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Entrevistas

  • Escrito por Liudmila Peña Herrera
  • Categoría: Entrevistas
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Eduardo Torres Cuevas y su mirada a la juventud actual

Eduardo Torres Cuevas no tiene prisa cuando ha accedido de antemano a una conversación, sobre todo si el tema central tiene tanto de definitorio, de trascendental y valioso para el país. Habla despacio y entre una afirmación y otra incluye explicaciones, frases incidentales y hasta crea mapas de conocimientos en una misma respuesta.

Posee la habilidad de resumir los resultados de largas horas dedicadas al pensamiento de una manera diáfana y sencilla. Lo hemos esperado por casi cuatro horas, mas conversar con él así, sin prisa, es una clase.

El director de la Biblioteca Nacional José Martí, presidente de la Academia de Historia de Cuba y Premio Nacional de Historia y de Ciencias Sociales, concede a los jóvenes una importancia ineludible a lo largo de todos los procesos revolucionarios desarrollados en Cuba. Para él, referirse a las fortalezas y desafíos de ese grupo poblacional constituye un deber como intelectual revolucionario. Por eso no necesita demasiados preámbulos para conversar sobre Cuba y su juventud.

«Ah, pero es que la juventud para mí es demasiado amplia», advierte y sonríe, porque defiende el criterio de que joven es tanto su hija como su nieta, aunque pertenecen a generaciones distintas. Ciertamente es amplia y diversa la juventud cubana, como amplios son sus retos; así que no nos andamos con demasiados preámbulos.

¿Cuán preparada se encuentra la nueva generación para asumir la realidad compleja y cambiante que vive el país?

Esa es una pregunta que se puede hacer en toda época: ¿cuán preparada estaba la generación del ‘95 para hacer una transformación como la que se propuso, en medio de los cambios que esa época tenía? Todas las generaciones viven eso. Lo importante son las épocas y las circunstancias. Esta juventud está mejor preparada que la mía. No es lo mismo la posibilidad que tienes hoy de acceder a libros de la biblioteca de París o de Londres en Internet y no solo circunscribirte a los de la Biblioteca Nacional, por ejemplo. Hoy el joven tiene un instrumental a su alcance superior al que tuvimos nosotros. Esta época ofrece mejores instrumentos para conocer.

¿Y le parece que, ideológicamente, la juventud también está lista para hacer suya la responsabilidad que le corresponde hoy?

Nunca antes una juventud tuvo un reto tan alto como la cubana. Yo tiendo a creer que hay una parte importante de nuestra juventud que ha sido estudiosa, que ha trabajado y tiene una cultura destacada como antes no la tuvo Cuba. Sin embargo, también sorprenden los espacios vacíos que tenemos. Hay un sector de la juventud al cual no le ha llegado el mensaje y hay que estudiar por qué. Tenemos un sector que a veces puede asumir la mentira como verdad sobre determinados temas a través de los grandes medios de comunicación. Esto forma parte de las guerras mediáticas, las cuales consisten en la preparación de un terreno, con «medias verdades», «medias mentiras»; con asuntos a los cuales se les da una importancia que no es la que realmente tienen, y otros a los cuales les quitan un por ciento para que parezcan sin importancia. Todo eso es una labor de inteligencia.

Pero en eso no solo los grandes medios internacionales tienen responsabilidad. A veces los medios cubanos no brindamos toda la información que exige el pueblo, ni las instituciones culturales suplen los vacíos que señalan esos jóvenes de los cuales usted habla…


La diferencia está en el modo de transmitir los mensajes a través de los medios de información. Mientras los grandes medios internacionales trabajan con un lenguaje «de última generación», nosotros trabajamos con instrumentos de comienzos del siglo XX. Tenemos un lenguaje obsoleto. Entonces, en qué medida logramos que nuestro mensaje sea capaz de llegar a los jóvenes. La competencia se hace extraordinariamente peligrosa porque a veces nuestras respuestas no tienen ni la inteligencia ni la sagacidad ni la capacidad de estar a la altura de la otra propuesta. En ocasiones es más convincente una mentira bien dicha, que una verdad mal expresada.

Por ahí está el famoso «paquete», ¡que mete unos «paquetes»! Y hasta son capaces de mostrarnos nuestra propia historia tergiversada. Ah, pero qué cosa más triste que «los de afuera» pongan la parada y nosotros tengamos que responder.  Por ejemplo, solo con la explosión de La Coubre, la prensa puede trabajar mil temas. Uno de ellos es la famosa frase de «Patria o Muerte». Si a los jóvenes se les explica que la consigna surgió en el entierro y que ahí estaban cientos de personas despedazadas, como consecuencia del acto terrorista, entonces sí adquiere sentido y no vale que nadie diga que apostamos por la muerte, como han tratado de descontextualizarla algunos malintencionados.

Hablando de significados, ¿qué opina sobre la polémica que existe sobre el uso de nuestros símbolos patrios?

El problema es muy sencillo: ¿de qué le estamos hablando a un joven cubano cuando le mencionamos la bandera? El símbolo nacional, sí, pero no le estamos diciendo qué contenido tiene. Esa bandera posee una simbología para todo tiempo y espacio: es una de las primeras en usar el triángulo equilátero, que es el que tiene sus tres lados y sus tres ángulos iguales. Es la figura geométrica perfecta y significa libertad, igualdad y fraternidad. ¿Esa estrella por qué está ahí? La estrella es el astro que tiene energía y luz propia. Ella significa la independencia. O sea, que somos capaces de mantenernos independientes porque tenemos energía para eso. ¿Y los tres colores republicanos? El azul, el blanco y el rojo son el símbolo laico.
La película Conducta, por ejemplo, tiene un gran defecto, porque hay una escena en que una niña llega con la imagen de la Virgen de la Caridad, la pone en el mural y la maestra acepta la estampita.

¿Qué lectura tiene eso?

La lectura es grave, porque la escuela cubana está declarada pública, gratuita y laica, que quiere decir que en esa aula tienen derecho a estar sentados todo tipo de creyentes. Es terrible que los muchachos de hoy no sepan qué es una escuela laica. Entonces me di cuenta de que se hacía otra lectura porque desconocemos a veces quiénes somos.

«Es como lo que sucede con la Patria. Uno les está nombrando a los muchachos solo la palabra, pero el significado que tiene nadie se los explica: Patria es el femenino de “patrius”, que significa el padre, así que patria es la madre. Por eso es que se dice: “nosotros, los hijos de la patria”».

¿Y es partidario de usar los símbolos en el vestuario, las carteras, los tatuajes…?

Sí, si se hace con respeto. El mundo hoy se construye con imágenes. Por ejemplo, hace un tiempo observé a dos señoras de glúteos exuberantes usando una licra con la bandera americana. Por ahí andan otras exhibiendo sus potentes senos con la misma bandera. En toda Cuba me encuentro carros con la enseña americana, a veces hasta cruzada con la cubana. Me preocupa más eso. Yo no sé si es una estrategia, si es casual o es el turismo. En el mundo, uno va a ver un juego de pelota, de fútbol… y la gente está con su bandera. ¿Entonces uno va a decirles a los cubanos: «oye, tú no»? ¿Tú vas a decir que ese muchacho que lleva en el pecho su bandera no se siente cubano y la lleva sin orgullo?

Hoy está de moda el uso de la tecnología y a materiales extranjeros, ¿cuál es el reto que tenemos por delante para preservar nuestra historia, nuestra identidad?

Cada vez que monto en un avión o en una guagua, miro cuántas personas van leyendo –sobre todo, sus celulares–, y creo que, a pesar de lo que dicen, la gente lee más ahora. El problema es qué se lee. Uno les pone a Don Quijote de la Mancha y es difícil que les interese. Pero en mis tiempos nos lo leímos muy pocos también. No nos engañemos: hay una élite que, en toda generación, se entrega por placer, no por obligación, a la lectura. Hoy hablamos de la biblioteca del siglo XXI y no hay que maldecir las tecnologías actuales porque, gracias a ellas, tenemos, por ejemplo, un escáner de acero para digitalizar todos los periódicos que salen a la luz. En Internet, existe algo llamado «la nube» y si uno quiere leer la revista 1894 de la biblioteca de Londres de, se accede al sitio, te muestra lo que buscas y después te cobra. Entonces hay que poner nuestros materiales ahí, porque en el mundo quien tenga acceso a la Bohemia de enero del ‘59, por ejemplo, tendría la verdadera versión de lo que sucedió en esa época. En la Biblioteca Nacional ya creamos la Mediateca para que los lectores dispongan de un servidor donde cada vez se acumula más información. Estos son simples ejemplos de cómo podemos utilizar la tecnología a nuestro favor, siempre que lo hagamos con inteligencia.

¿Cree entonces que la Patria cuenta con jóvenes que sepan guiarla en el futuro?

Hay una cantidad enorme de jóvenes inteligentes y capaces que creen en su Patria y sienten por ella. No te voy a decir que está todo claro: hay miles de interrogantes. Yo también tengo preguntas, porque estoy ante una realidad que no pensé ver: tengo los mismos conflictos que muchos jóvenes, vistos quizá con mayor experiencia. También tenemos un amplio sector de la juventud que ni siquiera sabe quién es, porque hemos perdido un gran terreno en muchos de ellos debido a que el Periodo Especial fue tan terrible, que dejó una huella más grande que toda la historia anterior. Por eso ahora tenemos que cultivar cosas.