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Juntos hacia la “nueva normalidad”

Nunca fue tan añorado el beso o el abrazo, tan esperado el festejo o el rencuentro con los amigos, tan deseado ver la luz al final del túnel como en estos tres meses, etapa durante la cual el coronavirus ha puesto en pausa la vida y los planes de 11 millones de cubanos.

La buena noticia es que ya comienza la primera fase de una etapa de recuperación de la enfermedad que traerá consigo el retorno paulatino a una “nueva normalidad”, que para nada significa bajar la guardia en el mantenimiento de las indicaciones higiénicas y el distanciamiento social implementados hasta el momento.

Nos encaminamos hacia un periodo que también requiere de disciplina y responsabilidad. No confiarse y asumir con celo absoluto las medidas recuperativas son las premisas donde las autoridades gubernamentales y sanitarias ponen el énfasis en las condiciones actuales.

Por supuesto, hay sectores más sensibles, donde las previsiones para evitar un nuevo contagio deben extremarse. Este es el caso de la actividad comercial, los servicios gastronómicos, el transporte público, los trámites u otros escenarios donde la aglomeración de personas debe impedirse a toda costa.

En este sentido es vital suspender, al menos temporalmente actividades recreativas, culturales y deportivas a las cuales habitualmente concurre gran multitud de personas. Es cierto que se aproxima la temporada veraniega y las ganas de esparcirse luego de tantos meses en casa se encuentran más latentes que nunca.

Sin embargo, no podemos perder de vista que aún no es tiempo para los excesos si queremos lograr, entre otras cosas, que en el mes de septiembre reinicie un curso escolar truncado por la epidemia.

El conjunto de disposiciones gubernamentales para asumir esta fase de recuperación ha sido muy acertado. La prestación de servicios a un 30 por ciento de su capacidad permitirá mantener el éxito de lo logrado, éxito que depende también de la conciencia individual y colectiva del pueblo cubano.

Es una realidad que la interacción social no podrá ser la misma de antes, que los afectos no serán demostrados de la misma manera y una nueva forma de vida debe apoderarse de la rutina diaria. Un rebrote a gran escala es lo que debemos evitar.

Si bien aun no podemos cantar victoria ni tirar la toalla si es cierto que este largo camino de esfuerzo y sacrificio, de cuarentenas, aislamientos y nasobucos ha valido la pena. Un pueblo más consciente se prepara para el futuro. El coronavirus nos ha dejado la certeza de lo incierto, nos ha enseñado a encontrar otros caminos y la importancia de las pequeñas cosas.