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Ni deportista, ni electrónico, el Doctor Mayo
Autor :Lourdes Pichs Rodríguez / Fotografías de: Yusleydis Socorro - Publicado: 14/07/2015 09:00:13 AM| 0 Opiniones

 Es de esas personas que pasan a tu lado sin que apenas te percates. Ahora mismo es posible  vaya pedaleando su bicicleta de un extremo a otro de la ciudad camino de  la casa al  trabajo o viceversa y pocos se hayan percatado de quién es ese hombre de bata blanca con abultado maletín cruzado de un lado al otro del cuerpo.

Así ha sido siempre. Primero, durante sus años de estudiante y hace más de tres décadas en sus andares de médico. El doctor Roberto Cruz Mayo, o simplemente: Mayo, como muchos optan llamarlo, prefiere sea de esa manera. Vive la filosofía del hacer por encima del decir para multiplicar el tiempo en bien de los demás.

Graduado en Medicina en 1987 y tres años después de especialista en Urología, integra el Grupo de Trasplante de Holguín desde su creación con el cual ha participado en la casi totalidad de las intervenciones realizadas en la provincia, primero en el hospital provincial Vladimir Ilich Lenin y luego en el clínico quirúrgico Lucía Íñiguez Landín.

El actual jefe de ese equipo ama los retos y los enfrenta con pasión, aunque paradójicamente no se considere muy emprendedor ni gusten  los cambios, por  eso no se imagina lejos de su hogar, de la familia de la cual surgió 52 años atrás en Buenaventura y de la formada por él hace más de 15 en la ciudad de Holguín.

Quizá  piense de esa manera, porque después de vencer la enseñanza primaria en una escuelita de barrio siempre estuvo de beca en beca separado de los padres y los dos hermanos mayores hasta echar raíces en el reparto Zayas, donde comparte alegría y tristezas  junto a su esposa y la hija más pequeña. El mayor de sus hijos enrumbó más lejos, vive en La Habana.

 “Pasé por casi todos los  centros del Plan San Andrés. Hasta en la Uno, que funcionaba como una preparatoria para futuras matrícula de la Escuela de Iniciación Deportiva, Pedro Díaz Coello. Había llegado allí tras ser seleccionado para la práctica del Tenis de Mesa. Pero nunca vi ni una raqueta o pelota de ese deporte. Después fui a dar a Cabezo Uno hasta por fin terminar el duodécimo grado en la “Víctor Escalona”, conocida por la Siete”.

Doctor, entonces fue ahí donde decidió lo que sería y solicitó Medicina…

“Esa no fue mi primera opción. Yo quería ser ingeniero electrónico y opté por esa carrera en primer lugar, pero  tenía 97 o 98 de promedio. El corte estuvo más alto. En la actualidad la electrónica es mi mayor entretenimiento, hago algunos inventicos, que son mi cable a tierra y permiten liberar tensiones después de pasarme horas en el salón de operaciones luego de un trasplante, extracción de órganos u otras intervenciones urológicas. “Medicina sí era la segunda en la lista, de lo cual no me arrepiento ni me arrepentiré nunca, como tampoco de haber sido alumno ayudante de Urología desde  el  primer año en la Facultad de Medicina Mariana Grajales Coello. Y esa  predilección hacia la especialidad tuvo que ver conmigo. A los nueve años me operaron de un riñón, sufría dolores  por  litiasis, por eso desde  muy niño visité la consulta de Urología   y aquellos que una vez fueron mis médicos, después serían mis profesores, como Sagué, Mulet, Carreras… más tarde serían  colegas. En 1987 me gradué y en el 90 terminé la especialidad por vía directa”.

¿Cómo llega al Grupo provincial de Trasplante?

“Estaba en Banes terminando el servicio social y había ganado una plaza de urólogo  para el “Lenin” en el concurso de oposición. Así  entro en el Grupo provincial de Trasplantología. El 7 de abril de 1996 hicimos el primero de riñón, como parte de un equipo multidisciplinario integrado, entre otros, por los profesores  José Lorenzo Díaz (cirujano) y  Luis Ríos Abreu (nefrólogo). Hubo días de hacer hasta tres  injertos, toda una locura, pero ahí está la gran mayoría de los pacientes. Desde  entonces siempre he sido el único urólogo del colectivo, primero en funciones de ayudante,  cirujano después y hace alrededor de dos  años como jefe, al salir Lorenzo de misión hacia Ecuador.
 “En 1999 nos trasladamos para el Clínico, donde hemos logrado consolidar el trabajo. Ya suman más de 615 los trasplantes, de ellos seis con donante vivo. El primero lo hicimos de madre a hija en el 2013 y en este caso ocurrió algo muy curioso, lo practicamos  horas antes del Día de las Madres de ese año.  Ellas están muy bien, ambas reintegradas a la sociedad al igual que los otros.

¿En qué momentos está el Grupo?

“Este Servicio con carácter territorial-cubre  también a Las Tunas y Granma- ha sido el de más trasplantes ejecutados por varios años en el país y con mayor  supervivencia del paciente y el órgano, con cifras similares al de naciones desarrolladas.
“Seguimos con excelentes resultados. Por ejemplo, con nuestra cooperación Santiago de Cuba inició los injertos con donante vivo, línea que no habían comenzado, a pesar de llevar más tiempo que Holguín en la actividad de la Trasplantología. Hicimos el primero y después dos o tres veces más fuimos, pero ya como asesores. Posteriormente, el equipo de allá vino en algunas ocasiones para ayudarnos, porque hemos tenido algunas bajas. Colegas andan  de misión,  otros de contrato de trabajo o han abandonado el país.
“Ahora mismo  uno de los cirujanos generales  anda de visita por  Brasil. Preparamos ahora otro que es muy bueno. Con este podemos seguir, porque yo hago la parte de la extracción,  que es la más difícil y compleja, mientras que él  prepara al receptor y cuando  termino con el donante,  voy para el receptor. Solo necesitamos un poquito de mayor cooperación de  los  cirujanos generales. No vamos a parar. Ese es nuestro compromiso”.


¿Cómo es un día normal para usted?

“De mucho, mucho trabajo. Nunca  he dejado la Urología para dedicarme solo a la actividad de  trasplante, que es una responsabilidad más, un extra a todo lo que nos toca cumplir. Tengo mis consultas normales y un turno quirúrgico de Urología general. Opero riñones, próstatas, vejigas, de todo, que por lo regular tiene una programación, pero hay muchos imprevistos. Llegan  urgencias o la extracción de órganos y por consiguiente el trasplante de donante cadavérico de último momento, ahí sí sabemos cuando comenzamos, pero nunca la hora de terminar.

¿Alguna vez has sentido temor en el quirófano?

Muy pocas veces. El momento de abrir la piel con el bisturí, disecar un tejido, esas acciones son muy habituales. Puede ocurrir algún incidente cuando comienzas a trabajar en estructuras importantes y llevarte un buen susto, pero se resuelven los problemas.  Particularmente yo, no temo pedir ayuda  si sucede alguna complicación en el acto quirúrgico, porque como cirujano principal si hay un desenlace fatal es una complicación mía.

¿Dificultades?

“Esta es una especialidad  de muchos detalles. Hay que asumirla contra viento y marea. En este año hemos tenido un déficit importante de materiales, como  sondas, catéteres para el abordaje venoso profundo, los catéteres para la anestesia epidural. Ese recurso es esencial, pues  el 90 por ciento de los trasplantes los ejecutamos de esa manera, somos los únicos  en  Cuba con la práctica de esta modalidad, que  reporta más  beneficios al paciente. En todos los países se emplea la general.

Doctor Mayo, más de 30 años dedicados a la Medicina. ¿Cuáles han sido sus mayores satisfacciones?

“Haber contribuido a devolverle la alegría a ciento de familias.  Imagínese  una persona sometida a tratamiento hemodiálisis, que no orina hace uno, dos y más años, que le injerte un riñón y salga del salón con esa función en el órgano trasplantado.  Son muchos los ojos puestos en la bolsa donde cae gota a gota el orine… Gratifica  ver  esos pacientes  como recuperan la función renal, reincorporan a la sociedad nuevamente, rejuvenecen,  recobran el color normal de la piel… Cuando van  a  consulta o te ven en la calle saludan y glorifican como si fueras un Dios y afirman con agradecimiento: ´´ éste médico  me salvó la vida¨”.

Como cualquier ser humano Mayo tiene aspiraciones, unas por cumplir otras, que aunque quisiera nunca podrá lograrlas. Él lo sabe; sin embargo, no se desanima, por el contrario hace planes y una suave sonrisa ilumina su rostro, porque lo de él es “seguir trabajando y ayudar a quienes lo necesiten”.


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