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Tecnología para todos

El siglo XXI es sinónimo de cambios sociales, económicos, culturales y tecnológicos, siendo este último uno de los más recurrentes en diferentes escenarios.

Aparatos van y vienen, marcas súper sónicas nos dejan con la boca abierta y sin tiempo para asimilarlo. El desarrollo tecnológico a nivel mundial marca la avanzada y se roba el show ya obsoleto de tecnologías pasadas. Lo que antes era el top ahora es una simple pieza museable. ¿Quién lo iba a decir?

La vitrola de los 30, los tocadiscos de los 50, los inmortales radios Veff, son algunos de los tantos ejemplos que, fueron la envidia de muchos en su época, pero ahora como diría un buen cubano “ya no pintan nada”. Con el paso de los años y el empeño de muchos quedaron desplazadas estas tecnologías por otras más actualizadas.

Si bien estos cambios revolucionarios pueden incidir de manera positiva en la sociedad, también causan cierto rechazo o desconcierto en algunas personas adultas que pertenecen a la tercera edad. No son pocos los de ese grupo que, ante la presencia de uno de esos teléfonos móviles, ya sean inalámbricos o celulares, fruncieran el ceño o se obstinaran en actitud de no aceptación; y para qué hablar de los ordenadores, memorias flash, TV digitales o cualquier otro artefacto ajeno a su zona de confort.
Las facilidades de estos adelantos y las posibilidades de su manipulación, han sufrido la devaluación constante de su utilidad por parte de la más antigua o experimentada generación; pero como no todo es para siempre, los nuevos adelantos no solo han conquistado a los millenials (jóvenes o nativos digitales), sino que han logrado dar una vuelta de hoja en esos que han vivido más tiempo.

Llama la atención como muchas de estas personas desafían la tecnología y se conectan a Internet para comunicarse con sus familiares. Ya le son bien conocidos términos como Whatsapp, Messenger, Zapia. Otros se conectan por 3G y navegan por Google o se hacen un perfil de Facebook, mandándoles solicitud a todos sus conocidos.

Es curioso oírlos hablar de contraseña o pin para ingresar a su cuenta de ahorro en las tarjetas de crédito, ya aborrecen la cola en los bancos y agradecen la facilidad que brindan los cajeros automáticos para extraer su dinero.
Y qué decir de los asiduos consumidores de películas, novelas, shows, grabados en el famoso paquete a través de un pequeño dispositivo llamado memoria flash. ¿Acaso eso también no es adelanto?

Estos simples ejemplos son los que hacen pensar que, a pesar de ser las tecnologías propias de una época, ellas no son privativas de un grupo de personas o de otras, aunque algunos comprendan su funcionamiento con mayor dificultad.

Como afirman algunos estudiosos, la aparición de innumerables tecnologías, principalmente aquellas que se refieren a la comunicación y a la información, ha traido como resultado grandes cambios en las actividades y rutinas de los individuos que forman nuestra sociedad.

Unido a lo anterior se agrega la convivencia en espacios hogareños de hasta cuatro generaciones de personas que, desde sus diferencias, comparten también sus conocimientos en cuestiones de tecnología y, porqué no sus aparatos tecnológicos.

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