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  • Categoría: Historia
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Fidel amado

Encontré tu rostro un 13 de agosto varias décadas atrás. Era una adolescente con pensamiento de joven madura y apasionada. Tu figura se alzaba por entre todos. Tus manos, tu cabello, el verde olivo de aquel traje único y mucha gente coreaba un nombre y ese nombre era Fidel.

Era el año 1978 en la Cuba del onceno Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. Y le vi cerca, temblé de emoción, le imagine en la Sierra Maestra, pensé en sus conversaciones con los jóvenes del centenario y rogué que esta no fuera mi única vez y no lo fue.

Fidel volvió una y otra vez, claro, mi oficio se lo debo. A ese periodismo que fortalece mi espíritu con tus enseñanzas le he llamado Comandante, escrito a su estatuta de hombre íntegro, humano imperfecto y le he seguido con fidelidad. De su lado estoy segura y de su lado confío y desando los días y las noches de mi Isla armada coraje.

Eres mi amado Fidel. Siempre te nombro en presente. Tus imágenes me acompañan como a toda Cuba. Eres el retrato hermoso de un hombre con agallas e inteligencia probadas. Ningún enemigo te llevó a la eternidad, a ella fuiste por camino glorioso, con una vida plena a favor de los humilders.

Y nadie te detiene en tu Cuba. Los agradecidos también lloramos en algún momento cuando preonunciamos tu nombre, porque es preciso, porque eres el guardián y defensor en todo tiempo. Si, nombrarte Fidel amado, es suerte, es muralla contra la maldad, es puerto seguro y firme. Nombrarte Fidel amado es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo.


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