A+ A A-

Entrevistas

  • Escrito por Bernardo Cabrera
  • Categoría: Entrevistas
  • Visto: 571

Un premio para una “bebé” gigante

Sus amigos le dicen cariñosamente “bebé” debido a una anécdota de la etapa universitaria, pero tras conversar unos minutos con ella te percatas de que es más bien una gigante del conocimiento de la ciudad, que en cada criterio desborda pasión y humildad.

Su aversión por la Física y la Química y el empuje de sus compañeras incidieron en su vocación hacia las Letras, para fortuna del patrimonio de Holguín y de toda la nación.

Aunque se inscribió en la carrera de Licenciatura en Historia en la Universidad de Santiago de Cuba, su madre no lo pensó dos veces para coger su expediente y llevarla a estudiar a La Habana. Una acción que ella agradece, aun cuando el curso ya había empezado y le costó adaptarse a un aula donde había pocos jóvenes y los demás eran profesores e intelectuales como Enrique Sosa Rodríguez, avezado panelista del programa televisivo Escriba y Lea.

Asistir a las conferencias de Adelaida de Juan, Estrella Rey Betancourt, Alejo Carpentier, Rosario Novoa y otros talentosos maestros, aparejado a las horas de estudio en la Biblioteca Nacional y los archivos, fueron enrumbando su destino. En esos años de estudios no podía imaginar lo prolífica y necesaria que sería su labor investigativa.

Hasta la entonces Isla de Pino se fue a inaugurar el servicio social tras graduarse en 1967 y un año después se trasladó a la Comisión de Historia de Santiago de Cuba, dirigida por el pintor e historiador Miguel Ángel Botalín y el entrañable amigo de Frank País, Arturo Duque de Estrada.

Allí sería la encargada de perpetrar la historia del IV Frente Oriental “Simón Bolívar”, mediante entrevistas con los jefes de pelotones, como el comandante Orlando Lara.

Una vez concluido el servicio social rural, a ella y a su amiga Daniela Norat les ofrecieron trabajar en el Ministerio de Relaciones Exteriores, en la Casa de las Américas y hasta en la televisión, pero ambas optaron por el Departamento de Monumentos y Museos, que radicaba en el Castillo de la Fuerza, debido a su afición por la arquitectura antigua.

Durante siete años Ángela fue al encuentro de casonas, conventos, mansiones, plazas y otras edificaciones de La Habana Vieja para inventariar los inmuebles patrimoniales. En ese tiempo también incursionó en la arqueología y aprendió a interpretar los restos del pasado, gracias al curso impartido por Ernesto Tabío, José Manuel Guarch Delmonte, Milton Pino, Rodolfo Payarés y otros científicos distinguidos del país.

De esa forma pudo participar en importantes excavaciones en La Campana, en Banes; la cueva de La Pintura, en Bahía Honda y La Martina, en la península de Guanahacabibes, para luego contribuir a demostrar que El Chorrito era el lugar fundacional de Camagüey y a descubrir las estructuras de las ruinas del ingenio Triunvirato, en Matanzas.

A finales de la década del 70´su tierra natal la acogió como museóloga de La Periquera y ella le retribuyó realizando aportes a la conservación y preservación del patrimonio construido, así como al esclarecimiento de los inicios y tradiciones de la ciudad y la categorización de las edificaciones del centro histórico.

Así lo atestiguan la Casa Natal de Calixto García, la Casa del Teniente Gobernador, la Loma de Hierro y la Catedral, entre otros sitios, y lo certifican más de una veintena de libros, entre los que destacan “Holguín colonial: páginas de su historia”; “Holguín en dos siglos de arquitectura”; “La ciudad de los parques” y “El sistema defensivo hispano de Holguín y Gibara”.

La proposición del camino de la Virgen de la Caridad del Cobre como Monumento Nacional y la posterior declaración de Cayo La Virgen, Barajagua y el Paisaje Cultural del Cobre en el año 2012, fue posible gracias a su trabajo conjunto con el arqueólogo Roberto Valcárcel Rojas y el ingeniero civil Miguel Ángel Urbina, quienes le permitieron investigar el primer paisaje mariano desde distintas técnicas y aristas. Actualmente trabaja en el expediente de la Salina de El Ramón de Antilla, para completar ese camino que atrae a devotos y turistas.

Por la pasión que le pone a todo lo que hace y los más de 50 años dedicados a la defensa y conservación de los inmuebles, es que sufre con cada casa o institución modificada en detrimento de su valor patrimonial y de la unidad arquitectónica de la ciudad.

Para ella el hecho histórico por sí mismo no dice nada si no se interpreta y se ve en relación con la sociedad, y atribuye sus méritos a la interdisciplinariedad, a las enseñanzas de sus profesores y al trabajo en equipo.

Así es Ángela Peña Obregón, una intelectual fascinada con su trabajo, que ostenta importantes reconocimientos locales y nacionales, a los cuales se sumó recientemente el primer Premio Provincial de Historia “José Agustín García Castañeda” por la Obra de la Vida.

A sus 75 años el cansancio y la desidia no forman parte de su lenguaje ni de sus planes inmediatos y el brillo en sus ojos me advierte que organiza ideas para su próxima investigación o proyecto.