de Exploraciones Científicas cuenta con un equipamiento de primera generación. Todo esto unido al perfeccionamiento de las técnicas y los métodos de investigación avalan a la espeleología que se hace en Cuba y dentro de ella, en Gibara, como avanzada y del primer mundo.

En Gibara existe un peculiar especialista en Paleontología del Grupo de Exploraciones Científicas Mariano Rodríguez, que ha realizado importantes hallazgos e  investigaciones científicas de las especies encontradas en Gibara y afirma: “He tenido mucha constancia y amor por lo que hago. Nunca he sabido por qué, vino el período especial que nos volvió a todos locos, he tenido cientos de problemas pero la paleontología siempre me llama, ahí he estado siempre.”
Mariano cuenta con un “Mini museo particular”, por decirle de alguna manera, donde atesora especies que él o sus colegas han encontrado en su decursar espeleológico, cuándo le preguntamos por qué no donarlas al Museo de la ciudad respondió:

“Yo se lo hubiera donado, pero… ¿Y el día que yo las quiera coger en mis manos? Yo a las 12 de la noche, cuando todo el mundo se acuesta vengo, abro aquí, cojo lo que yo quiera, me pongo a estudiar y lo pongo en su lugar otra vez.”

Testimonios como éstos nos revelan el impactante valor que tiene la espeleología para aquellos que en Gibara, han sido cautivados, cual pirata Flores Hernández por las cuevas y sus tesoros. Quizá ya no sean de oro o plata, pero son aún mejores, de esos imperecederos, de los que llevan los hombres en el corazón de una villa, en un país que como ya mencionamos, esconde tantos encantos.


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