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La Empresa Comandante Pedro Sotto Alba, 58 años en producción

En 1959, luego de concluir en lo fundamental la construcción de la primera industria de sulfuro de níquel y cobalto de Moa -al Este de Holguín-, la compañía norteamericana Moa Bay Mining Company (MOBACO) comenzó la etapa de ajuste y puesta en marcha, con el inicio de las operaciones de las plantas de Preparación y Espesadores de Pulpa de mineral.

El 8 de noviembre de ese año logró su primera producción, y el 30 de diciembre, desde el Puerto de Moa, embarcó en el buque Sopkna el primer lote de 386 toneladas, que serían procesadas en la refinería de Port Nickel, Luisiana, Estados Unidos, según consta en documentos escritos por quien fuera Historiador de la Ciudad, Pablo Velazco Mir.  

No habían transcurrido siete meses del inicio del ajuste y puesta en marcha de la moderna industria niquelera, cuando los norteamericanos decidieron –el 9 de abril de 1960- paralizar sus operaciones, conservar las instalaciones y abandonar el país, en respuesta a la Ley de Minas dictada por el Gobierno Revolucionario, mediante la cual se dejaban sin efecto los privilegios arancelarios y económicos concedidos por Fulgencio Batista a las compañías yanquis y obligaba a la MOBACO a pagar impuestos sobre las ganancias brutas por el uso de los recursos minerales cubanos.

Al adoptar esa decisión, los propietarios de la compañía norteamericana afirmaron que los cubanos no serían capaces de poner en funcionamiento la moderna y compleja industria niquelera, única de su tipo en el mundo. Sin embargo, la respuesta del Gobierno Revolucionario no se hizo esperar y, el 5 de agosto de ese año 1960, fue decretada la intervención de la industria niquelera de Moa, se nombró a su primer administrador revolucionario, y la fábrica recibió el nombre de Comandante Pedro Sotto Alba, en homenaje al heroico combatiente caído en la toma del poblado de Moa por el Ejército Rebelde.

El Comandante Ernesto Che Guevara, al frente de las tareas de industrialización del Gobierno Revolucionario convocó entonces al ingeniero Demetrio Presilla, quien laboraba en la fábrica de níquel de Nicaro, y a decenas de técnicos y obreros que trabajaron en la construcción y el ajuste y puesta en marcha de la industria de Moa, para acondicionarla y hacerla a producir en beneficio del pueblo cubano, tarea titánica que se acometió desde principios de 1961; y en sólo unos meses, el 23 de julio de ese año, la “Pedro Sotto” comenzó su producción.

Desde el mismo instante en que se puso en marcha la fábrica, se inició una constante batalla por la superación técnica de sus trabajadores, pues los norteamericanos alentaron a los técnicos que laboraron con ellos a abandonar el país y, en determinado momento, esta industria sólo pudo contar con cinco ingenieros.
En 1963 comenzaron llegar a Moa los primeros técnicos de nivel medio graduados por la Revolución; el 10 de septiembre de ese mismo año arribaron los primeros cuatro ingenieros formados después del triunfo rebelde, meses más tarde lo hicieron otros dos, y en marzo de 1965 empezaron a trabajar en la fábrica las dos primeras mujeres graduadas de ingenieras.

Luego, a mediados de junio de 1966, se incorporaron a Moa 23 jóvenes estudiantes de primer año de ingeniería de la Universidad de Oriente que se integraron al Plan Extramuros como trabajadores-estudiantes, para terminar sus estudios superiores en esa localidad, al mismo tiempo que laboraban en la fábrica “Pedro Sotto”.

Inició así un gran despegue en la formación de técnicos y profesionales en ese municipio minero metalúrgico de Holguín. Evidentemente, su primera fábrica de níquel contribuyó a que en dicho territorio -donde a mediados de la década de los años 50 apenas existía la enseñanza primaria- en poco menos de tres décadas, fueran cubiertas todas las necesidades educacionales, desde el prescolar hasta la enseñanza universitaria, al construirse también el Instituto Superior Minero-Metalúrgico.

Cuba contó, desde el primer momento y hasta la desaparición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, al inicio de la década de los años 90, con el concurso de sus especialistas y de su gobierno para los trabajos de puesta en marcha, el abastecimiento de insumos y materiales para el proceso productivo, el mantenimiento, las reparaciones y para la compra del sulfuro producido -para la cual se adaptó una de sus instalaciones industriales en Siberia.

Por ello, la desaparición del campo socialista y la desintegración de la URSS afectaron sensiblemente las operaciones de la Industria Cubana del Níquel, pero la industria siguió funcionando,  y luego, el Gobierno de Cuba decidió crear una asociación económica cubano-canadiense, de la que forman parte las instalaciones de la industria Comandante Pedro Sotto Alba y la refinería de Fort Saskatchewan, que quedó oficialmente constituida el primero de diciembre de 1994.

La empresa, operada por la compañía mixta Moa Nickel S.A., ha roto todos sus récords históricos de producción y constituye un ejemplo de la colaboración económica entre nuestro país y firmas extranjeras. Cuenta con un colectivo laboral experimentado, de tradición proletaria y productiva, que ha contribuido con el surgimiento y desarrollo en ese territorio minero de otras entidades: industriales, mecánicas, portuaria, constructora y de varios servicios a la industria del níquel, que tuvieron su génesis en la primera fábrica de Moa, cuya puesta en operaciones representó un “Girón Tecnológico” propinado a los estadounidenses que afirmaron que los cubanos no serían capaces de echarla a andar.

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