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El examen que Cuba no puede desaprobar

El proyecto de Constitución está en las manos de los holguineros.

En el Poligráfico José Miró Argenter, de esta ciudad, nuestro también se imprimieron los tabloides que se venden en las unidades y estanquillos de la Empresa de Correos de Cuba, y ahora hay miles de holguineros leyendo, marcando el texto, haciendo anotaciones, preparándose, para poder participar, para poder debatir.

Se ha dicho que no hay límites para opinar. Todo el que quiera expresar algo, puede hacerlo. Y lo único que se pide es que haya respeto en cada opinión, porque los temas son trascendentales para el futuro del país.

Y que los temas hayan despertado ese interés, ya es una victoria adelantada. Malo sería que pasaran por alto, y que a nadie le interesara el contenido de la Ley de leyes de la nación. Y lo digo porque ese interés también se educa.

Si una cosa dejaron en claro los debates en la Asamblea Nacional –como queda en claro en nuestro día a día–, es que la cultura jurídica de nuestro pueblo no está en su mejor momento.

Ni la Educación Cívica en las escuelas ha dado en el blanco, porque se ha impartido “por arribita” en muchos casos, ni en otros espacios académicos e institucionales se ha hecho hincapié en ello. La verdad es que se ha privilegiado la educación con enfoque patriótico y nos ha faltado ese proceso civilizatorio, que enseña a vivir en sociedad, desde el respeto a la legalidad; y la ignorancia no puede frenar el desarrollo social de Cuba, ni privarnos del sentido común, de la justicia.
También es cierto que el acceso a la Constitución ha estado demasiado restringido por mucho tiempo, y por eso el que tenía o tiene una Constitución en casa, puede darse en el pecho.

Ahora que se ha logrado imprimir de este modo el nuevo proyecto, uno se da cuenta de que lo que faltaba era el empujón preciso para lograr que la Constitución estuviese en miles de manos. Y los cubanos a los que este tema les ha preocupado –que no han sido pocos–, siempre ponen el ejemplo de Venezuela, donde se ha gobernado y discursado con el librito de la Constitución por delante.

Eso habría de servirnos de algo. Y espero que así sea de ahora en adelante, porque nunca se había suscitado en Cuba un análisis de nuestra Constitución como el que ahora está teniendo lugar en cada espacio de nuestro país, y que será mayor desde el próximo 13 de agosto.

Dice mi amigo Ronquillo, presidente de la UPEC, en un texto publicado en Juventud Rebelde este domingo, que para ser un buen ciudadano no basta con haber nacido en Cuba o “portarse bien”. La condición de ciudadano es, además, un compromiso con la esencia misma de la nación. Con su destino.

En Cuba ahora tendremos la posibilidad que no tiene ningún otro pueblo del mundo, de opinar sobre la letra y el espíritu de la Constitución, de decir lo que pensamos, para que eso “suba” y lo analice la Comisión parlamentaria, lo lleve luego a los diputados y baje en forma de referendo una vez más hasta las masas, que son las que deciden en última instancia.

Parece un proceso complejo, pero todo lo que enaltece y honra implica algún tipo de sacrificio, como decía Martí. Esto apenas está comenzando, y lo importante ahora mismo es prepararnos bien, y no quedarnos con dudas, como algunos hacían en la escuela y luego en los exámenes salían mal. El debate constitucional es un examen (de principios, deberes y derechos) que Cuba no puede desaprobar.

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