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Entrevistas

  • Escrito por María Esther Pupo Hechavarría
  • Categoría: Entrevistas
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El veterinario salva la humanidad

En medio siglo entregado a la Medicina Veterinaria, Gregorio Trasobares Rodríguez, con 74 años de edad, ha hecho casi de todo en el oficio, y vivió los duros tiempos de introducción de virus y enfermedades en el rebaño animal cubano.

En recordación al año 1961 se unificaron todos los servicios existentes en una organización estatal para la atención gratuita de animales, lo busqué en las afueras del poblado de San Andrés, a unos 20 kilómetros de Holguín, para conocer su historia.

En su humilde casa, me contó que aunque salió del Servicio Militar con conocimientos de mecánica y electrónica, se fue a  trabajar a la vaquería Melilla porque era lo que le gustaba,  y en 1969 aprovechó un curso técnico de un año en la especialidad, proporcionado para jóvenes en Bayamo.

¿Después de graduado, qué le correspondió hacer?

“Trabajé con la ganadería en el Sector Pecuario durante 12 años, incluso en la zona de Buenaventura. Después, me pasé al sector Campesino Privado  y atendí muchas cooperativas en esta zona; por ejemplo, las CCS Jesús Menéndez y  Ciro Redondo de “La Vega”, donde hacía el tratamiento terapéutico y  el desparasite  a la masa ovino-caprina”.

¿Cómo lograba estar al día acerca de las enfermedades y los nuevos medicamentos?   

“El veterinario siempre tiene que estar estudiando, igual que el médico humano; por libros, actualizándose y detrás de todo lo nuevo que llega”.

¿Momentos más difíciles o de apuro mientras atendía a los animales?

“Ahí sí hay material para contar… Me fajaban las reses, tenía que dar vueltas en el suelo para escaparme; se me presentaban partos -hasta de yeguas-, algunos distócicos, luchaba por los animalitos a ver si no se me morían, y  por lo regular los salvaba, a la madre y a las crías. Ahora hace poco hice uno y sobrevivieron todos los cerdos. Todavía hago mis trabajitos”.
También hice cesáreas a cerdas y vacas, agotaba  siempre todos los recursos antes de practicarla, y desviaciones de penes en los toros –hacia un lado- para que no copulara a las hembras pero detectara el celo, momento para la inseminación artificial. Lo que más me gustó fue la cirugía, que aprendí de los libros y los profesores”.

¿Cuál fue su experiencia desde la veterinaria en la lucha contra Tuberculosis (TB) ?

“En el sector Campesino, fue en la lucha contra la tuberculosis bovina  donde mayormente trabajé, para la cual tuve que pasar un curso. Realizamos pesquisas masivas para detectar la enfermedad en el ganado. Estaba al tanto de si se inflamaban los ganglios, aplicaba la tuberculina -una inyección hipodérmica de diagnóstico-, durante 72 horas esperaba la respuesta de los animales. De ser positiva, hacía una pápula, y  se procedía  a sacrificarlos para disminuirla, y al mismo tiempo, evitar su transmisión a los humanos.
Con igual fin, en la década de los años 70 extraíamos sangre a las reses para llevarla al laboratorio a detectar otra enfermedad llamada brucelosis, igualmente peligrosa”.  

¿Recuerdos de enfermedades introducidas en nuestro país para afectar la economía cubana?

“En esa misma ápoca, recuerdo que se nos informó en una reunión de trabajo de un caso ocurrido en Bayamo, acción alentada por el enemigo que conllevó a un químico a introducir el virus de la TB en la tuberculina, lo que enfermaba a muchos animales que la recibían; y como consecuencia,  se afectaron vaquerías completas como la llamada El Vapor, de la Empresa hermanos Sartorio, del municipio holguinero de Gibara”.   
Al igual, recuerdo la fiebre porcina que sufrió nuestro pueblo en los años 80.

¿Cómo considera que se comporta la tuberculosis  en los animales actualmente en Cuba?

“Pueden darse casos, también en los ovino-caprinos, pero es más difícil que aparezcan, por todas las acciones que realizamos durante tantos años.”
Y esa es una de las satisfacciones de Gregorio, que jubilado desde 2013 por haber sufrido tres infartos de miocardio, aun acude a prestarle auxilio a los animales de los  pobladores de San Andrés, pues para él: “el médico humano salva al hombre, y el veterinario salva la humanidad”.