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Gustos y tendencias musicales

El mundo está sumergido en un período de transformaciones culturales sin retroceso alguno. El presente siglo llegó acompañado de cambios en todos los sentidos, y el mayor de ellos lo está experimentando la música.

Parece ser que lo producido hoy por la industria cultural es el polo opuesto a lo escuchado en años anteriores. Mientras que nuestros abuelos solían oír música con algún tipo de historia o enseñanza, en la actualidad ganan protagonismo canciones de estructuras simples y carentes además de valores y respeto.

Cuba no escapa de esa invasión sonora, pues se han relegado géneros, autores e intérpretes musicales valiosos, mientras otros menos elaborados ganan popularidad. Independientemente del papel que desempeñan la industria disquera y los medios de difusión, los jóvenes tenemos buena parte de responsabilidad dentro de este fenómeno.

Si bien es cierto que toda persona tiene libertad de expresar y consumir lo que desee, también lo es que para cada género musical existe un lugar, una ocasión y también una edad, pues resulta incómodo ver cómo un niño memoriza temas que, por su contenido, no se adecuan a sus conocimientos y corta experiencia de vida.

De esta realidad son responsables los padres, encargados de velar por la educación de los menores, y sabemos que  permitirles el acceso a este tipo de letras incoherentes y groseras no es la manera más apropiada para educar a un pequeño.

Cada día aparecen más interpretaciones con lenguaje extravagante, cuyo contenido debiera analizarse con mayor profundidad. Quizás sí sea una fiesta el espacio conveniente para proyectar estos géneros musicales, claro, siempre teniendo en cuenta qué tipo de fiesta es.

Pero ¿Por qué tenemos que escuchar lo que no queremos cuando estamos en el barrio, una guagua u otro espacio público? ¿Por qué permitir que un irresponsable intente imponernos sus gustos, incluso violando lo legislado en materia de niveles de ruido permisibles?

Dicen nuestros abuelos, cuando perciben las nuevas tendencias, que “la juventud está perdida”. No lo creo: la preferencia por un género musical no define quién eres. Todos somos responsables y dueños de lo que hacemos, pero debemos aprender a vivir en sociedad y a comportarnos sin involucrar a segundas personas.

Cada ser humano tiene derecho a disfrutar de cualquier manifestación o tendencia cultural, pero también tiene el deber de evitar que sus actividades afecten la tranquilidad ajena, sin olvidar que nuestros gustos hablan por sí solos.

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