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Los rayos X : utilidad, peligro y probabilidades
Autor :Dr. Luis Pérez Tamayo / Fotografías de: - Publicado: 21/01/2013 12:07:50 PM| 0 Opiniones

 En nuestro país es costumbre bastante extendida usar y abusar de las placas de rayos X dentro de los trajines de diagnóstico y terapia de innumerables dolencias.

Todos nos sentimos más “seguros” de un diagnóstico acertado si el facultativo puede escrutar la ya familiar imagen de contraste blanco y negro, lo que ha dado lugar a lo que se conoce como “las placas de complacencia”.

Todos sabemos que los rayos X, descubiertos por Roentgen en 1895, no son más que radiaciones electromagnéticas penetrantes.

Por otro lado, mucho se habla de ciertos sucesos extraordinarios que han dado lugar a grandes exposiciones humanas a la radiación nuclear provocada por ciertas actividades militares, como los bombardeos atómicos a Hiroshima y Nagasaki, o accidentes radiacionales  en reactores o fuentes radioactivas poderosas,

Pero resulta menos conocido el hecho de que una de las causas más impactantes de exposición global a las radiaciones, a la vez imperceptible para el gran público lo es precisamente la exposición a los rayos X por exámenes médicos.

Se sabe que ellos constituyen radiaciones electromagnéticas de alta frecuencia o elevada energía, capaces de ionizar los átomos, por lo que reciban también el nombre de RADIACIONES IONIZANTES. Su gran poder de penetración les permite llegar a todas las regiones del cuerpo humano y, como se absorbe con más facilidad en las partes más sólidas (digamos, huesos) , casi no es absorbido por  las partes más blandas (músculos u oros tejidos). Por ello, sobre  la placa fotográfica  incide esta última casi totalmente, siendo la que realmente “vela” el material fotográfico y su parte oscura luego del revelado.  La imagen blanca de contraste corresponderá a las partes más duras.

Así, al hacerse una placa, toda persona recibe cierta cantidad de radiaciones, cuya cantidad de energía absorbida se mide en  unidades conocidas como gray, equivalente a la absorción de un joule por un kilogramo de masa. Dicha absorción siempre causa lo que se denomina DAÑO POR RADIACIONES IONIZANTES.

Dicho daño puede resultar imperceptible, o puede tener mayores consecuencias  a largo plazo en dependencia de la cantidad de energía absorbida y de la parte del cuerpo que se ha expuesto a la radiación y revela un comportamiento probabilístico,

En efecto, el daño las radiaciones de bajo nivel, como se les denomina, no siempre es el mismo para la misma cantidad de energía absorbida, sino que también se subordina a la ley de las probabilidades, que gobiernan gran cantidad de fenómenos naturales o sociales.

Si,  por el contrario, se trata de irradiaciones de grandes cantidades de energía siempre aparecerá con toda certeza, un daño a la salud. En este caso se tratará de un fenómeno DETERMINÍSTICO.

De manera que una placa de rayos X, por muy sencilla que sea, podría, con cierta probabilidad, ocasionar un daño muy serio al paciente. Si la zona irradiada son los ojos o los órganos sexuales, la probabilidad de daño será mucho mayor.

Considerando que las ventajas de los exámenes radiográficos son innegables, podría decirse que ellos constituyen un compromiso de riesgo-beneficio de cuya abundad no podemos abusar.

Para dar una idea del daño biológico, se emplea una unidad especial denominada SIEVERT (Sv), en honor al físico radiólogo sueco Rolf Sievert. .

Todo examen  por rayos X representa la absorción por la persona investigada de unos
0,2 milisievert como promedio. que pudiera considerarse como “pequeña”, a no ser por el carácter probabilístico del daño a considerar.  Cada habitante del planeta se hace más de un examen por rayos X empleando los más de 800 000 aparatos disponibles.

La dosis equivalente promedio en un año por esta causa constituye nada menos que la cuarta parte de la recibida por la humanidad a partir de los ensayos nucleares de los años sesenta en  la atmósfera y es muy superior a la causada por el accidente de Chernobil.

Resumiendo, en los rayos X tenemos un amigo insustituible, pero también una sutil e imperceptible amenaza.

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