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Las voces de Etcétera
Autor :Liudmila Peña Herrera / Fotografías de: Reynaldo Cruz - Publicado: 02/03/2015 10:48:09 AM| 0 Opiniones

 Conversar con humoristas puede ser una experiencia bien divertida y algo compleja, si se trata de un trío de jóvenes ocurrentes que encuentran hasta en las cuestiones más serias, motivos de risa.

Los tres parecen muy distintos: Eider Luis Pérez, su director, habla como el profesor que es frente a un aula, aunque a veces corte la frase para acotar alguna idea jocosa; Venecia Feria es tímida, simpática y desinhibida (si se pueden ser las tres cosas al mismo tiempo); y Yasser Velázquez, al que los otros dos molestan y hacen bromas, aparenta estar pensando en varios asuntos durante la entrevista. Sin embargo, todos concordamos en hablar de humor, al menos esta vez, en serio.

Pronto el grupo cumplirá diez años y Eider recuerda su génesis: “Raúl –exintegrante del grupo– y yo éramos artistas aficionados en la Universidad de Oriente y montamos un sketch que dio origen a ¿La casa de Bernarda Calva?. Después nos presentamos en el festival ¿Con cascabeles en la punta?, en Santiago, y nos dimos a conocer a un público más amplio que el universitario”.

Los inicios de Yasser estuvieron relacionados con el humor en su etapa infantil, pero después se graduó de teatro en la ENA, se vinculó al Teatro Lírico de Holguín y a la Compañía Alas Buenas, hasta que fundó el grupo Trébol Teatro”.

A Venecia le sucedió algo similar: “Comencé en la radio con siete años, y a los nueve integré una compañía para niños dirigida por Alas Buenas. Después estudié actuación en la EVA de Granma. Retorné a Alas Buenas y luego pasé a Trébol, donde trabajé hasta que Eider me usurpó y me sacó de allí” –dice jocosamente, y ante la mirada reprobatoria de su director, acota: “Pero en el 2012, a raíz del Aquelarre, Eider me pidió que me decidiera, porque las funciones coincidían y no tenía tiempo. Escogí el humor porque me interesaba experimentar y probar algo más”.

Aprovecho para preguntarle si es cierto que él la ha hecho crecer como actriz siendo tan joven como ella. Venecia sonríe y responde que sí:

 “Puedo tener mi talento, pero el arte mayor es el del director. Eider nos propone personajes diferentes. He sido una momia, una árabe, una niña, una vieja... Eso me da la posibilidad de descubrirme y no caer en la monotonía. Yo no había obtenido premios como actriz dramática y la primera vez que trabajé con Etcétera, gané un Aquelarre y un Caricato. Quiere decir que está funcionando. Entre Eider y yo algo está sucediendo”.
“No, no, no. No está sucediendo nada”, dice muy serio él y todos echamos a reír. “Profesionalmente hay algo que está pasando”, insiste ella como niña y cierra el caso.


Yasser, más en serio, asegura: “Es una ganancia tener a Eider como escritor. No es lo mismo enfrentarse a un texto elaborado por alguien que no conoce tus potencialidades y limitaciones como actor, porque no te puede hacer crecer. Trabajar en Etcétera me ha aportado una nueva manera de ver el teatro”.

Pero en materia de ensayos, no todos piensan lo mismo. “A veces nos cansamos de tanto repasar, porque le dedicamos cuatro o cinco horas al día. Por eso valoro tanto el rigor de Eider. Muchos humoristas se aprenden el texto sin construir un personaje. Sin embargo, con él tenemos una gama de papeles para defender”, dice Yasser y Eider explica: “Tengo una metodología para eso, porque cuando ellos se cansan, tiran a relajo el ensayo y empiezan a disparar los textos. Ahí aparecen las frases que más funcionan después en los espectáculos”.

Venecia añade que eso depende de la complejidad de los números: “Hemos terminado de montar algunos en el escenario, como la parte de los payasos en el del circo, porque no podíamos ensayarlo: dependíamos de la interactividad con el público”.

Escuchándola, pienso en cuál ha sido la carta de triunfo para el grupo aun con la inestabilidad de los actores, un tema en el que Eider no titubea:

“Hemos sido fieles a una línea en el humor, por eso el público nos sigue, además de que los actores que entraron se adaptaron muy bien a la idea de Etcétera. Tengo mi proyecto artístico y de vida con este grupo, pero nunca seré quien frene los intereses futuros de nadie. Me sentiré muy orgulloso si un día Venecia decide hacer cine, televisión y radio. Cuando uno hace un proyecto en común, debe hacerlo en común hasta que funcione”.
Defender un estilo tan personal impone limitaciones, creo yo, y Eider lo confiesa: “Buscamos marcar la diferencia, y es verdad que cuando se sacrifica la creación por ganar más dinero con chistes fáciles, se acomodan muchas cosas; pero si pretendemos trascender, hay que marcar un sello que nos distinga. Cuando uno se presenta en el cabaret, aparece junto con el menú: hay cerveza, pollo, bolitas de queso y humoristas. Respeto ese trabajo, pero no me siento cómodo con él”.

Entonces aprovecho para preguntarles cuánta importancia le conceden a la sátira como forma de hacer reflexionar a la par que divertir al público.
“No trabajamos para complacer a todos los públicos y no es bueno sacrificar el camino que se quiere transitar como artista para agradar. Hay quienes sienten temor de la sátira por lo que vaya a pasar. Nosotros la hacemos, solo que analizamos muy bien los textos y la manera en que los decimos”, subraya Yasser.

“En el teatro América, de La Habana, por ejemplo, siempre esperan un chiste subidito de tono. No es que nos repudien, pero si vamos con un espectáculo más blanco, hacen un poco de resistencia. De todas formas, creo que depende de lo que pretenda el artista, pero nosotros no estamos en la búsqueda del chiste malicioso”, añade Venecia, y Eider termina: “El público busca la crítica ante todo, y creo que es válido hacerlo. Nosotros tratamos temas como la homofobia, pero no ridiculizando a los homosexuales, como es habitual, porque el humor puede educar o maleducar y ayudar a solucionar problemas como la violencia hacia la mujer, la corrupción... Y como es arte, no adquiere su total significado hasta que el público lo consume, porque la risa por la risa no tiene valor”.


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