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  • Escrito por Yaylen Vallejo Paz
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Voy para el trabajo

Como cuando se dejan de tener compañeros de aula para tener compañeros de trabajo, así de grande se siente uno cuando deja de decir voy o vengo de la escuela.

No importa si estabas en la primaria, el preuniversitario o la universidad; ante los ojos del trabajador o de los padres sigues siendo "un muchacho de escuela". Tantas veces intentaste hacerles notar que no, que a pesar de estar estudiando aún, tenías valores y prototipo de profesional (en vano siempre).

Entonces procuras adelantar los días, los años; para quetermine pronto esa etapa en que todos te miran y piensan que duermes demasiadas horas y que vives sin a penas sospechar las responsabilidades de la vida adulta, de la cual eres consciente solo por la edad.

Quieres a toda costa quitarte la estampa de adolescente estudioso que llevas en el rostro, sin imaginar que el precio por ello es la ingenua tranquilidad de sentirte todavía con algo de niño.

Llega el momento esperado, la meta anhelada por más de 15 años de estudio: te gradúas. Y como caer en un abismo (que imaginas fascinante) empiezas a trabajar; con más o menos expectativas, con más o menos complacencias, con ideas rimbombantes e ímpetus de más y siempre temores y recelos de menos.

Ahí vas, con tus conocimientos y recuerdos alborotados, una buena dosis de tecnologia entre los dedos y la
expresión de "no sé qué" que te durará unos pocos días. Hasta que se olvide que eres el nuevo, hasta que comiences a extrañar todos los sitios de donde quisiste salir mientras estudiabas, hasta que no te parezca un juego de roles infantiles girarte y responder: voy para el trabajo.

Entiendes por fin a los "adultos trabajadores" cuando se quejaban por tu exceso de horas de sueño y de "vivir como Carmelina", entiendes que no eran reproches ni menosprecio, era solo la envidia sana de quien extraña los años que nunca volverán.

  • Escrito por Roberto Ortiz del Toro
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Solo con exigencia y control ganaremos la batalla por los precios topados

Albergo la esperanza de que más temprano que tarde se cumplan, como es debido, las regulaciones de precios a productos y servicios por parte de los trabajadores no estatales o cuentapropistas, lo cual no vendrá por voluntad propia, sino mediante la exigencia, el control y el chequeo que tienen que ejercer  las autoridades facultadas para que eso suceda.

Evidentemente existe una tendencia a no acatar las medidas establecidas por los Consejos de Administraciones, tanto provincial como municipales, pues siguen pululando los precios elevados que se mantienen en la comercialización, como es fácil de comprobar en las tarimas de los puntos e venta en las ferias dominicales, y a diario en los carretilleros que expenden sus productos.

Lo anterior es válido también para  el cobro de los servicios del transporte, lo cual ha provocado la disminución de los autorizados a prestar ese servicio por estar renuentes a acatar lo legalmente establecido.

Se sabe que se trata de una batalla que habrá que ganar, sin excesos, pero sin concesiones y que la tarea resultará a todas luces difícil, más no imposible si cada cual cumple y hace cumplir lo que le toca y que involucra a todos los actores involucrados en ese proceso.

Sigo apreciando un débil actuar del cuerpo de inspectores, como también los clientes muchas veces no denuncian las violaciones,  y acceden a comprar los productos o pagar un servicio alegando que es la única manera de resolver su problema.

Lo cierto es que las aguas están muy lejos de coger su nivel, y mientras eso ocurra seguiremos tolerando la apuesta por la ilegalidad, para sostener el éxito de negocios particulares que solo benefician a personas inescrupulosas, insensibles y oportunistas.

El panorama es complejo y exige un enfrentamiento ágil y enérgico a los violadores, así como acciones persuasivas que lleven al convencimiento de lo justo y necesario de una medida que cuenta con la aprobación mayoritaria del pueblo. Pongamos todos  nuestro  granito de arena para salir airosos en el empeño.

  • Escrito por Claudia Mara Cruz Escalona
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Un día de empoderamiento femenino

Cuando las mujeres de todos los continentes, separadas por fronteras nacionales y diferencias étnicas, lingüísticas, culturales, económicas y políticas, se unen con el fin común de luchar en pro de la igualdad, la justicia y la paz; las cubanas contemplan también una tradición de casi seis décadas de proclamar la equidad de ambos sexos como un derecho fundamental e indiscutible.

El proyecto social revolucionario desde sus inicios gestó una organización que se trazó como objetivo principal la incorporación de la mujer a la sociedad y al empleo, así como al programa de cambios sociales y económicos en marcha en el país.

De la mano de Vilma Espín, e impulsada por Fidel Castro, la Federación de Mujeres Cubanas construyó un legado de participación para las más de cuatro millones de féminas que hoy la integran. Como es conocido, las federadas poseen entre sus tareas más importantes coordinar la labor de las trabajadoras sociales voluntarias y las brigadistas sanitarias.

Entres sus misiones destaca además el trabajo de las Casas de Orientación de la Mujer y la Familia, un espacio que atiende problemáticas en el seno filial, incluida la maternidad temprana, el alcoholismo o la violencia de género.

Gracias a su apoyo en muchos ámbitos la mujer cubana ha saldado la deuda con su empoderamiento, reivindicando sus derechos e integrándose de manera plena al ejercicio social. Sin lugar a dudas su labor tiene gran impacto, pero reconocido incluso por sus integrantes, a la federación le sobran retos que enfrentar.

Entre ellos se impone el actuar efectivo de los bloques, la participación de todas en las actividades de intercambio, la vinculación y motivación de las jóvenes y el desarrollo de propuestas novedosas en su accionar, por solo citar algunos de los elementos que empañan su óptimo funcionamiento.

Son horas de, a tono con los nuevos cambios que se promueven en el país, buscar formas de renovar y realzar la organización, para que cumpla a cabalidad su empeño en la erradicación del machismo aun vigente en la sociedad y contribuya al verdadero empoderamiento femenino que nos merecemos.

Pero un día como hoy nos recuerda que para ello las cubanas no recurriremos a huelgas sexuales como las representadas en obras teatrales de la antigua Grecia, ni a las posturas radicales de los movimientos feministas norteamericanos donde quemaban sujetadores; porque sabemos ganarnos nuestros espacios a golpe de valentía y esfuerzo, de inteligencia demostrada y de sobradas aptitudes.

El 23 de agosto es en toda Cuba un momento de reflexión sobre los progresos alcanzados, un llamado al cambio, y una celebración de los actos de valor y determinación tomados por mujeres comunes y corrientes que han tenido un papel extraordinario en la historia de nuestro país.