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Desafíos ante el cambio climático

Las variaciones en las temperaturas, las precipitaciones o los patrones de los vientos registrados desde mediados del siglo XX en Cuba y en otras partes del mundo constituyen evidencias del cambio climático del que estamos siendo testigos.

A juzgar por el criterio de expertos pudiéramos estar presenciando un tiempo en que se refuerza el efecto invernadero por las emisiones de gases, sobre todo de los combustibles fósiles, y el planeta se calienta. Hacia 2050, según resume una articulista del diario español "El País", aumentará el riesgo de grandes incendios forestales y lo peor: muchas naciones no tendrán capacidad para medidas de adaptación que eviten los impactos más adversos.

Mutará asimismo la Amazonía, que puede padecer de una deforestación acelerada, por el efecto combinado de las sequías prolongadas y los fuegos. No saldrá indemne América del Norte, con una disminución de las nieves en las regiones montañosas occidentales, una progresión de entre cinco y 20 por ciento de las precipitaciones en algunas regiones agrícolas y de la intensidad y la frecuencia de las olas de calor en lugares que ya las sufren.

Y al señalar otros ejemplos del impacto causado, más por el hombre que por natura, estamos ante un gran dilema. ¿Iniciará una era apocalíptica? El tiempo urge, pues el desafío de preservar la especie humana concierne a todos: gobernantes, científicos y habitantes en un siglo en que los programas reales están a la vista. En Cuba el Plan de Estado para enfrentar el cambio climático propone la Tarea Vida, con acciones estratégicas para reducir los daños y desarrollar concepciones constructivas en la infraestructura, siempre sobre la base de una cultura ambiental.

La conservación y recuperación de las playas, la diversificación de cultivos, limitar el desmonte de bosques, sembrar barreras vivas que frenen la erosión del suelo y no construir próximo a la costa, ni en zonas de peligro, responden a qué hacer para mitigar el impacto del cambio climático.

En Holguín, solo el cuatro por ciento de las crestas arrecifales se encuentran en buen estado, el resto está blanqueado producto del aumento de la temperatura del mar, mientras los valores máximos de lluvia en 24 horas disminuyeron en los últimos años en el noreste de la provincia y los eventos de sequía registraron un significativo incremento de su frecuencia.

A la economía no le es ajeno el problema y los acuíferos subterráneos próximos al litoral han elevado la salinidad, lo que reduce el agua potable e incrementa el deterioro de los suelos al emplearse agua con alto contenido de sal en los sistemas de riego. A estas horas Cuba y su Plan de Estado enfrentan el escenario futuro con objetividad en asentamientos y localidades que serán afectadas por el aumento del nivel medio del mar al igual que en las áreas en peligro por inundaciones costeras, sin descartar los eventos hidrometeorológicos, los que serán más frecuentes e intensos.

¿Podrá la ciencia restablecer el equilibrio? Esta y otras preguntas son incógnitas. En Cuba el gobierno invertirá cuantiosas sumas para dar frente a un hecho incontestable como lo calificara un analista. En el resto del planeta hay intenciones, no compromisos obligatorios y el decursar del tiempo dirá la última palabra en materia de hacer por la especie humana, ya que presiones universales y criterios acerca del tema indican otras formas de dar frente al traído y llevado cambio climático.

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