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Nueva Constitución, nuevo país

Con la inmediatez que solo da la radio, la emisora Radio Angulo publicó que en Holguín la primera consulta popular en torno al proyecto de nueva Constitución, tendrá lugar en el municipio de Cacocum.

La fecha programada es el venidero 13 de agosto, que en Cuba tiene un significado especial, por conmemorarse el natalicio de Fidel, y obviamente esta elección no es hija de la casualidad.

Como tampoco es casual que el sitio escogido sea la circunscripción 39, de Los Pinos, porque allí se alcanzó el más alto porcentaje de participación ciudadana durante las pasadas elecciones, con un 86,96 por ciento, y lo sabe bien su delegada, María Elena Calvis Carrazana, quien seguramente ya se prepara para el debate.
Después de eso, en la provincia de Holguín, como en toda Cuba, se desarrollarán consultas populares similares, en barrios, centros de trabajo o de estudio, y en espacios habilitados para reunir a trabajadores por cuenta propia.

También en el exterior, los colaboradores cubanos y el personal de las embajadas y consulados, debatirán los entramados de este proyecto de Constitución que fue aprobado por los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular hace solo unas semanas.

Y comencé hablando del futuro, para irme entonces al pasado reciente, puesto que ni los Juegos Centroamericanos de Barranquilla, ni la imaginaria ola de calor, le quitaron el protagonismo a las discusiones respecto a la reforma constitucional, donde lo mejor que pudo suceder fue ver a los diputados mostrar su inconformidad, sus preocupaciones y defender sus posiciones, más o menos centradas, más o menos correctas, porque mucha gente ha dicho por demasiado tiempo que en la Asamblea Nacional la unanimidad está a la orden del día, y qué bueno que no sea verdad.   

Algunos me han preguntado: “Bueno, y ¿para qué cambiar la Constitución si eso no va a quitar el Bloqueo ni tampoco va a poner el plato de comida sobre mi mesa?”. Y yo no tengo la respuesta para esa interrogante, pero Cuba no es la misma  de 1976 –¡claro que no!–, y el entendimiento de la importancia de transformar la Carta Magna de la República ha estado en boca de miles de holguineros, más ahora que se aproxima el debate de la reforma constitucional y el referendo que la legitimará o no, de acuerdo con el voto del pueblo.

Durante los últimos años nuestros dirigentes han apostado por rescatar la institucionalidad del país, y la nueva Constitución contribuye a ese objetivo. Demasiados tropiezos nos han roto los zapatos hasta hacernos entender que hay que articular mejor cada escenario nacional, desde lo económico hasta lo jurídico-normativo, para no andar dando tumbos por ahí, entorpeciendo el desarrollo en lugar de favorecerlo.

Construir el socialismo es más difícil de lo que parece. A este país en el que vivimos le hace falta de una vez incrementar las inversiones, pero hoy persisten tantas trabas –incluso por omisiones constitucionales– que, cuando avanzamos, nos pasa como a Ruperto, el popular personaje del programa Vivir del cuento: un pasito para alante y dos para atrás.

Sucede, además, que existen estructuras arcaicas e inoperantes, cuya misión fundamental cualquiera de nosotros desconoce en esencia. Tenemos leyes y normativas disfuncionales, obsoletas, que merecen ser cambiadas, renovadas, a ver si así se cumple de verdad “lo que está establecido”. Nos mata la incapacidad de ciertas personas –con responsabilidades altas, en puestos de dirección– para asumir sus cargos con una visión estratégica y propiciar un cambio de situación, porque hay mentalidades más apegadas al celular corporativo que al destino nacional.
La reforma constitucional, implícitamente, tiene esos fines. Hay necesidades urgentes que no pueden ser postergadas, o nos quedamos anquilosados en el pasado y sin futuro posible.

Por lo pronto, desde hoy comenzó a venderse el proyecto de la nueva Constitución en unidades y estanquillos de la Empresa de Correos de Cuba, en las provincias de La Habana, Mayabeque, Artemisa y el municipio especial Isla de la Juventud. En Holguín, el tabloide de 32 páginas comenzará a comercializarse desde el venidero viernes 3 de agosto.

Hacer una lectura crítica del mismo, marcar los artículos que nos parecen decisivos, sugerir readecuaciones, cambios, o que queden como están, será el ejercicio de participación ciudadana que le toca al pueblo desde el 13 de agosto. Hay que sentarse cuanto antes a leer, para preparar bien nuestras propuestas, y para preguntar si tenemos dudas.

Que nadie diga: “Para qué, si ya todo está aprobado”. Pensar de ese modo no ayudará a que incluso se mejore el articulado del proyecto, que los diputados tendrán que aprobar o no en el mes de diciembre, cuando vuelvan a reunirse.  

Los que concibieron la propuesta son personas muy preparadas, es verdad; pero en nuestro pueblo todos los criterios son válidos para hacer crecer la obra de la Revolución. Nadie tiene la verdad absoluta sobre nada. Todos importamos.  Y nos hace falta una Constitución actualizada, moderna, inclusiva, revolucionaria, para poder aspirar a ese mejor país que queremos para nosotros y para nuestros hijos.

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