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Un premio a la vida

Confieso que le temo a la vejez y que cada cana o dolor en una articulación me asusta en la medida que sumo años al calendario.

Pero, al mismo tiempo, disfruto conversar con los ancianos por su mezcla de experiencia y ganas de vivir; por ese don inigualable de siempre tener una anécdota para contar o un consejo para compartir.

Soy de los que se enorgullecen con la colega que no se deja envejecer; con la vecina que ve en su silla de ruedas un medio de transporte y no una barrera; con ese abuelo que mantiene limpias las calles para ganarse honradamente su sustento o con la anciana que a sus años todavía se enamora.

También soy de los que se molestan cuando ven a algunos hijos maltratar verbal y psicológicamente a sus mayores. Cuando ven en ellos un estorbo, los heredan en vida o no les dejan tomar parte en las decisiones del hogar.
Y cuando presencio esto, me viene a la mente la historia del abuelo que era mancillado por su hijo y su nuera, hasta que el nieto empezó a hacer una vasija de barro para darles de comer a ellos.

Reconozco que en un porciento de los casos dan más trabajo de lo que ayudan, pero ¿acaso no tuvieron paciencia con nosotros cuando nos enseñaron cientos de veces cosas tan simples como coger la cuchara, cepillarnos los dientes o dar nuestros primeros pasos?

Cuba está entre los países más envejecidos de Latinoamérica. Aproximadamente 2 millones cuarenta y un mil personas suman en el calendario 60 años o más, situación que se acrecentará para el 2030.

Ante ese desafío, la política social del país establece diferentes medidas para hacerles la vida más llevadera. El acondicionamiento y reparación de las Casas de abuelos y Hogares de ancianos. El Programa de Atención al Adulto Mayor, el establecimiento de estrategias por las autoridades de Salud y la realización de ejercicios gimnásticos en los barrios, son algunas de ellas.

Sin embargo, el reto que impone el contexto demográfico de envejecimiento poblacional no solo concierne a instituciones y directivos. Son la sociedad y la familia los pilares fundamentales para mejorar la calidad de vida de las personas de la tercera edad.

La atención a los más longevos más que una obligación, debe constituir un compromiso y una prioridad. Ellos precisan de nosotros para enfrentar la fragilidad de sus cuerpos y las adversidades de la vida. Necesitan interactuar y socializar con sus familiares, que les dediquen tiempo, los respeten, los escuchen y los hagan sentirse amados.
De esa forma no estaremos haciendo nada sobrehumano, solo les estaremos retribuyendo los años de su vida que entregaron y consagraron a nosotros.

¿Y es que acaso no seremos todos ancianos alguna vez?

Hágase esa pregunta y medite en cómo le gustaría que lo trataran a usted cuando arribe a la edad geriátrica. Luego deténgase un momento y repare en su sensibilidad. Verá que tiene en sus manos el hacerlos felices y que ser anciano no constituye un estorbo, sino un premio a la vida.

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