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Una carrera sin frenos por la muerte

Amenazas, guerras, muertes, ocupación, saqueo, no son meras palabras sino una realidad que puede y de hecho se hace latente a esta altura de la existencia humana, en cualquier parte de la geografía terráquea por creerse algunos con el derecho, nada divino por cierto, de denominar el mundo y vivir por encima de los demás mediante el uso de la fuerza.

Y ese poder no se los dan otra cosa que las armas, de ahí la desenfrenada carrera armamentista en que se encuentran inmersas las grandes potencias, por un lado las imperiales por apoderarse de los recursos ajenos de todo tipo, y las otras para no ser presas de la voracidad de aquellas en detrimento de su propia existencia.

Del actual arsenal bélico universal se fijan cifras más o menos precisas igual que de su alcance y poder destructivo, pero en realidad nadie a ciencia cierta puede confirmar tales datos porque la industria que lo nutre desarrolla en secreto cada vez más sofisticados tipos de armas sin tener en cuenta que a la postre podrá ella misma desaparecer lo mismo que todo lo que reina sobre la faz de la tierra  si no se le pone fin a esa loca carrera  por la muerte.

Si antaño y prácticamente hasta la II Guerra Mundial las partes contendientes lidiaban en un mismo campo de batalla, viéndose unos a otros las caras, excepto cuando Estados Unidos puso a prueba su poderío atómico en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, hoy la realidad es otra y no son solo soldados los que perecen, son tantos o más los civiles inocentes que pierden la vida, dado el nivel de desarrollo dados a ellas con el fin de que a mieles de kilómetros sean capaces de surtir el efecto de tierra arrasada para lo que fueron concebidas.

Gasto de dinero aparte lo invertido globalmente en la esfera militar creció 2,6 por ciento en 2018, para alcanzar la astronómica cifra de 1.8 billones de dólares, de acuerdo con un informe anual del Instituto Internacional  para la Paz, con sede en Estocolmo. Según la fuente se trata  del nivel más alto desde que este organismo comenzó a analizar el asunto en 1998 en las postrimerías de la Guerra Fría.

Y como era de esperarse siguió siendo Estados Unidos quien más capital dispuso en armamentos, al punto de registrar un incremento del 4,5 por ciento en comparación con el año precedente, con un presupuesto ascendente a los 649 mil millones de dólares, nada menos que el 36 por ciento del total mundial al que aportan países como China, Arabia Saudita, India, Rusia, Reino Unido, Alemania, Japón y Corea del Sur.

Pero si alarmante resulta la escalada en los pertrechos bélicos a escala planetaria no menos lo es la proliferación en la producción, comercialización y por supuesto tenencia de armas ligeras -y no tan ligeras- por parte de la población en países como Estados Unidos, donde a ratos acaecen matanzas en los más disímiles lugares públicos y entre los que no escapan escuelas, sin que a los mercaderes de la muerte les importen las consecuencias de sus ambiciones.

De ello podrán dar cuenta en breve los brasileños cuando se salga de control una pretendida  autorización limitada de armas por parte de su Presidente para una veintena de profesiones, con  la condición de que portadores sean mayores de 25 años, no tengan antecedentes penales y cuenten con un certificado de aptitud psicológica, más o menos las mismas exigencias que en el país norteño, donde ya todo está fuerza de contrl en esta materia.

Comentarios   

#1 Beatriz Galbán 11-06-2019 12:20
Excelente comentario.Pone a reflexionar a todos.El colega es de una escuela de periodistas.La Agencia Cubana de Noticias

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