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El ángel de las formas
Autor :Liudmila Peña Herrera / Fotografías de: Javier Mola - Publicado: 18/12/2014 11:03:27 AM| 0 Opiniones

 No lleva la cuenta de sus obras, las cuales ha ido dejando por la Isla como huella imperecedera de su paso. Tal vez porque las mujeres inquietas necesiten saberse ubicuas, y nada mejor que el resultado de sus manos para perpetuar los recuerdos.

A Caridad Ramos Mosquera, escultora nacida en Las Tunas, formada en Santiago de Cuba y enamorada de Holguín, le nacen ensueños de mármol y acero, envueltos en la preocupación de la artista por representar la sensualidad y el deseo físico femenino.

La encontramos disimulada entre los participantes a la XX edición de la Fiesta de la Cultura Iberoamericana y no quisimos perder la oportunidad de conversar con una mujer que, a su paso por Holguín, no busca promociones ni acercamientos a la prensa. El diálogo fluyó como torrente y en él conocimos la verdad de una escultora que ha debido luchar contra la dureza de los materiales con que trabaja, a la par de intentar esculpir a su alrededor una nueva mentalidad en los hombres, alejada de la machista que descree de las potencialidades femeninas.

De niña, todo parecía indicar que sería pintora, porque se quedaba absorta delante de las ilustraciones de los libros y dibujaba con preciosismo. Pero a los 18 años, en la Escuela de Arte de Santiago de Cuba, ocurrió la metamorfosis:

"Empecé a trabajar con el barro y tocar el material me dio un placer diferente al de la pintura. Eso me ayudó a encontrar el ángel de la forma, la nobleza del barro. Y me decidí por la escultura".

Sin embargo, los obstáculos apenas comenzaban. "Los retos asociados a la escultura parecían imposibles de lograr por mis características físicas: era delgada y no me suponía capaz de cargar pesos y hacer lo que normalmente logran los hombres. Pero los enfrenté y aquí está la obra".

Al inicio hacía los proyectos y obras de pequeño formato. Mas llegó el momento de asumir trabajos monumentales: "Cuando empecé a tallar en mármol, igual estaba delgada y no tenía tanta fortaleza física, pero sí la seguridad de que la obra no es solamente resultado de la fuerza: hay que tener habilidad, dominio de la técnica, del uso de equipos y utensilios. Es encontrar la manera de hacerlo con las propias potencialidades y dirigir para que otros lo hagan. Las mujeres no somos las únicas que trabajamos con ayudantes. Desde los tiempos inmemoriales, los hombres también los emplearon. Miguel Ángel no hizo sus obras solo: las construían sus obreros o se las llevaban hasta una fase para que él les diera el acabado".

De esa forma, aquella muchacha encontró, en el propio inicio de su carrera, posturas e ideas que mostraban la subestimación de las capacidades de las féminas para este tipo de quehacer artístico. Ella se propuso enfrentarlas.

"La discriminación vive en la mente de los hombres y de algunas compañeras. A veces de manera sutil, otras de forma clara y expresa, aparecen choques de conceptos sobre lo que puede o no hacer una mujer. El machismo es una expresión magnificada de la mentalidad obtusa. Yo he sentido su presencia; pero he seguido adelante. Por eso expongo, a través de las obras, mis criterios sobre la vida de la mujer, propongo una reflexión porque coexistimos en este universo tan amplio".

No obstante, Caridad reconoce que, por la organización patriarcal de la sociedad y la persistencia de códigos machistas que favorecen el desarrollo de los hombres, a numerosas artistas se les complejiza su labor intelectual.

"El proceso creativo es más complejo para nosotras porque tenemos otras responsabilidades que, a veces, los hombres no comparten. Debemos ocuparnos de la casa y luego asumir la creación. La maternidad, que es un momento hermosísimo, también nos limita. Por ejemplo, la escultura que hice en el hotel Miraflores, de Moa, se terminó cuando yo estaba embarazada, casi a punto de parir. De hecho, resbalé en una de las lomas mientras trabajaba, y me caí, con la barriga grandísima. "Tienes una idea y no puedes dibujar porque se bota la leche o hay que atender a los niños. Cuando me incorporé a trabajar como profesora, llevaba a mi primera hija a la escuela porque no tenía círculo, me la miraba la recepcionista mientras daba clases. Hubo ocasiones en que no sabía si tocaba los pañales o el trabajo de los alumnos. Embarraba el pañal de barro o las obras a los estudiantes. Pero hoy tengo una libertad de la que antes no disfrutaba, porque siempre estaba sujeta a otros esquemas de la mujer".

No obstante las limitaciones a las que debió enfrentarse, Caridad no ha renunciado a dejar sus obras por la Isla. Sin embargo, no siempre las personas y las instituciones se preocupan por su conservación.

"Las piezas que he dejado en la ciudad de Holguín han sido muy bien conservadas. El Monumento al Che ha tenido un cuidado muy especial y goza de un aspecto limpio y elegante. Claro, la gente descuida la parte del terreno porque atraviesan por allí y dejan la huella de las pisadas. "Pero en otros lugares han ocurrido acciones desagradables. Hace algunos años le cambiaron el color a una de mis obras de Moa. Y lo de Bariay sí fue negativo porque durante muchos años quedó sin cuidados y el daño de los ciclones fue multiplicado por los hombres, cuando las obras que se habían caído fueron desmanteladas. Se robaron los cables, las luces se perdieron y el grupo electrógeno se cambió de lugar. Por eso se perdió la música".

Ahora, ese sitio se encuentra remozado gracias a un amplio proceso de restauración dirigido por la propia escultora, quien asegura que debió dedicarle mayor energía debido a la acción destructiva del hombre. Y aunque no nos propusimos abundar en su significado, la artista no pudo abstenerse de remontarse al pasado y explicar: "La obra fue el resultado de un concurso, en 1990, para conmemorar el aniversario 500 de la llegada de Colón. Quisimos mostrar el hecho sin la presencia de ninguna figura específicamente. Está representada por símbolos: el triángulo rememora los elementos de la arquitectura europea, o sea, todo lo que vino con las expediciones del Almirante.

El triángulo irrumpe en un círculo formado por ídolos, o grandes cemíes aborígenes. Ellos los hacían desde tres hasta diez centímetros de altura; nosotros los concebimos desde tres hasta cinco metros de altura. Y se construyó en un momento muy complejo, en pleno Período Especial".
Aunque Caridad se considera una escultora santiaguera, pareciese como si guardase demasiado de Holguín como para que no se le nublen los ojos cuando le preguntamos qué significó para ella esta ciudad que la abrigó como hija: "Este es el lugar que acunó mis sueños de juventud. Aquí se desarrolló mi etapa de vivir intensamente, de adquirir una huella enorme que todavía me marca. Aquí tuve a mi hija mayor y las experiencias más importantes en mi vida profesional y personal. Fue mi punto de partida en mi evolución como artista".

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