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Energía nuclear en bien de la salud
Autor :Dr. Luis Pérez Tamayo / Fotografías de: - Publicado: 13/02/2013 09:11:31 AM| 0 Opiniones

 Como muchos conocen, la tecnología nuclear es protagonista de diversas aplicaciones útiles a la sociedad, tales como la medicina, la energética, diversas aplicaciones a la industria e incluso a la agricultura y otras.

Nos atrevemos a afirmar que es precisamente en la medicina donde las llamadas técnicas nucleares han experimentado su desarrollo más espectacular, lo que posiblemente obedezca al hecho de que todos (ricos y pobres, intelectuales o no instruidos) priorizamos los problemas de salud por encima de cualquier otra necesidad social.

Actualmente todo lo relacionado con la aplicación de dichas técnicas se encuentra sujeto a regulaciones muy exigentes que tienden a desalentar a los gestores económicos, pero cuando se trata de la salud aparece siempre una motivación extra que impulsa al hombre a sortear barreras y prejuicios de todo tipo.

En nuestro hospital “Vladimir I, Lenin” existe un departamento especializado en el tratamiento del cáncer por radiaciones nucleares y en la aplicación de lo que se conoce como Medicina Nuclear.

Hoy recordamos que hasta no hace mucho tiempo, un diagnóstico de tumor maligno equivalía casi a una sentencia de muerte. Sin embargo, tal percepción ha ido cambiando y ya no es raro encontrarse con un amigo saludable que pasó por ese mal momento y logró recuperarse exitosamente. Conozco personalmente unos siete de estos casos, en los que, sin excepción, parte del tratamiento consistió en la irradiación nuclear de la parte afectada.

Este tipo de tratamiento se conoce como radioterapia (la palabra “radiación” proviene de “rayo”).

Ella consiste en la irradiación de los tejidos enfermos con radiaciones nucleares, aprovechando la circunstancia de que las células cancerígenas, debido al hecho que constituyen tejidos en crecimiento, son mucho más sensibles a este tipo de radiación que las células normales o sanas.
 
La radiación gamma, que es la que se emplea en nuestro hospital, es una radiación de tipo electromagnético, como la luz o los rayos X, pero mucho más penetrantes, lo que permite irradiar las artes más profundas del cuerpo modelada por una colimación o manipulación precisa de los rayos, de modo tal que incidan precisamente sobre la zona afectada y ocupen el menor espacio posible al atravesar el cuerpo. Para ello cuenta con una fuente del isótopo radioactivo cobalto-60, consistente el una esferita sólida que emite unos 50 millones de millones de fotones de una energía determinada por segundo en todas direcciones.

Si la energía total de todos esos fotones pudiera acumularse convenientemente, equivaldría a una potencia de 15 a 20 watts, suficiente para mantener permanentemente encendido un tubo fluorescente normal.

Por razones de protección y seguridad, tan poderosa fuente permanece protegida dentro de un blindaje de plomo muy grueso que sólo permite una fuga de radiaciones despreciablemente pequeña. Además, el blindaje es atravesado por un canal de diámetro muy pequeño a través del cual pasa un haz estrecho de los rayos gamma que se emplean en el tratamiento.

Una vez que los facultativos han determinado el tipo de tumor, su ubicación exacta y la dosis radiacional a aplicar, un grupo de “médicos físicos”, todos especialistas en dicha disciplina científica, se encarga de calcular el punto de incidencia del haz, el tiempo de irradiación en cada sesión y el tiempo total de tratamiento, todo con la ayuda de softwares computacionales especializados.

Generalmente este método constituye un complemento de otras técnicas como la cirugía y la quimioterapia, en lo que ha demostrado un poder terapéutico inestimable.

No hace mucho, un amigo acompañó a su mamá a someterse a una sesión de tratamiento de irradiación de su tiroides con yodo radioactivo.  En lugar de una fuente de irradiación externa como la descrita más arriba, se le aplicó el método de irradiación interna, que consiste en la inyección de un compuesto químico a base de yodo-131, de modo que esa sustancia se acumule en la tiroides por una propiedad química de dicho radioisótopo.

El efecto es el mismo que en del primer caso resultando que hoy en Cuba ya son corrientes los tratamientos de este tipo.

En cualquier accidente nuclear se vigila mucho la cantidad de yodo-131 liberado, debido a que su abundancia en el el medio hace que suban sus concentraciones en tiroides, especialmente en los niños, en los que dicha glándula es mucho más pequeña que en los mayores y acumula entonces mucha mayor densidad radiacional por área.

Sólo  nos hemos referido a dos técnicas terapéuticas que emplean las radiaciones nucleares con fines curativos, pero ellas son muchas y muy interesantes, lo que  confirma el hecho  de que  la ciencia, a pesar de todo, sigue un curso positivo, que eclipsa  la negatividad del  uso indiscriminado que no pocas veces se le da.ocial.

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