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Un día de empoderamiento femenino

Cuando las mujeres de todos los continentes, separadas por fronteras nacionales y diferencias étnicas, lingüísticas, culturales, económicas y políticas, se unen con el fin común de luchar en pro de la igualdad, la justicia y la paz; las cubanas contemplan también una tradición de casi seis décadas de proclamar la equidad de ambos sexos como un derecho fundamental e indiscutible.

El proyecto social revolucionario desde sus inicios gestó una organización que se trazó como objetivo principal la incorporación de la mujer a la sociedad y al empleo, así como al programa de cambios sociales y económicos en marcha en el país.

De la mano de Vilma Espín, e impulsada por Fidel Castro, la Federación de Mujeres Cubanas construyó un legado de participación para las más de cuatro millones de féminas que hoy la integran. Como es conocido, las federadas poseen entre sus tareas más importantes coordinar la labor de las trabajadoras sociales voluntarias y las brigadistas sanitarias.

Entres sus misiones destaca además el trabajo de las Casas de Orientación de la Mujer y la Familia, un espacio que atiende problemáticas en el seno filial, incluida la maternidad temprana, el alcoholismo o la violencia de género.

Gracias a su apoyo en muchos ámbitos la mujer cubana ha saldado la deuda con su empoderamiento, reivindicando sus derechos e integrándose de manera plena al ejercicio social. Sin lugar a dudas su labor tiene gran impacto, pero reconocido incluso por sus integrantes, a la federación le sobran retos que enfrentar.

Entre ellos se impone el actuar efectivo de los bloques, la participación de todas en las actividades de intercambio, la vinculación y motivación de las jóvenes y el desarrollo de propuestas novedosas en su accionar, por solo citar algunos de los elementos que empañan su óptimo funcionamiento.

Son horas de, a tono con los nuevos cambios que se promueven en el país, buscar formas de renovar y realzar la organización, para que cumpla a cabalidad su empeño en la erradicación del machismo aun vigente en la sociedad y contribuya al verdadero empoderamiento femenino que nos merecemos.

Pero un día como hoy nos recuerda que para ello las cubanas no recurriremos a huelgas sexuales como las representadas en obras teatrales de la antigua Grecia, ni a las posturas radicales de los movimientos feministas norteamericanos donde quemaban sujetadores; porque sabemos ganarnos nuestros espacios a golpe de valentía y esfuerzo, de inteligencia demostrada y de sobradas aptitudes.

El 23 de agosto es en toda Cuba un momento de reflexión sobre los progresos alcanzados, un llamado al cambio, y una celebración de los actos de valor y determinación tomados por mujeres comunes y corrientes que han tenido un papel extraordinario en la historia de nuestro país.

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