A+ A A-

  • Categoría: Historia
  • Visto: 243

Che Comandante, amigo

El ocho de octubre de 1967 en la Quebrada del Yuro, Bolivia,  libró su último combate el Comandante Ernesto Che Guevara, al ser apresado herido y con su arma inutilizada el mítico Guerrillero Heroico tras tenaz resistencia ante el asedio de las fuerzas enemigas.

Al día siguiente, fue asesinado en la escuelita de La Higuera y su cadáver desaparecido hasta que 30 años después sus restos fueron localizados y trasladados a Cuba, para reposar al frente del destacamento de refuerzo en la Plaza de la revolución de Santa Clara, junto a la mayoría de los combatientes que integraron la guerrilla en tierras bolivianas.

El Che se integró a los revolucionarios cubanos que en México preparaban la expedición del yate Granma, encabezados por el joven abogado Fidel Castro Ruz, y fue uno de los 82 valientes que desembarcaron por playa Las Coloradas, el dos de diciembre de 1956. Fue a partir de entonces un destacado guerrillero y el primero de todos en ser ascendido al grado de Comandante del Ejército Rebelde.

 Vivió en Cuba una breve estancia desde 1956 hasta 1965,  pero fue tan intensa y activa su presencia que en ese lapso se desempeñó como médico, guerrillero, comandante, ministro, jefe de delegaciones comerciales y diplomáticas, pero sobre todo, se ganó el cariño y el respeto de este pueblo que lo acogió como un hijo.

Cuentan que en una ocasión estando en Montevideo, Uruguay, el Che respondió a un periodista con estas palabras: “ Yo nací en Argentina, permítame que sea un poquito pretencioso al decirle que, Martí nació en Cuba y Martí es americano, Fidel también nació en Cuba y Fidel es americano; yo nací en Argentina, no reniego de mi patria de ninguna manera, tengo el sustrato cultural de la Argentina, me siento también tan cubano como el que más y soy capaz de sentir en mí, el hambre y los sufrimientos de cualquier pueblo de América, fundamentalmente, pero además de cualquier pueblo del mundo”.

Che fue un hombre visionario, de elevada inteligencia, vasta cultura y una exquisita sensibilidad humana que lo convirtieron mediante su accionar en un modelo de revolucionario que conjugaba en su  multifacética  personalidad las virtudes de ser, a la vez, un hombre de pensamiento y de acción.

Su vocación internacionalista lo llevó a cumplir lo que para él constituía un sagrado deber y así lo plasmó en su carta de despedida a Fidel, que constituye un monumento a la dignidad humana, a la sencillez y la modestia, a la lealtad a sus principios.

En esa histórica misiva el Che enfatizó: “...hago formal renuncia de mis cargos en la Dirección del Partido, de mi puesto de Ministro, de mi grado de comandante, de mi condición de cubano”...” Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos”.

Y así partió, dejando en Cuba lo más querido entre sus seres queridos, lo más puro de sus esperanzas de constructor; para mostrar en los nuevos campos de batalla la fe que le inculcó Fidel, y para sentir la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo dondequiera que esté.

Che fue un hombre de ejemplar conducta  que, como expresara Fidel “...nos dejó su pensamiento revolucionario, nos dejó sus virtudes revolucionarias, nos dejó su carácter, su voluntad, su tenacidad, su espíritu de trabajo. En una palabra, nos dejó su ejemplo”.
Sirvan estas líneas como un  modesto homenaje de recordación al Comandante Ernesto Che Guevara de la Serna, aquel cubano nacido en Argentina y que eligió por Patria la Humanidad. Allá en la tierra boliviana que abonó con su sangre generosa hace 51 años, se le recuerda como San Ernesto de La Higuera.


Escribir un comentario