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Entrevistas

  • Escrito por Bernardo Cabrera
  • Categoría: Entrevistas
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Liuba, un ángel de la canción cubana

Sencilla, auténtica y sobre todo talentosa. Posee una voz única que emana dulzura y sus composiciones desandan entre el lirismo y la belleza. Siempre acompañada de la guitarra como una extremidad más de su cuerpo. En los ´80 fue integrante del Movimiento de la Nueva Trova y del Conjunto Artístico de las FAR y en los últimos años ha recibido las Medallas Alejo Carpentier y Raúl Gómez García, la Distinción por la Cultura Nacional y la de Embajadora de Buena Voluntad de la UNICEF.

No cree en los 35 años que lleva “dando” carrera en el arte musical y sigue reinventándose y explorando nuevas melodías, ritmos y temáticas. Por estos días anda girando por toda Cuba y a propósito de su presentación en tierra holguinera, conversamos con esta mujer hecha canción que es Liuba María Hevia, considerada como una de las más destacadas cantautoras cubanas de todos los tiempos.

¿Cómo fueron sus inicios en la música? Cantaba desde niña, ¿verdad?

-Sí, desde muy chiquita me apasionó la música. Yo era muy distraída en la escuela y una de las pocas cosas que me hacía prestar atención era la música. Casi todos mis juegos estaban relacionados con ella y jugaba con mi hermana y los niños del barrio a que éramos cantantes, a que éramos un grupo. Siempre cualquier juego que hiciéramos iba a parar a la música. Mi pasión se la debo en gran parte a mi mamá que era una melómana tremenda y a mi padre también. Los dos escuchaban mucha música variada y eso va influyendo en tus gustos, en tu manera de expresión.

¿Cuándo es que dice me quiero dedicar a la música? Es esto lo que quiero hacer.

-Yo sabía que ese era mi destino, mi camino, desde que estaba en segundo grado y aprendí a tocar los primeros acordes de la guitarra gracias a una amiga de aula. Incluso lo sabía más que mis padres, porque en mi familia no había precedentes musicales y ellos pensaban que era algo de la edad, que era un sueño muy infantil que podía cambiar. Pero fue todo lo contrario, con los años se fue haciendo más intenso y ya sabía perfectamente que me iba a dedicar a la música. Te lo puedo asegurar.

En los años 80 trabaja en el Conjunto Artístico de las FAR, ¿cómo le marcó esa colaboración?

-Tras ser finalista en la cuarta anual del concurso Todo el mundo canta, me invitaron a formar parte del Conjunto Artístico de las FAR. Era un proyecto con mucha riqueza artística y espiritual. Allí empecé a trabajar con artistas de todas las manifestaciones, de reconocido trabajo, de muchos años. Nos presentamos en lugares muy disímiles como barrios, unidades militares y zonas insospechadas dentro y fuera de Cuba. Fue una etapa importante de formación, porque al mismo tiempo estaba estudiando nivel elemental y luego nivel medio de música. Recuerdo mis tiempos en el Conjunto artístico como una etapa renovadora y maravillosa, que fue formando en mí una estética, una manera de hacer incluso mis espectáculos, donde podían confluir diferentes géneros del arte.

¿Para quién prefiere componer y cantar Liuba, para los niños o para los adultos?

-Para mí el trabajo es uno solo, pero quiero mucho a los niños más allá del arte. Para mí ellos y los ancianos son lo más importante en una sociedad, en un país. Yo creo que en el planeta hay que prestarle más atención, comprensión y apoyo a los niños. Quizás por eso me gusta tanto componer y cantar para ellos. Yo defiendo tanto la posibilidad de trabajar para los niños, cuestión que para mí es un privilegio.

Hablando de canciones para niños, ¿qué significan en su carrera musical Ada Elba Pérez y Teresita Fernández?

-Son dos ángeles que me acompañan siempre. Las tres tuvimos una amistad hermosa. Compartimos muchos sueños, teníamos mucha empatía y complicidad con disimiles temáticas y por eso abordábamos temas en los trabajos nuestros que eran similares. Para mí fueron dos maestras, dos guías, dos mujeres ejemplo, dos personas que me acompañan y me despiertan todos los días, que recuerdo diariamente y que me reconfortan en esta vida tan hermosa y dura al mismo tiempo. Haber conocido a personas como ellas, a artistas como ellas, me privilegia y me da ánimo para seguir adelante.

Liuba se dice fácil 35 años de vida artística, pero ¿cuánto ha cambiado y se ha superado en estas más de tres décadas de arduo trabajo?

-He estudiado y trabajado muchísimo, pero creo que no es suficiente para crecer. Yo creo que en el arte uno nunca llega a tener la estatura que merece el público. Por eso hay que siempre esforzarse un poquito más. 35 años han pasado y tengo la impresión de que son 5, de que son 2, porque sigo con la misma sensación de búsqueda, de tratar de dar lo mejor.

Este trabajo es una responsabilidad muy grande ante la gente. Al nacer en un país como Cuba donde hay tanta buena música, tan buena historia, tan buena literatura, constituye una responsabilidad mayor dedicarse a esto y hay que ser responsable de lo que uno hace. Han pasado 35 años pero me siento con el mismo miedo de antes, el miedo a hacerlo mal, a no decir la palabra justa. Todavía tengo las mismas inquietudes y el mismo susto de la muchacha que fue a Todo el mundo canta o formó parte de la Nueva Trova en 1982.

Hablando de trova, es un hecho que cuando se menciona esta la mayoría de las personas piensa enseguida en hombres, aun cuando han existido en Cuba excelentes trovadoras como Sara González, Marta Valdés, la propia Teresita Fernández. ¿Cree que aún es necesario fomentar la presencia de la mujer en la trova?

-Claro que sí, sobre todo en el aspecto de la divulgación porque existen excelentes mujeres haciendo maravillosos trabajos, pero nuestro continente es muy machista y lo sabemos. Aun así hay trovadores que son además de nuestros padres, nuestros guías, nuestros maestros, grandes caballeros que nos apoyan siempre. Puedo citar a Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Amaury Pérez. Personas que siempre han defendido el trabajo de la mujer y lo han distinguido sobre todo por su valor.

Precisamente para defender y promover el trabajo de las cantautoras cubanas y latinoamericanas es que creo un proyecto que se llama Alma creadora. Ya vamos por la cuarta edición del evento, los conciertos Ángel y habanera que hacemos en la capital donde invitamos a trovadoras de diferentes zonas de la Isla y de otros países. Pero creo que hay mucho por hacer porque la mujer merece ser escuchada todavía un poco más.

Posee más de una docena de discos y su más reciente producción musical se titula Vidas paralelas. Coméntenos un poco sobre este fonograma.

-Hay pocas cosas que disfruto más que compartir con mis colegas y en este disco tengo la dicha de compartir con trovadores que adoro y que forman parte de mi banda sonora personal, familiar, íntima, como Silvio, Pablo, Amaury, Carlos Varela, Leonardo García, Polito Ibáñez, Frank Delgado y Kelvis Ochoa, entre otros.

Pero te puedo decir también cantautoras de diferentes países como Marta Gómez, de Colombia, María Martha, de Brasil, Miryam Quiñones, de Perú y Amaranta, de Venezuela. Tengo además invitados de Ecuador, Perú, Argentina, Portugal y España. Lo que más me emociona de este disco de dúos es que me tomo la atribución de compartir con ellos no solo canciones mías, sino también de ellos. Entonces es la complicidad de compartir dos temas con arreglos similares, formatos similares, y por ahí es que se mueve la estética de este disco que me emociona mucho.

Estuvimos trabajando, creando, cosa que no es normal en mi trabajo, porque soy de las personas que llega al estudio con todo pensado y en este CD nos tomamos la libertad de crear, de improvisar un poco más en el estudio, dadas las características del proyecto donde no solamente hay cantautores, también hay grandes cantantes que defienden la canción trovadoresca como nuestra señora Omara Portuondo, Gema Corredera, Ivette Cepeda, Anabell López, Issac delgado, la española Ana Belén.

A Liuba se le puede oír cantar lo mismo una guajira, una tonada, un son, una habanera, que un tango y un ballenato. ¿Habla esto de una intención de explorar diferentes géneros, de la necesidad de reinventarse o de que eres una artista polifacética?

-Un poco de todo. En este trabajo uno tiene que divertirse cuando lo hace o no tiene ningún sentido. Cuando lo disfrutas transmites algo especial. Es como la diferencia de los sabores en las comidas, la diferencia de las culturas en los países, cuando tú te mueves en un lugar y en otro, el tono en que la gente habla, en que la gente camina y transmite su cultura a través del arte. Creo que es algo que me seduce especialmente y por eso puedo moverme también en la parte artística y cantar una chacarera, un huayno, un vals peruano, un tango, una habanera. Me gusta sentir esa diferencia de colores que me bañen y me transformen la vida, que me den otra sensación de otro mundo para regresar siempre al mío. Incorporando un poquito de todo eso a mi casa, eso me gusta mucho.

¿Cuáles son sus proyectos futuros? ¿Qué pueden esperar próximamente sus seguidores?

-Estoy por grabar un disco dedicado a Gabilondo Soler, porque hay tres grandes compositores para niños de América que no pueden faltar en las casas: Teresita Fernández, la argentina María Elena Walsh y el mexicano Gabilondo Soler. Ya hice un disco dedicado a Teresita, otro a María Elena y estoy por grabar ya Liuba canta a Gabilondo Soler. Es uno de los proyectos más inmediatos y por lo demás hacer mi trabajo como siempre. Creo que mi manera de justificar mi vida es a través de la música y no tengo otra forma más hermosa que trabajar en función de ella.

Por último, ¿qué significa la guitarra en su vida?

-A ella le debo todo. Es como una brújula, un testigo, un familiar que me acompaña, lo que me va quedando de la vida. Yo conservo la primera que tuve de verdad mía a los 13 años porque antes tuve otras prestadas. He escrito casi todas mis canciones con ella y cuando se me ocurre una idea que me seduce y me perturba, siempre busco la guitarra y encuentro una explicación de esa sensación. Yo le debo la vida a mi guitarra, a la música.