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Enseñar: el aliciente mayor
Autor :Claudia Mara Cruz Escalona / Fotografías de: - Publicado: 26/02/2015 12:04:51 PM| 0 Opiniones

 Su perra se llama Solita, la encontró abandonada en el portal de su casa. Le apasiona el estudio de la obra martiana y de la holguinera Lalita Curbelo Barberán. El magisterio es una profesión que lleva en las venas y ella misma lo confiesa. Más de 40 años frente a las aulas hacen de Carolina Gutiérrez Marroquín una maestra de la vida.

¿Por qué el magisterio?

Eso va dentro de uno, la necesidad de compartir con el otro la experiencia, la vida, el saber…Hay quien no siente necesidad de nada de esto, quien incluso tiene un bagaje cultural vasto, pero no se abre al joven, al que quiere saber…Creo que eso es lo más importante, el tener tres conocimientos en la cabeza y dejar cuatro porque a mitad de camino se nos ocurrió otro.


¿Recuerdos de infancia?

Nací en un hogar privilegiado, lleno de libros, revistas y periódicos. Con padres muy sensibles, cultivados y tiernos que nos inculcaron a mí y a mis hermanos el hábito de la lectura, el gusto por la buena música, el amor a las plantas, a los animales, el deseo de saber, el valor del trabajo y sobre todo la utilidad de ser bueno. Esta enseñaza en mi hogar estuvo en sintonía con la recibida en la escuela. Mis maestras eran muy martianas, virtuosas, consagradas al magisterio y me indicaron un camino exactamente igual al marcado por mis padres, el mejor de los caminos: el trabajo y el estudio.


Las maestras excepcionales que tuvo le dejaron una impronta que le hizo seguir sus huellas en el camino del magisterio. En este andar estudió Licenciatura en Educación. Hoy es Máster en Bioética y Doctora en Ciencias Pedagógicas.

Como de niña me gustaba mucho la declamación, la música, el canto, la pintura creí que estudiaría algo vinculado, pero en esos años no existían las Escuelas Vocacionales de Arte. Entonces pensé que si enseñar es también un arte porqué no hacer del aula mía de todos los días un escenario para trabajar.
Mi primera vez frente a un aula fue un día de gran susto. En esa época existía aún el retraso escolar, yo era muy joven y tenía alumnos de mi edad. Eso me produjo un gran temor de no estar a la altura de lo que debía ser un maestro. Con el tiempo supe que la seguridad y la confianza al impartir clases solo la ofrece el estudio diario y la investigación constante.


Su pasión por el magisterio es comparable con el amor que siente por  José Martí. A su estudio ha dedicado gran parte de su vida y de sus investigaciones. No es raro encontrar en su casa estantes y libreros donde abunda en mayoría la obra del Apóstol.

Martí ha corrido la misma suerte que muchas figuras históricas, que por haber luchado por la patria y morir por la independencia de Cuba han pasado a ser figuras inmaculadas, impolutas, sin manchas o defectos, carentes de pasiones, debilidades, flaquezas.
Pero este no es el Martí real. Él, además de pensador fue cronista extraordinario, orador apasionado, crítico de arte de mucho acierto, padre tierno y sensible, hombre amoroso con su familia, caballero galante con las damas, amigo leal y hombre de bien. El Martí verdadero fue un ser humano que nos legó una importa importante, lo que él llama la fórmula del amor triunfante: con todos y para el bien de todos.
Por estas razones no debemos verlo solo como figura política, porque fue un hombre que tuvo luces y sombras. Acercarse a él de esta manera,  explorando todas sus facetas es la única forma de ver lo verdadero, real y auténtico de su persona.


¿Cuál libro de José Martí no puede dejar de leer un cubano?

No podemos dejar de leer La Edad de Oro, porque es un libro esencial. Creo que ningún cubano debe llegar a adulto sin haberlo leído en la niñez. En él se encuentran los valores universales y eternos para educar a un niño para que sea hombre de bien.

¿Qué encuentra de nuevo en cada ocasión que se sumerge en la obra martiana?

Siempre se encuentra algo nuevo en Martí, él es una mina inacabable, basta entrar en esa mina para salir con un pedazo de oro en la mano y otro en el corazón. He entrado varias veces en ella  y nunca he salido con las manos vacías.

Carolina tuvo un padre artista, Mérido Gutiérrez, compositor, cantante y promotor de la música popular cubana. De él aprendió la sensibilidad y un arsenal de grandes cualidades.

A mi padre le debo todo cuanto soy. La pasión por el trabajo, el gusto por la música, por la creación, por la escritura, la lectura, el don de la palabra, el ingenio, la sagacidad. Todo lo que tuvo nos lo dejó a sus hijos en alguna proporción. Me siento muy feliz cuando alguien que lo conoció encuentra en nosotros rasgos de su personalidad.

En estos momentos Carolina se encuentra inmersa en la tutoría de investigaciones de maestrantes y doctorantes. Su meta es seguir tomando de la mano a tantos aspirantes que van a ella con confianza en su saber.

El que me toquen a la puerta y piensen que todavía puedo servir de algo, ese es el aliciente mayor.

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