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En-red-ada

Hace unos días, mientras esperaba mi ruta de ómnibus en la parada habitual, escuché a una madre que lloraba desconsolada mientras le contaba a su amiga cómo el ex novio de su hija recién había publicado en Facebook una foto en la que la chica aparecía desnuda.

La historia de esta muchacha no es la primera de su tipo. Como ella, otras tantas flechadas se han dejado llevar por los caprichos de sus Romeos, quienes han exigido como prueba suprema de amor, indiscretas capturas que lejos de mostrar sentimientos, desnudan ingenuidades.

En esta cuestión, las archiconocidas redes sociales parecen estar del todo involucradas. Uno de sus beneficios consiste en la ayuda que brindan a personas, muchas veces separadas por la distancia, a conectarse con amigos y compartir información relevante con ellos. Sin embargo, la colocación de datos personales o privados sin control, puede atentar contra la seguridad de quien los publica.

El fácil acceso a las redes y el frecuente contacto con internet ha convertido a niños, adolescentes y jóvenes, en blanco fácil de violadores y abusadores sexuales. Con gran ingenio y resguardados tras las pantallas de las computadoras, estos delincuentes logran que los menores caigan en sus trampas a pesar de los múltiples cuidados de los padres y las recomendaciones de las autoridades.

Y de esta situación no estamos exentos los jóvenes cubanos, pues hace ya varios años que las redes sociales llegaron a nuestro país y lo hicieron para quedarse, y por desgracia comportamientos tan peligrosos y libres de toda racionalidad, como el que les comentaba al principio, también se practican con frecuencia por nuestros jóvenes en estas plataformas.
¿Cuántas veces, mientras revisamos publicaciones de familiares y amigos, hemos tenido la desdicha de encontrarnos con imágenes que exponen por completo cuerpos inocentes, y otros tantos más atrevidos e inconscientes?

Cabe entonces preguntarnos: ¿hasta qué punto están al tanto los padres de los contenidos que generan y comparten sus hijos cuando interactúan en Internet, o de qué tipo de páginas frecuentan, qué información buscan? ¿Acaso no corresponde también a las escuelas tomar partido en esa situación y servir como orientadoras y formadoras de consciencia para nuestros niños, adolescentes y jóvenes?

Así como no es aconsejable compartir con extraños en la calle tu número de teléfono, dirección o lugar de estudio, tampoco lo es hacerlo en internet sin el control adecuado. Ten siempre en cuenta que estarás expuesto a los ojos de millones de usuarios de los que nada conoces y que, por ende, utilizando tus perfiles virtuales, bien pudieran en unos pocos segundos destruir tu realidad, sin que apenas lo sospeches.

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