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El club de los necios

Con un repertorio de hermosas canciones y una voz de suave melodía, arranca aplausos. Su incipiente juventud y aspecto adolescente contrasta con una madurez de pensamiento volcada en sus canciones capaces de posicionar a Manuel Leandro Sánchez en el espectro musical como uno de los representantes de la trova holguinera más sui generis.

Uno comienza en la música como todo el mundo, escuchando la que escuchan tus padres, la popular, lo que va despertando un interés básico. Yo creo que el mío más real, más genuino, comenzó un poco más adelante, cuando inicié una especie de búsqueda de mi personalidad; en ese momento en que uno empieza a encontrar sus motivaciones personales, sus propios gustos como ser humano. En este punto no solo descubrí una atracción nueva por la música, eso supuso acercarme a ella de forma diferente, no solo como un mero espectador, sino como alguien que buscaba algo en particular. De ahí desbocaron mis músicos y autores favoritos, las sonoridades y estéticas más cercanas. Ese fue mi primer acercamiento a la música.

Desde niño incursioné en el canto de música infantil y en la adolescencia me interesé en la guitarra como instrumento, realicé un poco de estudio autodidacta y me vinculé con algunos profesores. Pero el florecimiento no fue hasta un momento de mi vida en que conocí nuevas personas que me acercaron a la canción de autor que se estaba haciendo aquí en Holguín por esa etapa. Esta mezcla del estudio de la guitarra y compartir con estos jóvenes fue mi primer impulso para despegar seriamente no solo en la música, sino en la creación musical personal. Pero todo empezó ahí, en el momento en que la guitarra y los amigos me llevan a conocer la trova holguinera.

A partir de entonces solo fue cuestión de tiempo que este trovador comenzara a vincularse con la Asociación Hermanos Saíz y a gestar sus primeros viajes a otras provincias donde encontró espacios y eventos en varias ciudades.

El joven cantautor acopia desde temas más líricos como Alma, Despierta, Naufragio, A altas horas de la noche, esta última inspirada en un poema de Roque Dalton, y otras más contagiosas como Y así cantar o el hermoso arreglo de Te recuerdo, Amanda, de Víctor Jara.

La trova está influenciada y lleva consigo diversos géneros musicales en sí misma. A través de eso he hecho muchísimas cosas, pues mis canciones van desde el son hasta la bossanova. Con todas esas referencias en mis canciones mezclo numerosos ritmos y estéticas cercanas al rock o a la canción cubana contemporánea. Mis referentes los encuentro en la música, la literatura o el cine, pero en el mundo de la trova admiro a Santiago Feliú. También me nutrí de una generación más joven vinculada a la trovuntivitis con exponentes como Leonardo García o Roly del Río. Luego, los referentes que no están tan cercanos a la trova pero igual ocupan importancia en mi trabajo son la música de Bob Dylan o agrupaciones de rock como ACDC, que de cierta forma me han llevado a una emoción particular que me han provocado a escribir.

En cuanto a mis letras, considero que existen distintas formas de enfrentarse a la composición musical. Podemos verlo desde el punto de vista de comunicar una idea o de contar una historia personal o general. En mi caso, probablemente de forma inconsciente, mi objetivo ha sido siempre transmitir una emoción; la que hizo que naciera esa canción o que se vaya transformando con la vida propia que ellas tienen. Tanto letras como música de mis temas van enfocadas a compartir una emoción con otro ser humano.

Manuel Leandro he tenido la suerte de que a sus peñas El club de los necios se haya sumado muchísima gente joven que gusta de su música, de la trova. Donde quiera que he tocado en Cuba he sentido como una especie de buena sintonía con el público que necesita una canción distinta, que le transmita cosas diferentes. El trabajo no es quizás intentar encontrar un auditorio mayor, sino crear una lista de espacios y alternativas para que quien esté buscando la canción de autor, tenga donde encontrarla.

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