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- Escrito por Claudia Mara Cruz Escalona
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Jornada de aceptación y diálogo
El 17 de mayo, es sin, dudas, una fecha que genera una intensa polémica en nuestro país.
Jornada de lucha contra la Homofobia y la Transfobia, día del campesinado cubano, e incluso a nivel mundial otras celebraciones acaparan la atención de tan singular fecha del calendario.
Este día de 1946 asesinos a sueldo terminaron con la vida de Niceto Pérez, un campesino de la provincia de Guantánamo que se negaba a vender sus tierras a testaferros y terratenientes. En reconocimiento definitivo a su memoria Fidel Castro Ruz escoge este mismo día de 1959, para promulgar la primera Ley de Reforma Agraria y otorgar las tierras a quienes verdaderamente las trabajaban.
No menos importante resulta el 17 de mayo de 1990, momento en que la Organización Mundial de la Salud eliminó a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales, pues considerarla así era solo una de las múltiples expresiones de la violencia contra la comunidad LGBT.
Es decir, dos momentos que afortunadamente coinciden en el calendario, y son resultado de la justicia social. Sin embargo, actualmente persiste la discriminación y se ha transformado en una grave problemática en materia de derechos humanos.
Si bien en Cuba no es un fenómeno de gravedad alarmante, la presencia no tan solapada de intolerancia y falta de aceptación favorece algunas posiciones radicales. Solo por ejemplificar la que nos ocupa, algunos reclaman la exclusividad de la celebración para los campesinos, defienden a capa y espada que solo a ellos les corresponde por antigüedad y derecho propio hacer gala del fruto de sus conquistas. Incluso apuestan por que la comunidad gay no participe de este día para exigir por sus demandas. Discrepancias, opiniones encontradas, motivan que sea una jornada propicia para el diálogo.
Por ello valdría la pena preguntarse cuántos países pueden presumir de que se aúnen en una misma fecha tan importantes acontecimientos, que tributan a la equidad, al reconocimiento de las otredades y sectores menos favorecidos como núcleos fundamentales de la sociedad, como cimientos básicos para la igualdad.
Nuestra cultura es machista por naturaleza, arraigada por siglos de historia donde los hombres, machos, fueron protagonistas de sus hazañas; donde el campo, el guajiro y el trabajo del surco son la máxima expresión de rudeza y hombría. Pilares de un sistema hegemónico y patriarcal donde la violencia contra la comunidad LGBT es una manifestación de la violencia de género.
En ese sentido, la lucha por los derechos de los gays, lesbianas, trans, intersex y queer son nacidas de igual manera en el marco de la Revolución. El reconocimiento de las nuevas identidades sexuales son también fruto de la intención de una sociedad que batalla por la inclusión, del esfuerzo de instituciones como el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), el cual durante 30 años ha promovido el derecho fundamental de todas y todos: la libre expresión sexual y su aceptación.
Pero sin dudas, lo importante es compartir la tolerancia, agradecer que exista un día como este, sin adueñarse de fechas exclusivas para la celebración. Es generar consenso, sin burlas ni ironías que ataquen, no a ambos bandos pues solo existe uno, el de quienes luchan por ser parte de un mundo justo y equitativo, por el respeto a hombres y mujeres por igual, por la dignidad humana.
