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Grandes de alma

Desde hace días pienso en la obra de amor de la brigada médica de Cuba en la localidad de Crema, en la región de Lombardia. El anuncio del regreso de los 52 valientes que la integran me dejaba sin dormir por las noches hasta que al conciliar el sueño las líneas se aproximaban.

Cuando el 24 de marzo partieron, la mirada era para estos hombres curados de espanto algunos por estar cerca del ébola en África y todos dispuestos a salvar vidas. Italia, un país de cultura milenaria los acogió con muestras de simpatía y gratitud pues el respaldo humanitario sembró más razones para la hermandad mundial.

Al decir del cronista Enrique Ubieta el virus ha revelado la existencia de una juventud deseosa de hacer cosas, de practicar la solidaridad en estos lares, una juventud que la tragedia ha unido, y que de cierta forma, ha despertado en el primer mundo.

Para Cuba hoy la solidaridad es suma de esfuerzos pese a la política genocida del bloqueo y a las sanciones de Estados Unidos. Y es que la solidaridad nace también de la cubanidad, esa que como bandera abrazamos y extendemos al planeta. Ustedes ganaron la admiración de Italia. En estos meses les ha crecido el sentimiento hacia la humanidad.

Entrar a la zona roja, rehabilitar a un paciente, intercambiar conocimientos y experiencias, saberse cercanos al peligro y cumplir los protocolos de seguridad  los devuelve a la tierra que los vio nacer. Entonces pienso. Escribí a los 52 valientes que en Lombardia vieron el rostro más duro del coronavirus. Como grandes de alma llegan a la Cuba que los admira.