• Categoría: Comentando
  • Visto: 240

Voy para el trabajo

Como cuando se dejan de tener compañeros de aula para tener compañeros de trabajo, así de grande se siente uno cuando deja de decir voy o vengo de la escuela.

No importa si estabas en la primaria, el preuniversitario o la universidad; ante los ojos del trabajador o de los padres sigues siendo "un muchacho de escuela". Tantas veces intentaste hacerles notar que no, que a pesar de estar estudiando aún, tenías valores y prototipo de profesional (en vano siempre).

Entonces procuras adelantar los días, los años; para quetermine pronto esa etapa en que todos te miran y piensan que duermes demasiadas horas y que vives sin a penas sospechar las responsabilidades de la vida adulta, de la cual eres consciente solo por la edad.

Quieres a toda costa quitarte la estampa de adolescente estudioso que llevas en el rostro, sin imaginar que el precio por ello es la ingenua tranquilidad de sentirte todavía con algo de niño.

Llega el momento esperado, la meta anhelada por más de 15 años de estudio: te gradúas. Y como caer en un abismo (que imaginas fascinante) empiezas a trabajar; con más o menos expectativas, con más o menos complacencias, con ideas rimbombantes e ímpetus de más y siempre temores y recelos de menos.

Ahí vas, con tus conocimientos y recuerdos alborotados, una buena dosis de tecnologia entre los dedos y la
expresión de "no sé qué" que te durará unos pocos días. Hasta que se olvide que eres el nuevo, hasta que comiences a extrañar todos los sitios de donde quisiste salir mientras estudiabas, hasta que no te parezca un juego de roles infantiles girarte y responder: voy para el trabajo.

Entiendes por fin a los "adultos trabajadores" cuando se quejaban por tu exceso de horas de sueño y de "vivir como Carmelina", entiendes que no eran reproches ni menosprecio, era solo la envidia sana de quien extraña los años que nunca volverán.

Escribir un comentario