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No he sido nunca un mentiroso
Autor :Liudmila Peña Herrera / Fotografías de: - Publicado: 14/07/2011 11:15:53 AM| 0 Opiniones

“Este muchacho tiene ángel”, dicen quienes quedan impresionados con su talento y la gracia y profundidad de sus trabajos periodísticos. Pero nadie ha visto al diminuto ser alado cuando revolotea por entre sus dedos mientras tocan la sinfonía de palabras con las que construye los textos.
A veces espera hasta muy tarde para escribir, como para que no lo vean transcribiendo lo que el ángel dicta: preocupaciones humanas, problemas terrenales, poesía envuelta en una Caja de Pandora que estalla en construcciones literarias en cuanto pone las primeras letras.
Muchos aseguran que ganó fama gracias a la desdichada historia de seres sin alas, que deambulan por la ciudad en busca de sueños perdidos (el documental Los ángeles no tienen alas), pero la verdadera historia del periodista Abdiel Bermúdez Bermúdez (como suele terminar sus reportes, para que su madre no proteste) comenzó hace mucho tiempo, quizá desde que, estudiando en la Secundaria Básica de Levisa, o en el Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas de Holguín, impresionara a profesores, amigos y novias con el manantial de palabras que surgían en cualquier momento sin esfuerzo alguno.
Otra vez, Abdiel asombra incluso a los menos entendidos en materia de periodismo, con el Premio Nacional 26 de Julio en tres categorías.
“Muchacho, ¿hasta cuándo con tantos premios?”, preguntan mientras le estrechan la mano. Y él, pícaro mayaricero, responde con la risa franca que le acompaña siempre.
Pero es cierto que en un joven de 28 años tantos lauros (Premios de la Ciudad de Holguín, en Festivales Nacionales de Telecentros y de Televisión, el Caracol de la UNEAC, entre muchos otros) en apenas 4 años de trabajo, generan no poca suspicacia, pero él se declara vacunado contra el
engreimiento y la vanagloria.
“No le temo a lo que los premios puedan causar en mí. Contra el envanecimiento también hay antídotos, como contra los enemigos. Independientemente de que todo pase por la percepción de un jurado que puede estar o no en lo cierto, los premios te enseñan que no andas desencaminado, y al menos una persona, o muchas, valoran como bueno aquello que tú haces, y eso siempre gratifica”.
Pero llama la atención que Réquiem por la frontera, Implementos agrícolas: la saga incómoda de la no planificación y Hacerle el juego al aedes (crónica, reportaje y comentario, en ese orden), las tres categorías en las que resultó premiado esta vez, son géneros diferentes, pero muy
afines.

¿Será que los prefiere por sus posibilidades comunicativas o porque son estos los que le propician mayor comodidad?

“Un género no es más que el modo de presentación que escoges para trasmitir una idea que, periodista al fin, no pasas por alto. En verdad los temas imponen muchas veces el género periodístico, aunque haya contadas excepciones capaces de achicar cualquier frontera, la misma frontera que va disipándose cada día más en el periodismo contemporáneo. Yo soy un periodista “de períodos largos”, como dirían los escritores (aunque deba aceptar que en materia literaria se me da mejor el cuento que la novela). De cualquier manera, para trabajar en televisión, soy bastante profuso en palabras, por eso me enamoran los reportajes y los comentarios, y los escojo también porque no me da miedo decir lo que pienso, si aquello que pienso es, primero que todo, verdad. En cuestiones de periodismo no he sido nunca un mentiroso”.

Y si reconoces que es difícil retener las palabras en trabajos de apenas 3 o 4 minutos, ¿por qué sigues siendo periodista de televisión cuando los periódicos envidian tus letras?

“Siempre he creído que mi apego a la palabra me llevará al final por el camino de la prensa escrita. Hay quien dice que ese es el periodismo verdadero, y el más pregnante y trascendente. Con lo segundo estoy de acuerdo; con lo primero, no tanto: estaría negando lo verdadero de cuanto he podido hacer hasta hoy, ¿no te parece? Empecé a hacer periodismo en prensa escrita, con muy buenos maestros, pero en el camino encontré otros que me enseñaron que una imagen es tan importante como las mil palabras que puedan describirla. Por eso es que hago televisión, hasta que termine de matar al enano que todos llevamos dentro. Después, veremos…”

Cuando se anuncia uno de tus trabajos, casi todos esperan qué de nuevovas a decir, o por qué arista vendrá el análisis reflexivo sobre determinado problema, pues la gente respeta tu criterio como periodista. ¿El resultado de esa crítica siempre ha fructificado en soluciones?

“No creo haber solucionado ni siquiera la mitad de las problemáticas que he reflejado en la pantalla. Pero al menos las he colocado allí, a la vista de los dolientes y de los responsables, y eso, lamentablemente, no es algo que abunde en estos días, o al menos no como debiera, sobre todo tras el llamado que nos ha hecho a los periodistas la máxima dirección del país. Pero no ayuda en nada que no señale críticamente las cosas que no nos dejan ser mejores, a través de esa arma tan revolucionaria que es el periodismo”.

Sin embargo, muchos aseguran que tu verdadera obra es el documental *Los ángeles no tienen alas, con el cual te licenciaste como periodista. ¿Te parece que no has superado el impacto que ese trabajo dejó en el público?

“Es cierto, muchos aseguran que aquel documental, que me dio inmensas alegrías y no pocos dolores de cabeza, ha sido insuperable. Tal vez tengan razón, pero tampoco me he sentado a recordar lo que fue, porque no se puede vivir de las memorias pasadas. Estaría de acuerdo con ellos si después no hubiera tratado de colgar banderas cubanas por toda la Isla; si no me hubiera importado que los relojes de la ciudad anduvieran en silencio; si no me doliera que la doble moral se ensañara con los universitarios por culpa de un modelo de integralidad fallido; si no notara que los ríos desaparecen o que la planificación económica no es otra cosa que el primer eslabón de cualquier cadena productiva. Eso sin decirte que un camarógrafo amigo me repite todos los días que la obra está por hacer… así no me duermo en los laureles.”

Después de cinco años de carrera universitaria, cuatro años como profesional y dos cursos como profesor de futuros periodistas, ¿crees que se nace con aptitudes para ejercer esta profesión o un periodista se forma en la academia?

“Ni lo uno ni lo otro. Nadie nace con el título en la cuna, ni la universidad te da otra cosa que algunas herramientas para demostrar, con el tiempo, que te lo ganaste. Pregúntales a cien graduados de cualquier carrera universitaria cuántos de ellos hacen en su trabajo lo que aprendieron en la Universidad y entenderás por qué te digo esto. El periodismo, como casi todas las profesiones, se aprende haciendo. Así que yo, que por experiencia y por edad soy, sin duda alguna, un aprendiz, puedo asegurarte que no me he graduado todavía”.
“Este muchacho tiene ángel”, piensan otra vez quienes escuchan la noticia de sus últimos premios. Sin embargo, hasta ahora nadie ha visto al diminuto ser alado susurrarle al oído cuando empuña el micrófono y mira con seguridad a la cámara.

¿Abdiel, en verdad hay un ángel detrás de tanto éxito?

“Una vez, una señora me dijo que yo era un hombre con luz. No sé si tenía razón, pero la verdad es que he navegado con viento a favor en muchos de estos certámenes, aun siendo muy joven, y si debo culpar a algo o a alguien no sería precisamente a la suerte, que también tiene su cuota en esto, por supuesto. Pero no tengo que jurarte que me gusta lo que hago, y trato de hacerlo bien, y lo que es más, tengo varios amigos que se han confabulado conmigo para hacer estos trabajos que, por alguna razón, les agradan a algunas personas, según me han dicho, por el apego a la realidad, por la manera de decir. Tal vez en esa cercanía a lo que la gente espera de uno como periodista, esté esa luz de la que me habló una vez aquella mujer”.

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