Comentando

  • Escrito por Beatriz Galbán Álvarez
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"Convicción de cubana”

Querer a Cuba es un sentimiento íntimo. Es ese dar a la tierra que te vio nacer y a la que te debes en cuerpo y alma.

Querer a Cuba es mirar la bandera con los ojos abiertos y sentir el orgullo muy dentro, ese orgullo sano de defensa y entrega, de conminar a todos y decir que sientes y padeces porque la sangre que corre por tus venas es cubana.

Es convicción en el hacer y el decir, es correspondencia entre el actuar individual y el pensamiento colectivo es responder con estrategias colectivas, las que solucionan y viabilizan las situaciones coyunturales, esas que por estos días sacan a la luz toda la sensibilidad de las cubanas y los cubanos. Me aferro a la bandera de la estrella solitaria con la convicción de desandar otra vez los mismos caminos de mi juventud ahora en tiempos de más sueños por conquistar.

Y desafío los amaneceres y me siento guerrera capaz, esperanzadora y tierna. Es 10 de octubre de 2019 y evoco a Céspedes hablando a los esclavos en la mañana de otro 10 de octubre de 1868. La diversidad de colores matiza la misma nación de aquellos hombres dispuestos a una nueva hombrada.

Es 10 de octubre de 2019 y el ingenio La Demajagua trasciende a las sesiones del Parlamento Cubano. La estirpe libertaria de los que habitamos esta tierra ahonda en nuestra convicción de cubanas y cubanos.

  • Escrito por Yaylen Vallejo Paz
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Zapatos en la pared

Aunque en los últimos años se han realizado múltiples campañas en pos de saldar la deuda por el valor de las mujeres en el universo; aún existe violencia, discriminación, maltrato.

Miles de mujeres y hombres alrededor del mundo han alzado su voz, han salido de la fila y abierto sus manos en señal de stop; como reclamo al respeto y expresión de las tantas denuncias que quedaron para siempre silenciadas.

Cada vez la campaña por la No violencia hacia las mujeres gana más defensores. En esta ocasión las miradas en las redes sociales son atraídas por cientos de zapatos colgados en un edificio.

Estambul. Corren los últimos días de septiembre. Un artista expone su última creación; quiere llamar la atención del mundo. Lo logra.


Vahit Tuna es un artista gráfico que pretende denunciar el feminicidio en Turquía mediante su obra. "Puse zapatos para representar a las 440 mujeres que fueron asesinadas tristemente el año pasado, para crear conciencia social sobre los feminicidios".

 
La inquietante obra de arte, que estará expuesta hasta febrero del 2020, tiene como objetivo llamar la atención sobre el problema del abuso doméstico que a menudo se esconde debajo de la alfombra.

Dos edificios cuentan con la instalación, uno en el barrio Kabataş de Estambul y el otro en el distrito de Beyoğlu. En un área aproximada de 260 metros cuadrados en la pared exterior del edificio de Yanköşe (con una céntrica ubicación en la ciudad) se exhibe el mensaje de Vahit, quien decidió intencionalmente mostrar su trabajo en el exterior del edificio para llamar la atención de los buscadores de arte y también de los transeúntes que pasan por allí.

Vahit se describe a sí mismo como diseñador gráfico y "no distingue entre arte y diseño", trabajando en ambos campos. Diseñador de muchas publicaciones de arte prominentes y librosde artistas en Turquía, también es blogger y músico.

En el artículo que habla sobre el tema, publicado por la BBC News, devela que unas 440 mujeres fueron asesinadas en Turquía en 2018, según Kadın Cinayetlerini Durduracağız Platformu (Plataforma para detener el feminicidio), una organización que mantiene un recuento de feminicidios en todo el país. El número de mujeres asesinadas en 2017 fue de 409, según un informe anterior publicado por la misma organización.

Cifras alarmantes, historias contadas por hijas, madres, hermanas, amigas, también por hijos, padres, hermanos. Sin embargo por ellas no, siempre serán las víctimas de alguien más y ya no podrán decirlo. Por eso, cada reclamo debe multiplicarse, cada grito en la oscuridad tiene que encontrar respuesta, cada manifestación que se haga en el mundo por quienes defienden esta campaña va a exigir, en letra roja y grande: Ni una más.




  • Escrito por Beatriz Fernández Bao
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Tecnología para todos

El siglo XXI es sinónimo de cambios sociales, económicos, culturales y tecnológicos, siendo este último uno de los más recurrentes en diferentes escenarios.

Aparatos van y vienen, marcas súper sónicas nos dejan con la boca abierta y sin tiempo para asimilarlo. El desarrollo tecnológico a nivel mundial marca la avanzada y se roba el show ya obsoleto de tecnologías pasadas. Lo que antes era el top ahora es una simple pieza museable. ¿Quién lo iba a decir?

La vitrola de los 30, los tocadiscos de los 50, los inmortales radios Veff, son algunos de los tantos ejemplos que, fueron la envidia de muchos en su época, pero ahora como diría un buen cubano “ya no pintan nada”. Con el paso de los años y el empeño de muchos quedaron desplazadas estas tecnologías por otras más actualizadas.

Si bien estos cambios revolucionarios pueden incidir de manera positiva en la sociedad, también causan cierto rechazo o desconcierto en algunas personas adultas que pertenecen a la tercera edad. No son pocos los de ese grupo que, ante la presencia de uno de esos teléfonos móviles, ya sean inalámbricos o celulares, fruncieran el ceño o se obstinaran en actitud de no aceptación; y para qué hablar de los ordenadores, memorias flash, TV digitales o cualquier otro artefacto ajeno a su zona de confort.
Las facilidades de estos adelantos y las posibilidades de su manipulación, han sufrido la devaluación constante de su utilidad por parte de la más antigua o experimentada generación; pero como no todo es para siempre, los nuevos adelantos no solo han conquistado a los millenials (jóvenes o nativos digitales), sino que han logrado dar una vuelta de hoja en esos que han vivido más tiempo.

Llama la atención como muchas de estas personas desafían la tecnología y se conectan a Internet para comunicarse con sus familiares. Ya le son bien conocidos términos como Whatsapp, Messenger, Zapia. Otros se conectan por 3G y navegan por Google o se hacen un perfil de Facebook, mandándoles solicitud a todos sus conocidos.

Es curioso oírlos hablar de contraseña o pin para ingresar a su cuenta de ahorro en las tarjetas de crédito, ya aborrecen la cola en los bancos y agradecen la facilidad que brindan los cajeros automáticos para extraer su dinero.
Y qué decir de los asiduos consumidores de películas, novelas, shows, grabados en el famoso paquete a través de un pequeño dispositivo llamado memoria flash. ¿Acaso eso también no es adelanto?

Estos simples ejemplos son los que hacen pensar que, a pesar de ser las tecnologías propias de una época, ellas no son privativas de un grupo de personas o de otras, aunque algunos comprendan su funcionamiento con mayor dificultad.

Como afirman algunos estudiosos, la aparición de innumerables tecnologías, principalmente aquellas que se refieren a la comunicación y a la información, ha traido como resultado grandes cambios en las actividades y rutinas de los individuos que forman nuestra sociedad.

Unido a lo anterior se agrega la convivencia en espacios hogareños de hasta cuatro generaciones de personas que, desde sus diferencias, comparten también sus conocimientos en cuestiones de tecnología y, porqué no sus aparatos tecnológicos.