Inicio
Canal Multimedia
Libro de Visitas
Archivo
Usuarios
Mapa del sitio
 
versión español version ingles
El retorno de la Súper Abuela
Autor :Liudmila Peña y Abdiel Bermúdez / Fotografías de: - Publicado: 12/10/2011 09:27:22 AM| 0 Opiniones

A lo lejos, el cortejo fúnebre es una mancha negra que poco a poco se pierde entre el silencio de las losas y el murmullo triste de las hojas secas cayendo en llovizna sobre el cementerio. La mujer permanece inmóvil, con el cuerpecillo ovillado detrás de un ciprés, esperando… Y cuando ya no hay nadie alrededor, va a tenderse de bruces sobre la lápida.
Noche tras noche hace lo mismo, y hasta se queda a dormir en el camposanto, “para estar cerca de mis muertos”. Pero aquella vez no escuchó el graznido del pájaro agorero, ni el crujir de la yerba bajo las botas toscas de quien la espiaba. Solo sintió una mano grande y huesuda que la asía con fuerza por el hombro. “Norma, ven conmigo”, le exigió una voz conocida.  
“La saqué del cementerio y conversé mucho con ella –recuerda Fernando Martínez, psicólogo de la comunidad–. La soledad y la depresión la habían dañado demasiado, porque no tenía a nadie más en el mundo. La invité a ensayar algunas canciones para interpretarlas delante de un pequeño grupo de personas. Y cuando llegó el momento, abrimos las puertas y estaba Báguano entero recibiéndola con sus aplausos. Después de eso me dijo que le había vuelto a entrar el bichito de la cultura: ‘ahora sí no dejo de cantar’. Y el año pasado le dedicaron la Semana de la Cultura en el municipio”.

“Con el alma aferrada a un dulce recuerdo…”

La mariposa aletea como loco y tardío augurio de la visita. Hace rato que Norma nos ha abrazado entre nervios, insegura ahora de la entrevista que ya había concedido de antemano por teléfono.
Martín Arranz, uno de los “padres fundadores” del Teatro Lírico Rodrigo Prats, fue el primero en descubrirla, y en su programa radial Norma le contó una parte de la historia. “Ojalá hubiera venido Martín”, se queja, pero luego sonríe con la ingenua gracia de una niña que nació artista.

Cuenta sin descuido cronológico la historia de la chiquilla pobre que a mediados de los años ´20, tras la muerte del padre, vino desde Santiago con su madre y hermanos a probar fortuna en Holguín.
“Mi mamá nos dejaba encerrados con un candado porque le temía a la ciudad, pero yo brincaba por una ventana y salía a pedir limosnas. Cantaba en los hoteles Asturias y Telégrafo y me fingía ciega para recaudar fondos. Pero yo quería leer para aprenderme los cantos de Carlos Gardel, porque sentía una gran pasión por él: creo que fue mi primer amor”, dice y sonríe pícara bajo el cerezo del patio.
“Yo escuchaba a Gardel en la grafonola del barbero Gaspar Huerta, quien se parecía mucho a Miguel Faílde, el del danzón. Él me dejaba oír la música allí, aunque los muchachos de la calle le advirtieran que yo me disfrazaba de muchas personas (María Machete, Norma Bárbara, Pepa Ajo...) para repetir en la cola del comedor público de la ciudad”.   

¿Y nos cantaría algo de Gardel a nosotros? la provocamos. Entonces se levanta y entona el canto.

“…Sentir que es un soplo la vida sentir que es un soplo la vida…”
 “Me dijeron que soy soprano lírica, sin embargo, en estos días casi he perdido la voz, como Razzano, el amigo inseparable de Carlos Gardel. ¿Lo hice mal, verdad? Tengo una disfonía terrible y me da miedo, pánico, no poder cantar otra vez.
“Ah, pero en la Corte Suprema del Arte –dice olvidando la angustia– canté Estrellita de Ponce y Silencio en la noche. El mismo Gonzalo Roig me dijo que la competencia estaba ganada para mí; pero yo no tenía dinero para pagar aplausos, y los otros dos que luchaban por el premio eran de mejor posición económica. Él, apesadumbrado por eso, me dio un papel recomendándome para el Conservatorio Nacional. Allí me concedieron una beca, pero no pude estudiar porque ni ropa tenía y las clases eran en La Habana. Además, uno de mis hermanos enfermó y vine a atenderlo hasta que murió”.

“… Si tus ojos negros me quieren mirar”

Está encantada con la visita: “Fueron tan tristes las otras veces que habían prometido venir…” Pero Norma no sabe que el encanto es nuestro, al verla con ese mágico andar de aquí para allá, sin un achaque.
“Me siento como de 15. Tengo esta energía porque como poco, pero sano, pues he tomado cursos en la Culinaria de Báguano. Y tengo una profesora de yoga que es una maravilla; ya ni insomnio me da, fíjense que hasta dejé el nitrazepán.

“Lo que el ortopédico sí me prohibió fue montar a caballo, porque de tanta fuerza que hice con mis seis hermanos, mi madre y mi esposo, se me desvió la columna. Él dice que si me caigo, se puede fracturar mi cadera ¡y se acabó Norma!
“Ah, pero ¿quieren ver cómo me tiro de la antena?”, y no nos deja tiempo para la duda. Sube a la placa por la escalera del traspatio, se quita las chancletas, aguanta el tubo tembloroso que soporta la antena y ejecuta la acrobacia.

“Cuando la mata de cereza está parida, los muchachos esperan abajo a que yo se las coja y, en vez de bajar por la escalera, me deslizo por aquí para burlarme de ellos, porque soy muy jaranera”, y casi se muere de la risa cuando corremos a sujetarla porque ya ella sube al techo del mismo modo en que bajó, poniendo los pies en la pared de la casa.  
Son cosas súper locas las que ocurren en casa de esta Superabuela. Minutos después pasa por el barrio La Represa –donde vive– un muchacho a caballo, y allá va ella a tomar las riendas y montar, olvidando cuanto dijo antes.
Mas no son solo estas actividades, junto a saltar la suiza o hacer la “bicicleta” con las piernas hacia arriba ¡a los 87 años!… lo que ha hecho que todo el pueblo la conozca. Cuentan sus amigas que en la casa siempre hay un espacio listo para cualquier visitante, un platillo de dulce seguro como postre y un refugio incondicional para el arte.
Y Norma no esconde el secreto para tanta vitalidad: “No duermo mediodía nunca, porque la cama apoltrona. En este patiecito barro, recojo cerezas, zurzo, baño a mi perrito y trato de comer alimentos naturales. Esa es la vida que yo aconsejo a todas las personas de mi edad”.

- Norma, ¿y le gusta que le digan la Superabuela?

“Claro. Si en la calle me gritan: ‘¡mira, ahí va la Superabuela!’, y me detienen los muchachos, me besan, me abrazan, me regalan una flor, porque ya me bautizaron así”.


.
 

Déjenos su opinion sobre lo que acaba de leer. Le invitamos al debate con nuestra comunidad de lectores
Su nombre:
Email (opcional):
Titulo de su comentario :
 
Su Opinion:
Codigo de Verificación
 

 

Existen 0 Opiniones de otros lectores sobre el mismo tema

 

 

En esta misma seccion: ENTREVISTAS
 El dinero no lo es todo
 Me siento reina entre las abejas
 La Negra tiene contento a Juan Carlos
 Un proyecto cultural y recreativo que llegó para quedarse
 Mariana me salvó la vida
 Desde lejos Héctor produce música cubana
 Consultorio nuevo para doctora de estreno
 No he sido nunca un mentiroso
 Líder de corazón
 La vuelta al mundo… ¡en bicicleta!
 Se hizo al aire a los 18 años
 En Jagüeyes, David no desafía a Goliat
 Edgar, un halo de luz
 La alquimia siempre estuvo en sus manos
 Guardián de la memoria
 Entre las cuerdas y el azar
 El Almiquí: un fósil viviente cubano
 Ni deportista, ni electrónico, el Doctor Mayo
 El retorno de la Súper Abuela
 Cuando los “muñequitos” traen premios a casa
 Cambiar concepciones y prejuicios: la clave del éxito
 Batista Arafé lleva su dignidad como escudo
 Vilma Pérez y el aniversario 90 de la Radio Cubana
 Vianki González, bailando 20 x 20
 Causas y azares de un soñador
 Entre oídos, narices y gargantas con una china
 Las voces de Etcétera
 El ángel de las formas
 Solidaridad: palabra mayor para los cubanos
 Un mago y su magia en Holguín
 Humor en Clave de Dos
 Camino al derecho
 Rolando se prepara y triunfa ante la sequía
 Julio, un campesino feliz
 Enseñar: el aliciente mayor
 Un periodista entre demonios y antídotos
 Contar desde allá con la voz de Cuba
 Mujeres contra la violencia
 Olga Portuondo: Una mujer de historia
 Campesinos en pos de fortalecer escenario productivo
 Emerio y la ecuación del éxito
 Cuba y la juventud del futuro
 De artesana a reina en Canadá
 El escenario de Lidis Lamorú
 Inicio | HOLGUIN | CUBA | PRIMER PLANO | EDUCACION | DEPORTES | CIENCIA COTIDIANA | SALUD | CULTURA | CIENCIA-TECNICA | COMENTANDO | FOTORREPORTAJE | HISTORIA | TRADICIONES | ENTREVISTAS |  Canal RSSContactos

editor@telecristal.icrt.cu - telf: 423610. /  Tirso Mastrapa Ardite, editor jefe - tirso@telecristal.icrt.cu


Última Actualización: 19/01/2018 12:24:02 PM GMT-05:00
Diseño y Programación: VirtuArte