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Ciencia

  • Escrito por Bernardo Cabrera
  • Categoría: Ciencia
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Las dos caras de una aplicación viral

Desde hace unos días resulta común ver publicaciones en Facebook y Twitter donde caras masculinas se transforman en femeninas y viceversa, gracias a los algoritmos de una aplicación informática.

La práctica resulta bastante tentativa y provoca sonrisas y asombros, pues muchos de los artistas, políticos, deportistas, colegas, familiares y amigos lucen más atractiv@s o cómic@s de esa manera, mientras otr@s, por decirlo de una forma agradable, ni así mejoran.

En tiempos en que lo más importante es ganar seguidores y likes en las redes sociales no resulta alarmante que esta opción se vuelva irresistible para la mayoría de los internautas.

En ese sentido la app ha sido un éxito rotundo al emplear técnicas de inteligencia artificial que permiten transformar el género de un rostro con un sorprendente realismo y que, a su vez, se viralizan rápidamente.

Lo preocupante es que pocos usuarios reparan en la ciberseguridad y en los riesgos que tiene este acto de vanidad en pleno siglo XXI.

Confieso que yo también estuve a punto de aventurarme a conocer cómo se vería mi gemela ficticia para generar reacciones y comentarios en mis redes sociales, pero antes investigué un poco y luego desistí de hacerlo.

La aplicación, cuyo nombre es Face App, fue desarrollada por la empresa rusa Wireless Lab y había ganado popularidad en el 2019 gracias a la modalidad de envejecimiento facial, que la convirtió en la app más descargada en unos cincuenta países. Casi un año después vuelve a ser la más descargada en medio planeta y además se posiciona como trending topic en Twitter.

Esto confirma dos cuestiones. Por un lado, la marcada banalización de la privacidad personal en función de la popularidad colectiva y, por otro, el desconocimiento de la vulnerabilidad informática.

Fernando Suárez, presidente del Consejo General de Colegios de Ingeniería Informática de España, advertía que usar esta aplicación es como “venderle el alma al diablo sin saberlo”.

El motivo de ese argumento tan contundente es que la política de privacidad de Face App es tan controvertida que uno debería pensarlo dos veces antes de acatarla.

Como es sabido pocos son los que leen los términos y condiciones que aparecen en letra pequeña y muchos los que los aceptan casi a ciegas sin ser conscientes de ellos, pero ¿qué pasa básicamente cuando la instalas?

En primer lugar, permites que el sistema registre la IP (identificación) de tu dispositivo y posibilitas el monitoreo de tu actividad online, incluidas las páginas web que visitas, ubicación, tiempo, duración de los accesos y metadatos sobre cómo interactúas con el servicio.

El servicio en uno de sus apartados especifica que podrá ceder dichos datos a “terceras partes” y no aborda los usos de la información que estas podrían hacer.

Asimismo, Face App para poder realizar el cambio de sexo del rostro realiza un análisis riguroso de las facciones, por lo que sin siquiera percatarte le entregas la morfología de tu cara.

Eso parece una nimiedad, pero actualmente constituye una información valiosísima para las aplicaciones móviles, en las cuales el reconocimiento facial es uno de los métodos más habituales para comprobar la identidad. Sin contar que, al aceptar los términos del contrato, permites que guarden tu información para siempre y no se sabe muy bien a quién va a llegar.

El responsable del Departamento de Productos y Tecnologías de Seguridad del Centro Criptológico Nacional de España, José Miguel Loste, revela otro de los peligros al expresar que “se puede suplantar la identidad de alguien a través de una mera foto y si se tienen los datos biométricos el riesgo es aún mayor”.

Otro de los cuestionamientos es que al encontrarse la base central fuera de la Unión Europea se dificulta imponerle una legislación exigente sobre protección de datos.

Es necesario aclarar que esta no es la primera vez que FaceApp se sitúa en el centro de la mira. En el 2019 cientos de miles de internautas reclamaron que fueran borrados sus datos personales de los servidores, después de que permitieran que la aplicación los tuviera mediante los términos y condiciones.

Pero una vez que se instala no hay vuelta atrás y lo que parece un juego inocente o una broma divertida esconde grandes peligros. Por ello siempre es lícito preguntarse, ¿sabemos exactamente qué sucede con nuestras fotografías una vez son transformadas por la aplicación? ¿Qué pasa con los datos biométricos obtenidos y a quién se le entrega la información?

La moda del momento o el post con más comentarios puede convertirse mañana en riesgos no previstos para nuestra privacidad. Antes de sucumbir a la popularidad y viralización que brinda Face App, seamos precavidos con ese pasatiempo “gratuito” que tiene dos caras y un solo fin: recopilar nuestros datos personales.