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Y me hice maestro…

Permítanme ser un poco pretencioso al atribuir a mi persona esa frase martiana que sirve de título a estas líneas. Corría el año de 1961 y Fidel había proclamado que Cuba sería libre de analfabetismo. Y lo prometido se cumplió.

Yo tenía entonces 12 años de edad y aunque era apenas un niño me incorporé como brigadista “Conrado Benítez”, para dar mi aporte en aquella cruzada por la educación en Cuba.

Presté mis servicios en un sitio conocido por Mameycito, en las estribaciones de la Sierra Maestra, hasta donde llegué armado de lápiz, cartilla, manual y farol, y del deseo de enseñar a leer y escribir a quienes me tocaran.

Ya los recuerdos se hacen lejanos, pues han transcurrido 56 años, aunque algunos están frescos en mi memoria, porque marcaron definitivamente mi existencia. Guardo con celo, como un preciado tesoro, mi carné de brigadista y la medalla acreditativa por el Consejo de Estado de la República de Cuba a quienes participamos en aquella honrosa misión.

Recuerdo con cariño a aquella humilde familia que me acogió como a un hijo y con la cual compartí varios meses. A ellos les enseñé a leer y escribir, mientras a mí me enseñaron a recoger café y otras tareas propias de los campos cubanos.

Tuve el privilegio de estar presente en la Plaza de la Revolución “José Martí” en La Habana, aquel 22 de diciembre de 1961, cuando Fidel proclamó a Cuba como territorio libre de analfabetismo, cumpliendo así ante el mundo lo que había prometido.

Conservo como valioso recuerdo de aquella inolvidable jornada, que vi por única vez en persona al Comandante Ernesto Che Guevara, presente en la tribuna presidencial de aquella grandiosa concentración, algo para mí de mucho valor pues soy un confeso admirador del Guerrillero Heroico.

Por estos días en que conmemoramos la jornada por el Día del Educador (22 de diciembre) siento el legítimo orgullo de haber puesto mi “granito de arena” en aquella colosal batalla contra el analfabetismo, que abrió para Cuba el camino hacia el desarrollo educacional conquistado.

Quizá sea un poco pretencioso al atribuirme la frase martiana “Y me hice maestro”; pero en esencia, resultó para mí una experiencia inolvidable, que me hace sentir el orgullo de haber sido un brigadista “Conrado Benítez”.

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