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- Escrito por Tirso Mastrapa Ardite
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Democracia made in USA
Interpretaciones sobre democracia pueden haber muchas, y las hay, pero la más sencilla y ajustada a su esencia de todas las que se esgriman no ha de ser otra de que vale lo que la mayoría quiere, y más cuando es resultado de una votación concreta para optar por quién ocupará un cargo o desempeñará funciones, por naturaleza elegibles, o una conducta a seguir.
De mayoría, si no pueden existir dudas, es siempre más de la mitad de cualquier conglomerado de personas que participan con plenos derechos para decidir, ya sea por un alcalde municipal, un gobernador estadual, el Papa o el Presidente de un país soberano, no importa si del Primer o Tercer Mundo, y que Nicolás Maduro ganara la presidencia en Venezuela con casi el 68 por ciento de los votos resulta más que convincente..
Entonces es valido que quienes votaron en minoría en esos comicios están en la obligación de acatar la decisión prevaleciente, lo mismo que los desde afuera supieron o fueron testigos de que se cumplieron estrictamente los procedimientos, sin derecho alguno a cuestionar o revertir resultado.
Llama entonces la atención e indigna toda la algarabía, ataques cibernéticos y diplomáticos, bloqueo económico, robos de fondos en bancos de terceros países, amenazas de invasión militar, apoyo a un autoproclamado presidente y guerra no convencional sin tregua por parte del gobierno de los Estados Unidos de América contra la República Bolivariana de Venezuela, en contubernio con una oligarquía que, perdió en las urnas y quedó privada de servir el país en bandeja de plata al imperio que quiere sus riquezas naturales.
Ese mismo imperio, tan apegado a las auto proclamaciones como la de defensor de los derechos humanos, gendarme del mundo, paladín de la democracia y la libertad, no escatima en emplear su poderío bélico y económico para acabar con el sistema sociopolítico que se dieron soberana y libremente los venezolanos en unas elecciones reconocidas internacionalmente por su transparencia y objetividad.
Tal parece que el emperador de turno desconoce u olvidó que llegó al “trono” con una diferencia en contra de más de tres millones de votos en unas elecciones que todavía hoy dan mucho de que hablar, mas, la paja en ojo propio, por grande que sea, no se da a ver, porque la suya –asegura- si es democracia, lógicamente la made in USA.
Independientemente de lo enrevesado que resulta el proceso electoral estadounidense que por refrendado constitucionalmente merece todo respeto a lo interno y externo, qué dirían Trump, Pompeo, Bolton, Pence, Rubio y comparsa, más OEA, Almagro y cartel de Lima como títeres de esta puesta, si un país extranjero llamara y estimulara a la violencia contra el Gobierno a esa mayoría cuya voluntad en las urnas, en definitiva, no llevó a la persona que querían a la Oficina Oval para guiar los destinos del gigante del norte en el actual mandato.
Para qué preguntarse si así fuera, sería obvia la respuesta. El magnate presidente, sin pensarlo dos veces firmaría un decreto declarando de amenaza inusual a la seguridad nacional de Estados Unidos a quienes osaran cuestionar su legitimidad presidencial.
