A+ A A-

  • Categoría: Historia
  • Visto: 319

Un alzamiento con aroma de tabaco

 Un tabaco guardó el secreto por varios días hasta llegar a la isla, desde el más poderoso de los imperios. El 24 de febrero de 1895 se reveló el enigma que puso en pie de guerra, una vez más, a los que esperaban ansiosos en el campo insurrecto, por el toque de ¡A degüello!

Por toda la geografía cubana se diseminó la estrategia diseñada por el Apóstol desde las mismas entrañas del monstruo que ya conocía. Un periodista cubano le acompañó en su empeño de poner fin a una etapa mustia de la historia de Cuba. Correspondió a Juan Gualberto Gómez poner en boca de todos, la orden de alzamiento.

En las tres regiones del país se ensillaron los caballos, desenvainaron los machetes y los revólveres anunciaron el reinicio de las guerras por la independencia de Cuba.

Oriente irrumpió certero y arremetió contra el colonialismo español toda la fuerza acumulada desde el antiguo fracaso. Se inmortalizó el suceso como Grito de Baire. El eco resonó en otras 35 localidades cubanas de forma simultánea.

La llama bélica presagiaba que la guerra necesaria tuviera, como solía decir Martí, la brevedad y la eficacia de un  rayo.

Desde el cabo de San Antonio hasta la punta de Maisí Cuba se convirtió en un hervidero de heroísmo por un histórico alzamiento que se gestó a solo 90 millas de distancia y llegó hasta aquí envuelto en el aroma de un tabaco.

Escribir un comentario