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Golpe de Estado en Bolivia, ¿espontáneo o premeditado?

Como en el juego de ajedrez donde cada movimiento ha sido minuciosamente planificado, así puede describirse la estrategia empleada en Bolivia para desacreditar al presidente Evo Morales Ayma y propiciar su dimisión forzada tras casi 14 años de gobernación y múltiples conquistas económicas y sociales.

Lo que podría parecer un hecho perpetrado por un pueblo descontento o un simple acto de violencia, no es más que otra muestra fehaciente de una campaña de propaganda bien orquestada por los oligarcas de la ultraderecha, con financiamiento del gobierno norteamericano.

Acudimos a un momento histórico en el cual la sociedad de la desinformación atenta contra lo verídico y manipula la realidad a su antojo. Las redes sociales y los medios alternativos de comunicación se erigen como un escenario virtual para posicionar difamaciones y falsas propagandas, utilizando el dicho popular que reza: “una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad”.

Es así como el primer presidente indígena del Estado Plurinacional de Bolivia, que llevó a ese país a ser el de mayor crecimiento económico en Sudamérica además de otros logros sociales, pasó en solo unos días de ser el héroe del pueblo a convertirse en un “dictador autoproclamado como vencedor en las elecciones del 20 de octubre”.

La propaganda política mueve sus fichas y los poderosos, entiéndase transnacionales, oligarcas y por supuesto el gobierno injerencista de Estados Unidos, no se quedan de brazos cruzados cuando sus intereses peligran y sus riquezas robadas y ultrajadas van a parar a manos del pueblo trabajador.

En Bolivia este juego de ajedrez fue evidente en las continuas y reiteradas acusaciones de elecciones fraudulentas tras concluido el escrutinio e incluso antes de que se realizaran los comicios.

La Organización de Estados Americanos (OEA) se encargó de crear un clima de preocupación y desconfianza por una posible manipulación electoral a través de mensajes y campañas en las redes sociales, de las cuales se hicieron eco los diarios neoliberales.

La falta de pruebas de la auditoría terminó en un informe preliminar politizado y falseado en el que los injerencistas jugaron a la democracia para obligar a ir a una segunda vuelta, ante la imposibilidad de certificar sus argumentos.

Esto creó los cimientos para generar estados de opinión desfavorables, desestabilizar el gobierno e incitar posteriormente a movimientos golpistas, cívicos y policiales, con el pretexto de una victoria fraudulenta.

A pesar de ganar con más del 10 por ciento de diferencia con respecto al candidato opositor Carlos Mesa, la no aceptación del triunfo electoral de Evo por mayoría popular en las urnas, mostró la intransigencia de la derecha a no aceptar otro camino que no fuera la salida del poder de Morales y la interrupción del proceso de cambio revolucionario del Movimiento al Socialismo.

El bombardeo ideológico a las generaciones más jóvenes con falsas promesas y mentiras verosímiles que generaron a la postre una manipulada creencia de que “querían a Evo fuera” también demostró que todo estuvo fríamente calculado y que la intromisión en los asuntos del país no fue más que un ejercicio de propaganda política al mejor estilo nazi.

¿Las intenciones tras esta campaña sucia? Recobrar las ganancias de recursos de alta demanda como el gas natural y el litio, privatizar otra vez la nación y retomar la posición geográfica estratégica en el Sur del continente, con gobiernos marionetas y lame botas.

Nada en este golpe fue cuestión del azar y otra vez el imperio y sus aliados arremeten contra la democracia popular y la historia de los pueblos progresistas y soberanos del continente latinoamericano, como hicieron con Honduras, Venezuela, Nicaragua, Brasil, Ecuador y ahora Bolivia.

Hay que abrir bien los ojos y no creer todo lo que se lee o se escucha, las fake news o noticias falsas son reales y al gigante de siete leguas como dijo el Che no se le puede dar ni un tantito así.

Algunos bolivianos cayeron en la trampa y ahora están pagando con sangre las consecuencias.

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