Comentando

  • Escrito por Beatríz Galbán Álvarez
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Constitución de la República

La vida de la nación transita por días de polémica y optimismo en el futuro.

No es casual escuchar criterios encontrados en medio de un mundo donde Cuba se levanta con voluntad a cada segundo.

Tal vez porque las cubanas y los cubanos seamos únicos en este hemisferio, únicos para decidir y continuar por una sola ruta.

Las críticas, los  montajes en las redes sociales, las opiniones de quienes no entienden las posiciones gubernamentales y lo más reciente en el ámbito político: primero la consulta popular del proyecto de la Constitución de la República de Cuba y ahora su referendo el 24 de febrero.

Y como existe la garantía constitucional de que la isla es un estado socialista de derecho y justicia social, democrático, independiente y soberano, con todos y para el bien de todos, y como esa soberanía reside en el pueblo vale el voto positivo por la Carta Magna. Cuba estudia su articulado con modificaciones escuchadas en la consulta popular organizada del 13 de agosto al 15 de noviembre. Nada le fue ajeno a la comisión, que con juicio crítico e inteligencia valoró las preocupaciones de todas las generaciones.

Si alguien dudó de la capacidad de intencionar el texto constitucional a los nuevos tiempos al leerse hoy los 229 artículos comprende de inmediato que es una Ley de leyes funcional, de avanzada, moderna y revolucionaria. En ella los acápites referidos a que todas las personas son iguales ante la ley, reciben la misma protección y trato de las autoridades y gozan de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin discriminación por razones de orientación sexual, identidad de género, edad, color de la piel salen a la luz como nunca antes.

 Esta es la octava Constitución promulgada en Cuba, varias durante la gesta mambisa, las de 1901, 1940 y 1976,  a la cual se le hicieron transformaciones en 1978, 1994 y 2002. Y como la vida de la nación va hacia el Referendo Constitucional del 24 de febrero yo doy mi voto SI por el país al que amo y deseo verlo próspero. Hoy una decisión por Cuba es una decisión por Latinoamérica.

  • Escrito por Liudmila Peña Herrera
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De la gestión tradicional al trámite electrónico

En los tiempos actuales, Internet se nos presenta como el escenario más actualizado para afrontar las múltiples y complejas gestiones cotidianas. 

Y aunque muchos duden cuando se les habla de solucionar, desde cualquier sitio de Cuba y a través de Internet, asuntos comunes y corrientes, trámites, compra de boletos; o incluso de expresar quejas y denuncias ante ineficaces procederes institucionales o sociales…, lo cierto es que hoy nos encontramos unos pasos más cerca de aquello que parecía una utopía para esta Isla, donde el desarrollo tecnológico no nos llega a la misma velocidad que al mundo desarrollado.

Esta semana, mientras revisaba el Portal del Ciudadano de Holguín (http://holguin.gob.cu/es/), justo un mes después de su presentación oficial a los delegados a la Asamblea Provincial del Poder Popular –ya estaba online desde hacía varios días–, tuve la certeza de que, así como la comunicación se transforma debido al uso de las tecnologías informáticas, las vías de gestión de las preocupaciones y necesidades ciudadanas en Cuba van tomando un camino más moderno, imposible de imaginar para nuestros abuelos.

Ya lo saben –porque son testigos del cambio in situ- quienes viven cerca de Adrián Fernández, quien escribió en el Portal el pasado 3 de enero: «Los vecinos de la calle Arias, entre Carbó y Dositeo, seguimos sin recibir respuesta sobre el hueco, de casi 1 metro de diámetro, que alarma a todos por su peligrosidad».

Nueve horas después, Eudelio Ricardo Mondeja, delegado de la Dirección Provincial de Recursos Hidráulicos, le respondía que la preocupación había sido trasladada a la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Holguín para su atención. Hubiera podido parecer que la «bola picaba y se extendía», porque como contó a esta periodista el propio Adrián Fernández, «desde hace más de 10 años, los vecinos escribieron al diario Granma, al periódico ¡ahora!, a Telecristal, en fin... ya habían perdido la esperanza de solucionarlo». Sin embargo, cinco días después, el problema dejaba de existir sin necesidad de papeleo, burocracia, salas de espera, viajes infructuosos… El canal de comunicación había resultado efectivo.

No quiero decir que las vías anteriormente utilizadas no sean eficaces en innumerables casos, sino que la queja, al quedar respondida, se convertía en ejemplo de la efectividad de la comunicación entre la ciudadanía y el gobierno a través de Internet, siempre que todos los actores que conforman ese dueto se encuentren en la misma sintonía.  

Con solo un mes de lanzado al «mar de las conexiones», el Portal del Ciudadano de Holguín había recibido, hasta el 16 de enero, 116 comentarios; 80 de ellos relacionados con sectores claves para la sociedad como Acueducto, Comercio, Planificación Física, la Vivienda, entre otros. Para esa fecha, el 47,8% de ellos todavía no recibía respuesta, mas el hecho de que los holguineros escriban, es una muestra de confianza y de participación.

¿Que no es suficiente? Es verdad. ¿Que los representantes de los organismos deberían responder a cada una de las preocupaciones, y que las tecnologías y el acceso a Internet no están al alcance de todos? Más que cierto.

Esta vía de comunicación no tiene mayor prioridad que la tradicional, pero sí representa otra forma de acceso a la información y supone una ruta adicional para reconfigurar el diálogo entre instituciones públicas, dirigentes, gobernantes y la población.

Lo que sí quisiera subrayar es que, a todos, de un lado u otro de las pantallas de los ordenadores o los dispositivos portátiles, nos hace falta aprovechar al máximo las potencialidades de los Portales del Ciudadano que hoy existen en el país. La información y la respuesta oportunas de los organismos de la administración del Estado, así como las dudas, criterios y aportes que cada persona pueda tributar, favorecerán el logro de lo que preconizaba el internauta Armando Bruzón en el Portal holguinero: «Si esto no se queda en la superficie ni cae en la inercia y se convierte en un verdadero instrumento de gobierno, donde las masas vean que realmente participan con sus ideas en el desarrollo y mejora continua de la sociedad, será un arma verdaderamente revolucionaria en el siglo XXI para el control de la calidad de todos los procesos, y para la lucha contra el burocratismo, el delito, la malversación y la corrupción, porque será un sitio ideal para denunciar todo tipo de desvío en la construcción del socialismo».

En la época de la comunicación instantánea y el intercambio ilimitado de información en el mundo, el uso de Internet en Cuba no debería convertirse exclusivamente en un hobby o en una manera de entretenerse o «pasar el rato». Si cada byte cuenta –en lo económico, quiero decir–, y las opciones para usarlo en función de administrar mejor el tiempo y gestionar asuntos con mayor facilidad comienzan a dar frutos, los ciudadanos «conectados» podríamos repensar nuestras prácticas frente a un navegador de Internet. El ejercicio de gobierno no ha de ser una tarea individual, si la ciudadanía tiene acceso a un Portal que es suyo, y en Holguín esta oportunidad ha comenzado con el pie derecho.    

  • Escrito por Liudmila Peña Herrera
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¿ La familia sigue ahí ?

Dicen los expertos que ha cambiado la estructura, que el modelo va del cásico al emergente, que no es casual, porque no somos los mismos de hace décadas atrás.

Existen muchos estudios científicos que caracterizan, describen y explican cómo y por qué la familia cubana ha buscado –como las de casi todo el mundo– nuevas maneras de conformación y representación, para estar a tono con las realidades contemporáneas. Numerosas disparan las alarmas de los poco acostumbrados a lo diverso o a lo menos frecuente.

Pero no es la estructura diferente lo que debiera preocupar. Por suerte, cuando despertamos –como lo que sucede con el Dinosaurio de Monterroso– la familia sigue ahí, más o menos íntegra, organizada de esta o aquella manera, comunicándose de una u otra forma, pero continúa ahí, en el centro mismo del palpitar de la sociedad, formando parte de la conciencia y el corazón de los cubanos.

No es casual que la Constitución de los nuevos tiempos conciba a la familia como la base de la construcción y el desarrollo de la Cuba mejor que nos proyectamos. Tampoco lo es que al finalizar 2018 un por ciento incalculable pero considerable de cubanos nos hayamos sentido necesitados de acudir al calor de la familia ampliada, esa que heredamos desde el nacimiento y que construimos, poco a poco, con el decursar de la vida, para recibir el 2019 con más amores que desazones, compartiendo espacios en vez de dividirlos, soñando los sueños nuestros y quién sabe si haciendo que se cumplieran los de otros tan solo con nuestra presencia.

A lo largo de la historia patria, la familia cubana ha sorteado no pocos obstáculos –tanto materiales como espirituales-, muchas veces enfrentándose a laberínticos procesos (migraciones, divorcios, estrecheces económicas…) de los cuales ha salido mucho más fortalecida, en algunos casos y, en otras, escindida. Por eso mi reflexión no se enfoca tanto en la composición del núcleo familiar, como en la salud de sus relaciones, en la fortaleza de las raíces de la planta matriz de la cual depende, en buena medida, la calidad de sus frutos.

Tengo que reconocer que aunque el tema me inquieta desde hace mucho, la inspiración nació gracias a un correo electrónico de una fiel lectora, la profe Matilde, quien ponía el pie forzado a este comentario contando que se sentía desfallecer en medio de una enfermedad agravada por sus padecimientos de base, y cómo el cariño de su descendencia la hizo «reverdecer» de entre la desesperanza.

En tiempos tan complejos como los actuales, donde la preeminencia del dinero y el individualismo marcan el comportamiento de no pocas personas, cada miembro adulto del hogar debe hacer un espacio en la agenda cotidiana, para replantearse cómo mantener con vida y fortalecer esos hilos misteriosos que conforman la armonía, la paz, el respeto, la admiración y el cariño entre los miembros de la familia. Porque no se trata solo de convivir y satisfacer las necesidades materiales (que no dejan de ser imprescindibles), sino de reconocer el valor de los afectos, de la importancia del apoyo tras una dificultad o la celebración de cualquier éxito, por pequeño que parezca.

Para que una familia pueda existir de forma armónica, cada miembro cuenta, desde el anciano o la anciana que se mece en el sillón e intenta leer pacientemente este periódico, hasta el bebé que hoy acaba de nacer y es el centro de atención de toda la familia.

Sobre todo, debemos tomar precauciones para que ese pequeño integrante crezca en el amor a sus mayores –hermanos, padres, abuelos… y todo ese conglomerado de personas a quienes lo unen, genética o espiritualmente–. Nadie ha dicho que sea fácil, que no conlleve esfuerzo y paciencia; pero de lograrse, estaríamos garantizando que mañana nuestros hijos y nietos no solo miren hacia el horizonte en su búsqueda por la satisfacción profesional y personal, sino que también detengan sensiblemente su mirada en ese ayer que seremos nosotros mañana y no los guíe el egoísmo que pone en peligro el concepto de familia en la que, reitero, no es más importante su composición que los valores que la definen.