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Protesta de Baraguá: un acto de dignidad y cubanía
Autor :Roberto Ortiz del Toro / Fotografías de: - Publicado: 13/03/2014 02:55:47 PM| 0 Opiniones

 ¿Entonces no nos entendemos?

No, no nos entendemos
.

La interrogante la pronunció el General Arsenio Martínez Campos, Jefe del Ejército español y la respuesta, enérgica y concisa, la dio el Mayor General del Ejército Libertador Cubano Antonio Maceo y Grajales.

Con estas palabras se sellaba el destino de la histórica Protesta de Baraguá y se salvaba el honor y la dignidad de los cubanos que estaban dispuestos a continuar la lucha y no aceptar lo acordado en el Pacto del Zanjón, que puso fin a las hostilidades de la Guerra de los 10 Años.

Era el 15 de marzo de 1878 y el encuentro se realizó en Mangos de Baraguá, un sitio perteneciente a la actual provincia de Santiago de Cuba, a donde llegó el Jefe militar español para entrevistarse con el Titán de Bronce.

De este hecho histórico dijo José Martí: “tengo ante los ojos la Protesta de Baraguá, que es de lo más glorioso de nuestra historia”. Justa y merecida opinión que enaltece más su valor por quien la emitió.

Su antecedente hay que buscarlo a partir del 10 de febrero del propio año, con la firma del Pacto del Zanjón, capitulación de la resistencia de las tropas cubanas que deponían las armas sin alcanzar los objetivos supremos de la lucha: la libertad e independencia de Cuba y la abolición de la esclavitud.

Pero esa capitulación no sería aceptada por todos los mambises, como ocurrió con las fuerzas bajo el mando de Maceo, que la calificó como “rendición vergonzosa” y decidió continuar la lucha en los campos insurrectos.

De esa actitud inclaudicable surgió la entrevista que sostendrían el Jefe del Ejército español y el General Antonio, quien durante la conversación con su interlocutor le espetó tajante: “No estamos de acuerdo con lo pactado en el Zanjón; no creemos que las condiciones allí estipuladas justifiquen la rendición después del rudo batallar por una idea durante diez años, y deseo evitarle la molestia de que continúe sus explicaciones porque aquí no se aceptan.

Cuentan que antes de marcharse, visiblemente molesto por su fallido intento de convencer a Maceo para que depusiera las armas, Martínez Campos pidió que el cese de las hostilidades se prolongara por un tiempo prudencial, a lo cual Maceo respondió que ocho días serían suficientes.

Y cuando el jefe español se retiraba del lugar, pudo escuchar el grito de un oficial cubano nombrado Florencio Duarte que dirigiéndose a sus compañeros de armas les dijo ¡Muchachos, el 23 se rompe el corojo”.  

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