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Cubanos: más que un gentilicio

En el mundo entero se asocia a Cuba con símbolos que han definido durante siglos la idiosincrasia y la imagen del cubano. Solo mencionar palabras como mulata, tabaco, playa, azúcar, dominó, ron, salsa o almendrón remiten a esta isla que Cristóbal Colón llamó “la más hermosa que ojos humanos hayan visto”. Pero incluso así, son asociaciones gastadas incapaces de englobar ni por asomo lo que es Cuba.

Esta interpretación superficial de lo cubano ha conducido a que la cubanía sea mirada por algunos como un conjunto de rasgos que antepone el desenfado cultivado durante siglos, a los hechos, emblemas y figuras que nos identifican en el mundo.



Es cierto que Cuba es baile y fiesta, rumba, guaracha, son y danzón, pero también es historia, es el Indio Hatuey, es Playa Girón, es el 20 de Mayo de 1902.

Cubanía es entonces la conciencia de pertenecer a un espacio que va más allá de lo geográfico. Por eso, para los cubanos que se sienten serlo de verdad, Cuba es la tierra más hermosa, pero también lo es su gente y sus costumbres.

Sentirse cubano es saber comportase en una guagua o una cola, pues características como la socarronería o la picardía, pueden ir perfectamente de la mano con la gentileza y el respeto.

La confluencia de culturas y razas que nos legaron nuestros ancestros ha dejado en Cuba una suerte de simbiosis cultural que nos enriquece como nación. Nuestra manera de hablar, la norma popular del castellano que utilizamos, nos identifica en cualquier lugar fuera de la Isla donde pongamos un pie.

Razón de sobra para no descuidar el lenguaje, ni olvidarnos de emplear adecuadamente términos de origen aruaco o africano, que también forman parte indisoluble de nuestra mezcla racial y cultural, del ajiaco que somos.

Ser cubano es cuidar las calles de tu cuidad, proteger y conservar el patrimonio, es identificarse con sus raíces y no asumir símbolos ajenos como propios.

Porque Cuba está en un bolero, en las palmas, el cerdo asado y las cañas, pero también en un arado, un bohío, un himno, un escudo, una bandera y un machete mambí.

Hoy descubrimos que la cubanía es un concepto moldeable, perfectible, sintetizado en un conjunto de rasgos identitarios formados en un largo proceso histórico. Estos se reflejan en los habitantes o en los grupos sociales vinculados a este país y se expresan en sus costumbres o maneras de hacer.

Pero tuvieron que pasar años y acontecimientos trascendentales, extendidos hasta la actualidad, para que ese concepto se fuera concretando paulatinamente.

Al cubano nada ni nadie le puede quitar su sentir, pero ¡aclaro!, ser cubano no nos hace ni peores ni mejores, solo diferentes a otras nacionalidades.

Sin embargo hoy es evidente una creciente negación de nuestra nacionalidad, por ello se hace imprescindible reinventar el sentimiento de cubanía, para hacer que cada uno ame su pedacito y que cada cubano y cubana sea vea reflejado en figuras como Nicolás Guillén,  Antonio Maceo, Benny Moré o Celia Sánchez.

Como bien apuntaba Don Fernando Ortiz: “La cubanidad plena no consiste meramente en ser cubano por cualesquiera de las contingencias ambientales que han rodeado la personalidad individual y le han forjado sus condiciones; son precisas también la conciencia de ser cubano y la voluntad de quererlo ser”.

Ser cubano es más que un gentilicio, es más que provenir de un país llamado Cuba. Ser cubano es un sentimiento, una condición que no se pierde nunca aún con la distancia.

Ser cubano es vivir en Cuba o no vivir físicamente, pero sí con el pensamiento y el corazón en esta tierra. Es saber captar la riqueza espiritual que nos rodea.

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