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A falta de rigor, corregir la conducta

La falta de rigor en lo que hacemos convive a diario en la sociedad cubana. Se aprecia en actitudes y hechos concretos. Desde los años del duro Período Especial, se fomentó el deterioro de muchos valores morales como la honradez.  

Se agudizó el mal de trabajar sin calidad en la construcción, la elaboración del pan;  y se llegaron a ver como normales prácticas indebidas en lugares inapropiados: el relajamiento en  centros laborales,  las violaciones de precios que van en aumento en detrimento de los consumidores, la aceptación de sobornos por determinados funcionarios, entre otras.

Conductas, que antes se le achacaban a personas de barrios marginales, fueron multiplicándose y las apreciamos a diario: botar desechos en la vía, detrás de los edificios, romper aceras y calles, hacer necesidades fisiológicas en áreas de uso común, marcar y afear paredes de instalaciones públicas; sin que exista el rigor que necesitamos en la actuación de los inspectores y demás autoridades responsabilizadas.

Se ha afectado la percepción respecto al deber ciudadano ante lo mal hecho y se tolera como algo natural, reflexionaba Raúl Castro desde el año 2013; y mencionaba la cría de cerdos en las ciudades con el riesgo a la salud del pueblo, el maltrato y la destrucción de parques, monumentos, áreas verdes; los hechos  vandálicos que sufren  la telefonía pública, el tendido eléctrico –con el robo de sus componentes-, y  las señales del tránsito.

Todas estas lamentables realidades han ocurrido y conviven con nosotros, más aun en las grandes ciudades, sin  el enfrentamiento ciudadano.

También, en los diferentes niveles de enseñanza, subsisten graves indisciplinas de los alumnos: uniformes escolares transformados e incorrectos, maltrato a la propiedad social –dígase mobiliario y base material de estudio-, ausencias, profesores que  no las enfrentan con la severidad requerida, ni dan buen ejemplo a sus estudiantes, y  clases que carecen de  la calidad de años anteriores.

La pérdida de valores y buenas conductas está relacionada con la falta de rigor y disciplina –como cuentan los abuelos que existía antes en los hogares cubanos-, y evidencia fallas en la  familia y la escuela, donde  desde la infancia se debe inculcar el respeto a las reglas de la sociedad.

Los Lineamientos del Partido Comunista de Cuba llevan implícito corregir cualquier desviación, y reclaman   establecer  un clima permanente de orden, disciplina y exigencia, imprescindible para el avance de la actualización del modelo económico y social, sin retrocesos.

En estos tiempos en que la crisis económica golpea con más fuerza la sociedad  cubana, otra vez  la familia y los colectivos -a fin de no seguir cuesta abajo-  deberían incorporar a su actuar diario  una   máxima de Fidel: “la gran batalla que se impone es la necesidad de una lucha enérgica y sin tregua contra los malos hábitos y los errores que en las más diversas esferas cometen diariamente muchos ciudadano.

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